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ENVEJECIMIENTO Y DESPOBLACIÓN

Tres voces del monte gallego alertan sobre el futuro de un sector millonario: «No habrá suficiente relevo generacional»

El envejecimiento, la despoblación y el minifundismo dificultan que una nueva generación asuma la gestión de los montes gallegos

La falta de trabajadores, la baja rentabilidad y el aumento del riesgo de incendios agravan un problema que ya afecta a propietarios y empresas forestales

Tres voces del monte gallego alertan sobre el futuro de un sector millonario: «No habrá suficiente relevo generacional»

Tres voces del monte gallego alertan sobre el futuro de un sector millonario: «No habrá suficiente relevo generacional» / Sergio Romero

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Pablo Vázquez

Santiago

Una parte importante de la gestión del monte gallego está hoy en manos de una generación envejecida. Los datos del IGE (Instituto Galego de Estatística) de 2023 reflejan esta realidad. Las 28.122 personas físicas residentes en Galicia que solicitaron aprovechamientos forestales tenían una edad media de 64,4 años y casi la mitad percibía una pensión contributiva de la Seguridad Social, con una edad media de 74,2 años. Aunque estos datos no abarcan a todos los propietarios forestales, sí apuntan a un problema de fondo: ¿quién cogerá el relevo de quienes hoy gestionan buena parte del monte gallego?

La preocupación va más allá de las estadísticas. El envejecimiento, la pérdida de población y la falta de relevo generacional son problemas que el propio sector identifica en la gestión de propiedades y comunidades de montes. Antonio Rigueiro, presidente de la Asociación Forestal de Galicia, describe la situación como "complicada" y la vincula con el abandono progresivo de explotaciones agroforestales.

Antonio Rigueiro Rodríguez, presidente de la Asociación Forestal de Galicia

Antonio Rigueiro Rodríguez, presidente de la Asociación Forestal de Galicia / AFG

La cuestión es especialmente visible en las comarcas afectadas por la pérdida de población, como el interior de Lugo y buena parte de Ourense. "Hay comunidades que tienen dificultades incluso para constituir su junta rectora porque no hay personas suficientes o porque los vecinos no quieren implicarse en la gestión", señala.

El presidente de la Asociación Forestal pone como ejemplo el caso del monte vecinal de Teixeira, en Os Ancares, que estuvo a punto de quedarse sin comuneros hasta que regresó un vecino emigrado que terminó convirtiéndose en el único integrante de la comunidad.

¿Dónde está el relevo?

Los datos de matrícula de los centros de formación agraria de la Xunta introducen una aparente contradicción. Para el curso 2026-2027 hubo 659 solicitantes para las 428 plazas de nuevo ingreso ofertadas por los Centros de Formación e Experimentación Agraria, después de que la Administración aumentara un 5% la oferta. Aunque no todos quieran trabajar en el sector forestal, el dato muestra un interés por la formación vinculada al rural, incluida la gestión forestal y del medio natural.

Sin embargo, formarse para trabajar en el sector no implica necesariamente asumir la gestión de un monte. Para Rigueiro, la formación no garantiza por sí sola el relevo. Muchos titulados terminan trabajando en la Administración o en empresas forestales. Una cosa es trabajar en el sector forestal y otra asumir la gestión de una propiedad familiar o de un monte propio, que en muchos casos queda relegada a un segundo plano.

El problema también está sobre el terreno

La dificultad de encontrar relevo alcanza también a quienes trabajan físicamente en el sector. Elier Ojea, presidente de la Federación Empresarial de Aserraderos y Rematantes de Madera de Galicia (Fearmaga), asegura que muchas empresas asociadas tienen dificultades para cubrir determinados puestos, hasta el punto de recurrir a procesos de selección fuera de España.

Elier Ojea, presidente de la Fearmaga.

Elier Ojea, presidente de la Fearmaga. / Ricardo Rubio

"Hemos tenido que realizar hasta tres incursiones en Perú para buscar y traer personas que puedan trabajar en nuestras empresas", explica Ojea.

La escasez no afecta por igual a todos los perfiles. Según Ojea, Galicia cuenta con profesionales preparados para manejar maquinaria forestal, pero faltan especialmente trabajadores para los puestos más básicos, como los peones necesarios para completar las tareas de gestión y aprovechamiento. "La escasez es absoluta", sostiene.

Cuando el minifundismo deja de hacer rentable el monte

El análisis de la situación deriva en otro problema. Según las fuentes consultadas, no solo hay que conseguir atraer a los jóvenes, sino también buscar una solución al minifundismo que reina en Galicia.

La fragmentación de la propiedad dificulta y encarece la gestión forestal. Una finca dividida en múltiples parcelas pequeñas hace más costosas la mecanización, los tratamientos, la limpieza y otros trabajos. Así, el relevo generacional deja de ser solo una cuestión demográfica para convertirse también en un problema económico.

Con las tarifas actuales de las empresas y los precios de la madera es probable que el propietario descubra que ha gastado más de lo que va a recibir por la madera

Antonio Rigueiro

— Presidente de la AFG

Rigueiro lo resume con un caso hipotético: "Una plantación de pinos de cinco hectáreas dividida en quince parcelas. Con los costes actuales de gestión y los precios de la madera, es probable que, al final del turno de corta, el propietario descubra que ha gastado más de lo que va a recibir por la madera".

El presidente de Fearmaga coincide en que el minifundismo dificulta la gestión, especialmente cuando las parcelas son demasiado pequeñas para mecanizar los trabajos. En esos casos, el terreno puede acabar abandonado o con escaso aprovechamiento.

Un sector demasiado grande para quedarse sin relevo

La pregunta sobre quién tomará el relevo adquiere una dimensión mayor en Galicia por el peso que tiene el sector. La actividad forestal y maderera supera en el territorio gallego las 3.300 empresas, representa un 1,7 % del PIB gallego y mantiene presencia en el 95% de los municipios de la comunidad.

En cuanto a su facturación, se acercó a los 2.500 millones de euros en 2025. Galicia aprovechó, además, casi 11 millones de metros cúbicos de madera, más de la mitad de toda la madera aprovechada en España, según el Informe de la Cadena Forestal-Madera de Galicia 2025.

No se trata, por tanto, de un problema limitado a los propietarios de parcelas. El futuro de la gestión del monte afecta a una cadena económica con una inmensa implantación territorial.

Heredar el monte no basta

El problema no es únicamente quién heredará las parcelas, sino quién tendrá capacidad para gestionarlas. Cada vez más propietarios necesitan recurrir a técnicos y empresas especializadas para mantener sus terrenos. "Desde hace años viene aumentando la necesidad de que los propietarios recurran a técnicos y empresas forestales", explica Rigueiro.

Esta externalización permite mantener la gestión cuando el propietario no puede asumirla directamente, pero también incrementa los costes. En un monte muy fragmentado, la gestión puede dejar de resultar rentable. Así, no basta con que alguien herede el monte si después no puede asumir los costes de gestionarlo.

Hay una cuestión muy sencilla, cuando algo se valora, se cuida

Elier Ojea

— Presidente de la Fearmaga

Rigueiro no se muestra optimista sobre la capacidad del sector para sustituir a corto plazo a la generación actual. "Yo soy pesimista. Creo que no habrá suficiente relevo generacional", afirma. A su juicio, la solución pasa por conseguir que el monte sea rentable y superar un minifundismo que dificulta alcanzar superficies técnica y económicamente viables.

Elier Ojea añade otra vía, agrupar terrenos y buscar fórmulas que permitan una explotación conjunta. "Hay una cuestión muy sencilla, cuando algo se valora, se cuida", resume.

Cuando se pierde población, también se pierde gestión

Pero el problema del relevo generacional va más allá de la economía. Cuando desaparecen las personas que trabajan el territorio, también puede disminuir la actividad que lo mantiene gestionado, con consecuencias que llegan hasta la prevención de los incendios.

Juan Picos, profesor e investigador especializado en gestión forestal e incendios en la Universidad de Vigo, ha estudiado esta relación. En un nuevo estudio del Eixo Atlántico, en el que participó, se analizaron más de 4.400 entidades locales de España, Portugal y Francia que habían sufrido incendios durante la última década. El trabajo encontró una relación entre el envejecimiento, la pérdida de población y una mayor incidencia de incendios.

Juan Picos, investigador y profesor de la UVigo

Juan Picos, investigador y profesor de la UVigo / FdV

Esto no significa que el envejecimiento provoque incendios. Según Picos, cuando una población envejece y disminuye hay menos actividad agrícola, ganadera y forestal y, por tanto, menos territorio gestionado. La pérdida de población puede favorecer una mayor acumulación de vegetación y, en condiciones meteorológicas desfavorables, aumentar el riesgo de que un incendio alcance una mayor dimensión.

El propio investigador reconoce que esta relación no se cumple siempre. Hay zonas que han aumentado su población y, aun así, han sufrido grandes incendios, como ocurrió en 2017 en el entorno de Vigo, Braga o Coimbra. Por eso, para Picos, la cuestión no es únicamente cuántas personas viven en un territorio, sino cuánto territorio se mantiene gestionado.

El futuro del monte se enfrenta a un desafío mucho mayor

El relevo generacional y el minifundismo no son las únicas amenazas para el monte gallego, sino parte de un problema más amplio. Rigueiro señala otros factores que condicionan su futuro, como los problemas sanitarios y unos incendios cada vez más peligrosos, en un contexto de cambio climático.

Ojea pone el foco en los problemas sanitarios y sitúa el horizonte de preocupación en los próximos diez años. "Si no se encuentran soluciones, algunas empresas podrían encontrarse con dificultades para garantizar el suministro de madera necesario para mantener sus inversiones".

La cuestión, por tanto, no es solo cuánta madera puede producir Galicia, sino quién estará dentro de unas décadas para decidir qué hacer con ese territorio. El reto no es únicamente encontrar nuevas manos, sino conseguir que tengan un monte viable, rentable y gestionable al que incorporarse.

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