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Se mantiene el consumo de antidepresivos pero cae el de ansiolíticos tras la pandemia

A partir de 2021 decreció de forma paulatina la prescripción de calmantes y somníferos pero continúa en torno al 5% anual el incremento del uso de fármacos contra depresión y ansiedad

Durante los últimos años numerosos estudios clínicos y epidemiológico señalan que la depresión es un trastorno muy frecuente y en progresivo aumento, a nivel global. En Galicia, durante los 2020 y 2021, coincidiendo con los años de pandemia, se produjo un incremento en la dispensación de las terapias utilizadas en el tratamiento de la ansiedad y de la depresión respeto al 2019.

Según la información disponible del Servicio Gallego de Salud , en el año 2020 respeto al año previo hubo un aumento de casi un 5 % de consumo de ansiolíticos y antidepresivos (los segundos son específicos para paliar ansiedad y depresión y los primeros disminuyen cierta sintomatología depresiva); sin embargo, a partir de 2021, decreció el consumo de ansiolíticos de forma paulatina, no siguiendo ese patrón el consumo de antidepresivos, que siguieron aumentando alrededor de un 5 % anual, y de forma constante a lo largo de toda la pandemia, correspondiendo esta situación a la evolución normal en el curso de los tratamientos contra la depresión.

Este incremento en el consumo del 5 % anual desde el 2019, es superior a la tendencia de crecimiento anual del 2-3 % en los anteriores a la pandemia (2013-2019). Es decir, según los datos, la pandemia supuso un incremento del 3 % aproximadamente en el consumo de estos medicamentos.

El Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (Cofc) presentó una nueva campaña de concienciación centrada en la salud mental de la población en el contexto pospandemia. El objetivo es poner el foco de atención ante una realidad sociosanitaria, que desde las farmacias también se percibe, y que tiene vinculación tanto con el consumo de determinados medicamentos como con determinados segmentos de población.

“La farmacia es el primer punto sanitario de contacto con el ciudadano y pudimos observar que durante la pandemia había mucha gente que se vio muy indefensa y le superó la situación”, asegura Margarita Muñoz de la Llave, vicepresidenta del Cofc, que regenta una farmacia en Carballo.

En concreto, en un encuesta a farmacéuticos, el 98 % considera que la salud mental ha empeorado tras la pandemia, lo que ha conllevado al aumento de la dispensación de ansiolíticos, antidepresivos, fitoterapia o complementos de la dieta. Por otra parte, el 87 % de farmacéuticos cree que hay paciente nuevos y otros que ven agravada su enfermedad.

“La gente es consciente y sabe que este tipo de medicación tiene que ser con receta. Primero acudía a su médico de cabecera o bien le contaba por consulta telefónica lo que le estaba pasando y después acudían a la farmacia con dispensación porque sino no se puede retirar el medicamento de la farmacia”, asegura Margarita Muñoz.

En cualquier caso los farmacéuticos, según relata Muñoz, intentaban escuchar a los ciudadanos “porque lo que necesitaba mucha gente era hablar y eso para ellos ya era una tranquilidad”. Además a su alcance tienen la fitoterapia que para muchos ya era suficiente por el simple hecho de tomar algo que les ayudase a relajarse y dormir mejor por las noches como una tila, pasiflora o melatonina que si pueden dispensar sin receta y según lo que les fuesen contando valoraban la opción de derivarlos al médico, que fue así en muchos casos.

A la hora de valorar si la persona debe consumir un ansiolítico o un antidepresivo se tendrá en cuenta la actitud del paciente. “Una cosa es estar nervioso e intranquilo y otra cosa es estar apagado o sin ganas de hacer nada. La clave es derivarlos al médico y que él facilite el diagnóstico”, explica.

Con la campaña lo que pretenden es normalizar la salud mental para que no sea un tema tabú y dejar de lado los estereotipos que existen. “Es muy importante el apoyo del entorno, esa actitud de escucharlos y prestarles atención. Las personas afectadas no saben lo que les pasa y en muchos casos necesitan ayuda”, expresa. Al respecto, la seguridad del farmacéutico también está a nivel farmacológico en ese seguimiento terapéutico porque muchas veces se detectaba que los pacientes no tomaban bien su medicación y no le daban importancia a tener que tomarla todos los días. “Tienen que salir de la farmacia sabiendo qué toman, para qué y la pauta. Además con esos tratamientos no se puede tomar alcohol y con algunos tampoco se puede conducir. Es fundamental que la ciudadanía esté informada”, manifiesta.

A mayores los pacientes tienen que tener claro que “cuando el facultativo le manda una medicación deben tomarla y si se da el caso de que encuentran efectos secundarios comunicárselo para evaluarlo”. En cualquier caso, la farmacéutica sostiene que es fundamental tomar bien el tratamiento y no abandonarlo sin antes hablar con el médico porque podría desencadenar en un empeoramiento de la enfermedad.

Sobre esa idea de que los ansiolíticos pueden resultar adictivos, Muñoz cree que no hay que obsesionarse con esa idea. “Siempre que estea controlado no tendría que haber preocupación. Lo preocupante sería si uno lo toma por su cuenta”, manifiesta.

Así considera que es importante el seguimiento farmacológico por parte del farmacéutico para comprobar que la persona no se salta las tomas y que además el médico/a cada seis o doce meses tenga control del paciente para comprobar que todo evoluciona bien y evaluar la continuidad o no del tratamiento, ya que en ocasiones es necesario tomarlo durante un periodo largo de tiempo.

La población mayor es donde percibieron más empeoramiento durante los dos últimos años, a consecuencia del aislamiento y “la imposibilidad en muchos casos de hablar con un familiar a través de un móvil o de una pantalla del ordenador”. También los jóvenes, a pesar de su manejo de la tecnología, han visto afectada gravemente su salud mental.

españa: donde más
se consumen
“La Atención Primaria está saturada y los servicios de salud mental, desbordados”

Santiago. Aunque todavía no conocemos con exactitud los efectos que ha tenido la pandemia sobre la salud mental de la población, la impresión que comparten muchos profesionales es que se ha incrementado la prevalencia de algunos trastornos mentales y dificultades emocionales, y que también se han agravado los cuadros de aquellas personas que ya presentaban algún tipo de problema con anterioridad a la aparición de la pandemia. Según detalla, el psicólogo Eduardo Martínez Lamosa, esto ha ocurrido sobre todo en cuadros de ansiedad de diversa naturaleza, trastornos emocionales como la depresión, conductas de autolesión, trastornos de alimentación, etc. “La población en la que los efectos se han visto con mayor claridad es en los jóvenes”, asegura.

Un patrón bastante habitual es el de mejoría escalonada: periodos de mejoría gradual combinados con otros momentos de bloqueo o incluso de cierto retroceso.

Los ansiolíticos, al igual que otros tratamientos farmacológicos, pueden ser un tratamiento necesario para aquellas personas que presenten problemas de elevada complejidad o descompensaciones graves. “Que se esté produciendo una sobremedicalización de ansiolíticos no es tanto el resultado de la falta de conocimiento por parte de los profesionales, sino de un problema estructural a gran escala: la Atención Primaria está saturada y los servicios especializados de salud mental se encuentran desbordados, por lo que la respuesta farmacológica se ofrece, en la mayoría de los casos, como una solución de compromiso ante una población que demanda cada vez más ayuda y unos profesionales que se encuentran con importantes limitaciones estructurales en su capacidad de respuesta”, explica.

Cualquier tratamiento mal manejado o mal planificado puede generar una reacción de dependencia física y/o psicológica, y esto también puede llegar a suceder con un tratamiento psicológico o una psicoterapia. “El uso de ansiolíticos o de cualquier otro fármaco debe ser pautado y supervisado por un profesional apto para evitar precisamente que se termine dando una dependencia a ellos”, dice.

Existen infinidad de terapias y técnicas dirigidas a obtener los mismos efectos que los ansiolíticos. Dependiendo del problema a trabajar, el profesional a cargo deberá elegir aquel método que más pueda ayudar al paciente.

Martínez Lamosa detalla que entre los procedimientos más habituales se encuentran las técnicas de relajación y respiración, la meditación, el mindfulness, etc.

“Realmente la población está enferma, los médicos no somos unos aprensivos”

A Coruña. Como representante de los psiquiatras gallegos y médico adjunto del servicio de psiquiatría del CHUS, José Ramón Silveira dice que su lucha diaria es contra el estigma de la enfermedad mental. “Es muy difícil reconocerse enfermo mental porque los pacientes están incapacitados para acatar los síntomas en gran parte de los casos”, sostiene. El gran estigma es contra el médico que trata estas enfermedades, el psiquiatra, “al que nadie quiere ir”.

Silveira considera que se ocultan cosas por miedo como es el suicidio, la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión, una serie de enfermedades que tratan los psiquiatras y se banaliza hacia lo que es un nerviosismo común del día a día.

Desmiente la idea de que los medicamentos psiquiátricos son malos. “Un psicoterapeuta hace días dijo que desde 1980 ha aumentado en un 500 % la prescripción de antidepresivos. Desde el criterio científico y médico es un engaño para la población ya que en ese año no existían ninguno de los medicamentos modernos que han revolucionado el tratamiento de las enfermedades”, opina.

Un médico tiene que valorar la enfermedad, dar un tratamiento y en ese proceso entran diferentes profesionales pero el diagnóstico inicial radica en el psiquiatra, el especialista.

Silveira añade el dato de que el fármaco más reciente para tratar enfermedades mentales es de 1952. Años más tarde, desde la década de los ochenta hasta la actualidad hubo una revolución absoluta de fármacos cada vez más efectivos lo que conlleva al aumento del consumo. Según datos de Silveira, más de la mitad de la población española en 2020 tuvo algún síntoma de ansiedad o depresión y actualmente un 20,5 % sufre depresión. ¿Entonces, el problema del aumento de consumo de ansiolíticos es culpa de los médicos porque somos unos aprensivos o es que realmente la población está enferma? Parece que los damos porque sí y no es así”, dice.

Estos medicamentos los pueden recetar los médicos de Atención Primaria. La lista de espera para el psiquiatra hace que cuando un paciente acude a consulta ya se encuentra mejor y eso puede provocar que un alto porcentaje mantenga el tratamiento sin una supervisión cercana. “A parte como en España el medicamento es gratuito, la gente lo sigue tomando si no hay esa revisión u otras opciones de intento de mejoría con otros tratamientos”, asegura.

Ahora, por la guerra de Ucrania, “estamos viendo recaídas de ansiedad en una parte importante de la población que ya la sufrió en la pandemia”.

01 may 2022 / 01:00
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