El Correo Gallego

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sin compañía en el rural

"Teño medo a enfermar pola noite e non ter ningunha axuda"

Carmen es una octogenaria que vive en soledad en una pequeña aldea del municipio de Becerreá, en una situación que se repite con frecuencia en Galicia // Sus temores son la enfermedad y los atracadores

ÁNGEL ARNÁIZ • BECERREÁ   | 27.03.2007 
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Angar
Carmen, octogenaria que vive sola en una pequeña aldea de Becerreá, en el huerto de su casa
FOTO: Angar

Carmen es una viuda octogenaria que vive sola en un pequeño y humilde caserío de un perdido núcleo rural en el municipio lucense de Becerreá. Su situación, similar a la de miles de personas mayores en Galicia, ejemplifica lo que supone la existencia en soledad y el abandono social en el rural.

Carmen, al abordarla en el huerto de su casa, acompañada de su perro Moro, que no ladra y mira con cara de pocos amigos, se muestra desconfiada ante la presencia de una persona y remisa a contestar a las preguntas. Supongo que su mente se pone en lo peor y piensa en un timador o un atracador. A fuerza de insistir, pese a sus reticencias, aparecen las primeras respuestas.

Reconoce nuestra interlocutora que vivir sola desde que perdió a su marido no es fácil, "pero xa estou afeita", subraya. Agrega que "hoxe pasan moitas cousas polo mundo, hai que ter moito ollo e eu non sei si vostede é quen di". Como si temiese que la fuesen a asaltar, advierte "eu non teño nada, son pobre e non me dan axudas".

Al preguntarle de qué vive contesta que "do que cultivo na horta e dos animais que crío no meu corral e dunha pequena paga que teño", indica.

La desconfianza está siempre presente en la charla con Carmen. Sobre el miedo a vivir sola, reconoce que sus mayores temores y angustias son los ladrones y la enfermedad. "Teño medo a enfermar pola noite, que me pase algo e non ter axuda ningunha", dice.

Afirma desconocer lo que es la asistencia social municipal. "Eu non pedín nada e o Concello non me da nada". Interrogada sobre cómo pasa su tiempo, cuenta que entre la huerta, los animales, hacer la comida y ver algo la televisión se va pasando.

"¿Pero vostede para qué quere saber todas estas cousas? Mire váiase que xa non teño máis que dicir", manifiesta Carmen. Nos vamos y allí se queda ella. Sola, con la única compañía de su perro Moro mirando de reojo como nos alejamos.

MUERTE DE UNA MADRE Y SU HIJO EN LUGO

El problema del aislamiento

La delegada de la Vicepresidencia de la Xunta en Lugo, Branca Rodríguez Pazos, atribuyó ayer el fallecimiento de un minusválido en Lugo tras morir días antes su madre, que lo cuidaba, al "aislamiento" que experimenta la zona rural.

La octogenaria y su hijo de 56 años aparecieron muertos el viernes por la mañana en su casa del lugar de Birbigueira, en la parroquia lucense de San Xoán do Campo. La mujer murió debido a causas naturales y su hijo, que padecía una enfermedad degenerativa desde hace años, falleció al no recibir cuidados por inanición. Pazos reconoció que se trata de "un asunto lamentable" y manifestó que "son situaciones que se producen porque las condiciones de vida en el medio rural son muy difíciles, en aislamiento total" .

LAS CLAVES

Una existencia sin ninguna compañía

El problema de la soledad, de actualidad por la muerte el pasado viernes de una madre octogenaria y su hijo en Lugo, afecta en Galicia a cerca de 95.000 personas, de las que 71.000 son mujeres. La mayoría residen en el rural, en núcleos del interior de Lugo y Ourense.

Hecho lamentable que puede repetirse

Branca Rodríguez alertó ayer que "aún se pueden producir" más situaciones de este tipo" y "los servicios sociales poco pueden hacer en estos casos", en los que, como en Lugo, la madre decide hacerse cargo del cuidado de su hijo enfermo y no demandó ayuda alguna.

Sin consentimiento no se puede actuar

La delegada de Vicepresidencia en la provincia de Lugo puso de relieve que en el terreno de la asistencia social, "para cualquier actuación que se quiera hacer con personas capacitadas, tienen que ser ellas las que den el consentimiento para intervenir".

Un colectivo proclive a los accidentes

Los mayores son un colectivo proclive a los accidentes en el hogar. Los que viven solos y aislados no pueden dar la voz de alarma y ocurren hechos como el acaecido la pasada semana en el ayuntamiento de Lugo. No es el primero y no será último, como alerta Rodríguez Pazos .