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¿Está Galicia preparada para los grandes incendios? Expertos alertan de los riesgos cuando el fuego llega a las casas

La dispersión de las viviendas, la planificación del territorio y la preparación de la población se convierten en factores clave cuando un incendio forestal amenaza los núcleos habitados

Los expertos reclaman anticiparse al fuego con una mejor gestión del territorio y medidas específicas para proteger las viviendas y facilitar la evacuación 

Félix Pérez de la Fuente, Luciano González Alfaya y Juan Picos Martín analizan la situación de Galicia respecto a los incendios.

Félix Pérez de la Fuente, Luciano González Alfaya y Juan Picos Martín analizan la situación de Galicia respecto a los incendios. / ECG

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Pablo Vázquez

Santiago

Un incendio forestal puede dejar de ser un problema del monte en cuestión de horas. Cuando las llamas, el calor o las pavesas alcanzan viviendas y núcleos habitados, la prioridad cambia. Proteger a la población pasa a estar por delante de la defensa del propio territorio.

Galicia cuenta con un amplio dispositivo de prevención y extinción de incendios forestales, pero expertos y profesionales advierten de que el verdadero desafío comienza cuando el fuego amenaza las casas. La planificación urbanística, la gestión del territorio y la preparación de la población aparecen como algunos de los principales retos de una comunidad marcada por un modelo de asentamiento disperso y por el abandono de buena parte del territorio rural.

Sobre el papel, Galicia dispone de planes, normativa, medios de extinción y protocolos de emergencia. El Plan de Prevención y Defensa contra los Incendios Forestales de Galicia, el PLADIGA, establece cada año la organización y los procedimientos de actuación frente al fuego y coordina los recursos de las distintas administraciones. Pero hay una pregunta que va más allá de la capacidad para detectar y apagar un incendio: ¿Está Galicia preparada para proteger a la población cuando el fuego llega hasta las viviendas?

En Galicia las casas no están en el monte, sino que el monte está en las casas

Félix Pérez de la Fuente

— Presidente Aprafoga

La interfaz urbano-forestal, el espacio en el que viviendas, núcleos habitados y vegetación conviven, se ha convertido en uno de los puntos críticos. "En Galicia las casas no están en el monte, sino que el monte está en las casas", resume Félix Pérez de la Fuente, presidente de la Asociación Profesional de los Axentes Forestais e Medioambientais de Galicia (Aprafoga).

Durante décadas, explica, el paisaje tradicional gallego se organizaba alrededor de los núcleos de población. Primero estaban las viviendas, después las zonas agrícolas y, finalmente, el monte. La desaparición de buena parte de esas áreas de cultivo y de actividad agroganadera ha favorecido que la vegetación avance hacia los pueblos y las viviendas.

Por eso, la cuestión ya no es solo cuántos medios tiene Galicia para apagar un incendio, sino hasta qué punto el territorio, las viviendas y la población están preparados para convivir con el riesgo.

El problema de las viviendas rodeadas por el monte

Galicia se caracteriza por una población muy dispersa, con miles de núcleos habitados, muchos de ellos afectados por el despoblamiento y el envejecimiento. Cuando el fuego entra en estos espacios, los medios de extinción tienen que modificar su estrategia y concentrar recursos en la protección de la población. "Dentro de los incendios forestales, lo primero que hay que salvaguardar son las vidas; después, los bienes; y después, el monte", explica Pérez de la Fuente.

Félix Pérez de la Fuente, presidente de Aprafoga.

Félix Pérez de la Fuente, presidente de Aprafoga. / ECG

La prioridad cambia cuando una vivienda o un núcleo están amenazados. Parte de los recursos debe dirigirse entonces a proteger a la población, lo que puede dificultar la actuación sobre el frente del incendio en otras zonas. Pérez de la Fuente considera necesaria una planificación a medio y largo plazo. Hay que identificar previamente los núcleos más vulnerables y establecer cómo debe actuarse en cada uno de ellos. Parte de ese trabajo debería estar hecho antes de que aparezcan las llamas.

La gestión del territorio empieza mucho antes de las llamas

Juan Picos, investigador y profesor de la Universidade de Vigo, señala que la pérdida de población y el envejecimiento están directamente relacionados con una menor gestión agrícola, ganadera y forestal del territorio. Su investigación en más de 4.400 localidades de Francia, España y Portugal muestra que estos factores incrementan la incidencia de incendios al favorecer un entorno cada vez más abandonado donde la vegetación avanza sin control. "Las personas que todavía están gestionando el territorio son nuestra última línea de defensa frente a los incendios forestales", sostiene Picos.

Juan Picos, investigador y profesor de la UVigo

Juan Picos, investigador y profesor de la UVigo / FdV

Por eso, subraya que reducir la vulnerabilidad no pasa únicamente por desbrozar, sino por mantener la actividad tradicional que protege los núcleos de población. Reclama además analizar cada aldea y vivienda para identificar riesgos, determinar qué casas son defendibles y establecer planes de emergencia antes de que las llamas obliguen a actuar sin tiempo de reacción.

Las llamas no siempre son lo más peligroso

La preparación también afecta a las propias viviendas. Picos considera que los propietarios tienen una responsabilidad en la autoprotección y advierte de riesgos como canalones con hojarasca, toldos, mobiliario de plástico o vegetación demasiado próxima a la casa.

Las pavesas suelen ser mucho más peligrosas para las viviendas que las propias llamas

Juan Picos

— Profesor e investigador de la UVigo

"Las pavesas suelen ser mucho más peligrosas para las viviendas que las propias llamas", explica Picos. Estas partículas incandescentes pueden desplazarse con el viento y entrar por ventanas, tejados o pequeños huecos, provocando nuevos focos de incendio.

Elementos como las contraventanas, determinadas persianas o el uso de materiales adecuados pueden reducir esa vulnerabilidad. También mantener limpia una canaleta puede marcar la diferencia.

El riesgo también depende de dónde se construye

El decano del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), Luciano Alfaya, pone el foco en otro aspecto. A su juicio, el problema principal no está tanto en cómo se construyen las viviendas como en dónde se construyen. "En lo que respecta a las edificaciones, el Código Técnico es garantista", sostiene.

Luciano Alfaya, na sede compostelá do COAG

Luciano Alfaya, na sede compostelá do COAG / Mateo Jáuregui

La normativa establece estándares de protección frente al fuego para nuevas construcciones y rehabilitaciones. La dificultad aparece en determinadas edificaciones levantadas durante décadas en lugares que, desde el punto de vista de la seguridad, deberían haberse evitado.

El modelo de asentamiento disperso añade dificultades en una emergencia. Alfaya recuerda el episodio de Vigo de 2017 como ejemplo de que los núcleos urbanos tampoco están al margen del riesgo y advierte de que las carreteras pueden no estar dimensionadas para una evacuación masiva.

Debemos confiar más en el urbanismo

Luciano González Alfaya

— Decano del COAG

Por eso considera que la prevención no puede recaer únicamente sobre los propietarios. "La única medida prioritaria y urgente es la planificación adecuada del territorio. Debemos confiar más en el urbanismo", defiende. Una vivienda puede reducir su vulnerabilidad mediante medidas de autoprotección, pero estas no sustituyen una adecuada planificación territorial ni la responsabilidad de las administraciones.

Más medios, pero también más preparación

Mientras el debate se desplaza hacia el territorio y las viviendas, la Xunta continúa reforzando el dispositivo de extinción. El PLADIGA 2026 establece la organización y los procedimientos para prevenir, detectar, extinguir e investigar los incendios forestales, además de coordinar los recursos de las distintas administraciones.

El refuerzo también alcanza las infraestructuras. La Xunta ha anunciado una inversión de más de cuatro millones de euros para ampliar y modernizar la base aérea de Antela, en Sandiás, Ourense, que está previsto que pueda operar con hasta seis aviones de lucha contra incendios simultáneamente.

Pero disponer de más medios no resuelve por sí solo el problema. Picos considera que la mejora del dispositivo debe ir acompañada de una población mejor preparada. "No basta con tener un dispositivo muy bueno. También necesitamos una población preparada", señala.

Esa preparación pasa por conocer las vías de evacuación, identificar lugares seguros y tener localizadas previamente a las personas que pueden necesitar ayuda. En los núcleos más envejecidos, esta cuestión adquiere especial importancia.

Pérez de la Fuente reclama protocolos específicos para cada núcleo de población. Estos deberían establecer las vías de escape, los lugares seguros, las personas vulnerables y quién asumiría la responsabilidad de coordinar una eventual evacuación.

"Hay que tener una lista de personas vulnerables. Tiene que estar reconocido el lugar seguro del pueblo donde se puedan refugiar en caso de confinamiento. Tienen que estar estudiadas las vías de escape y toda la población tiene que conocerlas", explica. Desde Aprafoga también señalan la necesidad de realizar simulacros y mejorar la coordinación entre las distintas administraciones y servicios de emergencia.

El siguiente desafío está en el territorio

Galicia ha aprendido de los grandes incendios de los últimos años y ha reforzado su capacidad de respuesta. Sin embargo, la velocidad con la que cambia el comportamiento del fuego y la transformación del territorio obligan a plantear una pregunta incómoda: ¿Estamos preparando Galicia para los incendios que tendremos mañana o seguimos respondiendo a los incendios que tuvimos ayer?

Todo apunta en una misma dirección. Galicia necesita prevención y medios de extinción, pero también una planificación territorial capaz de anticiparse al riesgo. Porque cuando las llamas llegan a una vivienda ya es demasiado tarde para decidir cómo debería haberse construido, qué debería haber a su alrededor o por dónde tendría que evacuar la población.

La verdadera preparación comienza mucho antes de que aparezca el humo. Pasa por gestionar el territorio, decidir dónde se construye, reducir la vulnerabilidad de las viviendas y preparar a la población para saber cómo actuar cuando llegue una emergencia.

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