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RODEADOS. Tras el desalojo del campin de Oleiros, las charamuscas provocaron un incendio en el recinto y ardieron ocho tiendas de campaña // Cientos de clientes de establecimientos turísticos pasaron la noche en polideportivos TEXTO Suso Souto

Del temor al terror en cinco minutos: así fue el desalojo en el Barbanza

El voraz incendio forestal originado el jueves en Boiro se le arrimó peligrosamente y por sorpresa en la tarde del viernes a cientos de vecinos de A Pobra y Ribeira. También a los numerosos visitantes que se alojaban en los establecimientos turísticos de la comarca del Barbanza. Todos pasaron del humo al fuego y del temor al terror en sólo cinco minutos.

Los primeros en tener que desalojar fueron los 10 clientes y 3 responsables de la casa de turismo rural Entre Os Ríos y los 28 que estaban en las cabañas de Remanso do Manantial, en A Pobra, donde las brigadas lograron detener el fuego a cincuenta metros de sus puertas. Los primeros se instalaron en el polideportivo de A Tomada, donde el Concello habilitó quince camas. Estuvieron atendidos en todo momento con comida, bebida y hasta los medicamentos necesarios por Protección Civil y Cruz Roja. Los segundos encontraron plazas en un hotel de Boiro.

También los vecinos del lugar de San Paio fueron desalojados. En el núcleo de Vilas, los lugareños no las tenían todas consigo, aunque les tranquilizaba el hecho de que las llamas avanzasen con el viento en contra. Pero el frente más agresivo atravesaba la ladera de A Curota en dirección a Ribeira.

Allí, en la parroquia de Oleiros, en el mayor campin de Galicia, el Ría de Arosa 2, que ocupa una superficie arbolada de 107.000 m2, había esa tarde casi 800 personas. De ellas, 300 formaban parte de un campamento de iglesias evangélicas procedentes de varios puntos de España. Desde el lunes disfrutaban de numerosas actividades, incluyendo conciertos. Pero el humo empezó a ser cada vez más intenso en las inmediaciones del campin, ubicado justo a los pies del monte de A Curota.

“Eran aproximadamente las ocho y cuarto de la tarde. Yo estaba preparando los bocadillos para los chicos cuando, por magafonía, nos dijeron que estuviésemos tranquilos, que no había ningún peligro. Pero, a los cinco minutos, ya nos dijeron que cogiésemos lo imprescindible y que desalojásemos el campin”, relata Roberto Carlos Vilamartínez.

El Concello de Ribeira habilitó los polideportivos de Palmeira y A Fieiteira, en los que se instalaron 128 de los participantes en el campamento de las iglesias evangélicas (otras 15 se repartieron en viviendas de Ribeira). Aquellos clientes que residen en Galicia, optaron por marcharse.

Con el campin ya desalojado, el fuego cercó el complejo y llegó literalmente hasta sus puertas. Y, aunque las llamas no tocaron el recinto, las charamuscas que caían acabaron provocando un incendio en el que resultaron calcinadas ocho tiendas de campaña. Ya por la mañana, el panorama era desolador.

Manuel Domingo Rodríguez, el dueño del campin, cae en la cuenta de que fue también un 5 de agosto, en 2015, cuando otro incendio forestal puso el jaque este complejo.

También María, una vecina del lugar de Os Muíños, recuerda una catástrofe similar ocurrida en 2006.

“Esta zona é monte comunal e estaba repleta de toxos e xestas. Ó pé das casas. Nós avisamos á comunidade de montes de Oleiros para que limparan, pero non fixeron nin caso. Alomenos daría tempo a defenderse”, comenta. “Aquí víamos o lume lonxe. Pero, de repente, xa apareceu xusto fronte á nosa casa. Por pouco non conseguimos saír de aquí no coche”, señala su padre, Francisco Cánibe. Las viviendas de ese núcleo fueron desalojadas de inmediato. Tras pasar la noche en vela en el polideportivo, los vecinos regresaron a casa al amanecer... y respiraron algo más tranquilos. Lo peor había pasado... de largo. “Xa non queda moito máis que arder”, dice con sorna Ángela, la esposa de Francisco.

Otro que pasó la noche en vela fue el alcalde de Ribeira, Manuel Ruiz. “Fue inesperado y sorpresivo el rápido avance de las llamas a las ocho de la tarde del viernes. Fueron muchas horas de nerviosismo y de trabajo, sin visibilidad por el intenso humo y con dificultad para respirar. Fue necesario desalojar a una treintena de vecinos de los núcleos de Balseiro y Os Muíños. Algunos, con problemas respiratorios crónicos, pasaron la noche en el hospital comarcal del Barbanza por precaución”, dijo Ruiz.

“Hasta pasadas las tres de la madrugada fue una lucha constante para que el fuego no llegase al hospital, para lo que se hizo un cortafuegos”, añade.

Este sábado al mediodía los clientes del campin empezaron a regresar allí para recoger sus pertenencias. Pero se encontraron con un problema: la Policía Nacional no había autorizado aún la entrada a la instalación, por lo que tuvieron que esperar. La incertidumbre se apoderó también de los noventa invitados que tenían previsto celebrar el banquete de una boda en el restaurante del campin de Oleiros. Finalmente, pudieron hacerlo en el del campin Ría de Arosa de Cabío, que es de los mismos propietarios.

El permiso para la reapertura del alojamiento de Oleiros llegó a las cinco de la tarde. Y, con él, se retomaba una accidentada normalidad.

06 ago 2022 / 22:40
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