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GALICIA XXI // ACTORES DEL CAMBIO

Bello: “En la Torre de Hércules te das de narices con Roma”

Licenciado en Historia por la Universidade de Santiago; director del Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña

LUIS POUSA • SANTIAGO
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RAMÖN ESCUREDO
José María Bello Diéguez en su despacho del castillo de San Antón, sede del Museo Arqueológico
FOTO: RAMÖN ESCUREDO

José María Bello (A Coruña, 1952; casado: una hija; licenciado en Historia por la Universidade de Santiago; director del Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña y director de las investigaciones del castro de Elviña) fue el primero en excavar en el dolmen de Dombate y en la Torre de Hércules, pero lo que ahora le “come la vida” son las excavaciones del castro de Elviña. “Una obra muy grande. Ya estamos en 20.000 fragmentos inventariados, con ficha”, explica, para dar una idea de lo que se trae entre manos. Un parque arqueológico de 26 hectáreas.
_ ¿Qué es la arqueología?
_ La arqueología es lo que en estos momentos me da de comer y ocupa todo mi tiempo. La arqueología es un intento de conocer el pasado, y raramente hay documentos. Tienes que echar mano de los restos materiales, de las huellas, y con eso tratas de hacerte una idea de cómo fueron las sociedades pasadas, sean prehistóricas o de anteayer.
_ ¿Se hace buena arqueología?
_ En general, se hace bastante mala arqueología
_ ¿A qué nivel está la arqueología que se hace en Galicia?
_ Técnicamente, Galicia está floja, aunque ha ido mejorando. Hay bastante cuento. La arqueología es saber qué pasó en un sitio concreto, y la obsesión de mucha gente es querer extrapolar. Tú estás excavando aquí, y en ese pequeño espacio que estás excavando, como mucho llegarás a saber qué pasó ahí.
_ ¿No se debe inferir?
_ No debes, salvo que tengas elementos para inferir, que se ajusten a la teoría general muy bien. O que tengas excavaciones donde todo te da lo mismo y, por lo tanto, es una constante. En la arqueología hay dos partes: la excavación y la interpretación.
_ ¿Qué ha pasado en Galicia con las excavaciones?
_ Cuando excavas en un sitio, éste ya nunca más volverá a estar como estaba. Por tanto, hay que hacerlo muy bien y extraerle la mayor cantidad de jugo que puedas. En Galicia hay gente que lo hace muy bien, pero hay hábitos que no son buenos y todavía falta mucha arqueología práctica. Durante la época de Fraga, las excavaciones de investigación que se estaban haciendo se suprimieron, y quedaron las de la Xunta o las de las obras pagadas por las constructoras, lo que provoca una tensión enorme entre hacerlo con calidad o hacerlo aprisa para que se pueda construir la casa o la carretera. Obligadamente hay que buscar un equilibrio, pues tampoco puedes tener paralizada mucho tiempo una obra de una carretera o de un edificio.
_ ¿Y qué ha pasado con la parte interpretativa?
_ Ahora parece que va a menos, pero aquí hubo unas tendencias muy postmodernas, pobremente imaginativas, porque ya puestos a imaginar cosas se podrían haber imaginado como más bonitas. De arqueología a veces se habla muy poco, y hay que saber decir: no lo sé. La arqueología es el reino del no lo sé. ¿Qué significa ese dibujo? Pues no lo sé, y seguramente no lo sabremos nunca. Alonso del Real, que es quizá el mayor de los maestros que tuve, le decía a unas monjitas que estudiaban con nosotros y solían preguntarle cosas para las que no había respuesta: “Señorita: esto sólo lo sabe Dios, aunque lo más probable es que no lo sepa ni Dios”. Hay cosas que no quedaron escritas y se perdieron porque nadie nos lo puede contar, y no tenemos elementos para saberlas. Hay gente que le pide a la arqueología cosas como, ¿cuándo empieza la nación? Sólo le puedo decir que aquí había un señor que comía caldo en una pota de este estilo, y el fuego alcanzaba tal temperatura, pero no sé qué pensaba ese señor en ese momento, porque nos falta la filosofía, los textos y otras muchas cosas.
_ ¿Las nuevas tecnologías ayudan a investigar?
_ Ayudan un montón para algunas cosas. Dan respuestas muy concretas, pero ninguna tecnología te puede aclarar los orígenes del tal pueblo en la historia, porque no es cosa de la arqueología. Para nosotros, empezando por la cronología, la gran revolución fue la aparición del carbono catorce (C14). Nos dio solidez.
_ ¿La vida humana es más antigua de lo que se decía?
_ Siempre está yendo hacia atrás. De un millón y pico que se decía cuando estudiaba yo, se ha ido a los 4 y 5 millones de años del primer homo sapiens.
_ ¿Qué significa Atapuerca?
_ Una referencia importante. Soy amigo de los tres directores, con un trato personal que viene de muy largo. Es buena gente. Al poco de terminar de estudiar, Carbonell ya era un rompedor, tanto en la teoría como en la vida misma.
_ ¿Por qué a los ingleses no les gustaron los descubrimientos de Atapuerca?
_ Eso mismo se lo pregunté yo a Arsuaga sobre los franceses, y no me respondió. Supongo que son rivalidades de escuela. Un amigo mío dice: “Esos no son arqueólogos; son zoólogos”. Claro, aún no es el homo sapiens, son otras especies distintas.
_ ¿El concepto de museo ha cambiado?
_ Cambiaron los conceptos y se amplió el campo de lo que es un museo. Hace años asistí a una c0nferencia del director del Museo de la Ciencia de Gran Canaria, y presumía que ellos tenían 300.000 visitantes al año, mientras que el Museo de Bellas Artes sólo tenía 20.000. En el coloquio le comenté que la Torre de Hércules recibía muchísimos más visitantes al año. Se rió, y le dije, no, no se ría, la Unesco admite que los monumentos visitables tienen la misma categoría que los museos: la Torre de Hércules es tan museo como su museo de las Ciencias, y tenga por seguro que, además, tiene mucho más gancho; en verano se forman colas enormes y no puede acoger a más público porque no cabe. Hoy, al decir museo, tanto te puedes referir a un jardín histórico, como al monasterio de El Escorial, la Torre de Hércules, El Prado o el Museo Arqueológico de A Coruña.
_ ¿Cuál es el principal argumento para que la Torre de Hércules sea declarada Patrimonio de la Humanidad?
_ Lo aclaran muy bien los textos de la Unesco, que explican el procedimiento para declararla Patrimonio de la Humanidad. No se trata de algo que sea muy bonito o muy grande, sino de que sea único, y es el único faro romano que existe, no hay otro, y, además, está muy bien conservado. Lo que pasa es que está tapado por la fachada. Como ocurre con la Catedral de Santiago, que la fachada es barroca, pero ella es románica. Pues igual, a la Torre le pusieron una careta en el siglo XVIII, pero en cuanto entras en ella te das de narices con Roma.
_ ¿Qué supone para usted el castro de Elviña?
_ Todo lo bueno y todo lo malo, y pesan los dos. Es un asunto en el que me impliqué personalmente, como en su momento en la Torre o en Dombate. Me come la vida, y creo será así hasta que me jubile, salvo que casque antes. Es una obra muy grande. Ya estamos en 20.000 fragmentos inventariados, con ficha.
_ ¿Por qué sufrió tantas paralizaciones desde que en 1947 lo puso en marcha Monteagudo?
_ Empieza por un impulso personal de Monteagudo, con la ayuda de Parga Pondal, en 1947, sigue Luengo, que de alguna manera se lo usurpa a Monteagudo, hasta 1953. Se para todo. En 1979 el Instituto Padre Sarmiento consigue que Madrid le encargue un plan de excavaciones para toda Galicia. Se retoman los yacimientos que estaban paralizados, y los distribuyen por museos. De manera que lo del castro de Elviña lo llevó Felipe Senén desde 1979 hasta 1985. En aquella movida del Padre Sarmiento participan Raquel Casal, Fernando Acuña, Manolo Caamaño, Alonso del Real, que fueron profesores míos, Felipe Arias, Carro Otero y Carlos García Martínez, entre otros
_ ¿Por qué se para en 1953?
_ En 1953 se descubre el tesoro de Elviña, y tiene mucha repercusión en Madrid y Barcelona. Alfonso Molina, el alcalde mítico de la ciudad, dice que aquello debe ir en serio y en lugar de ir poco a poco, con subvenciones pequeñitas, hacer un plan general para expropiar Elviña. Luengo deja excavar, porque iban a venir tiempos maravillosos. Pues bien, ni siquiera se llegó a dibujar el plan de parcelas para la expropiación. El primer plano catastral se hizo en 1983, por mandato de Paco Vázquez. Una de las primeras órdenes que dio al tomar posesión de la alcaldía. Ese año se estuvo a punto de convencer al Ministerio de Cultura para que hiciese la expropiación, pero al producirse las transferencias a la Xunta, ya no es competencia suya. En 1985, se paralizaron las excavaciones de Elviña, porque no había un duro. En 1985, Raquel Casal, que es la directora general de Patrimonio de la Xunta, me llamó para que montase el servicio de arqueología, estuve hasta 1987, y creo recordar que el presupuesto era de 20 millones de pesetas para todo el año y toda Galicia, incluyendo conferencias y publicaciones.
_ ¿Cuándo vuelven a excavar en Elviña?
_ En cuanto se expropió, en julio de 2002. La expropiación la hizo el Ayuntamiento de A Coruña, que fue quien compró los terrenos, y lo que hay ahora es un amplio proyecto.
_ ¿El proyecto Artabria?
_ El nombre se lo puso José Luis Méndez Romeu. No se trata sólo de excavar el castro, sino de hacer por fases un amplio parque urbano, de unas 65 hectáreas. La primera fase, de unas 13 hectáreas, que es el castro y un poco alrededor, se terminó de expropiar en 2002. Ahora se está expropiando otro tanto hacia el norte, con lo que debe haber casi 26 hectáreas, el resto ya no afecta al terreno arqueológico. Está prevista la construcción de un museo, cuyo proyecto es obra de Manuel Gallego Jorreto. Y gracias al Ministerio de Cultura, dirigido por César Antonio Molina, la comisión interministerial ha metido a Elviña dentro de la financiación del 1% cultural, lo que nos reportará 600.000 euros al año, durante cuatro años.
_ ¿Qué pasa con el dolmen de Dombate?
_ La propuesta que hizo mi sucesor en Dombate, Manuel Lestón, un arqueólogo como la copa de un pino, es quitarle los colgajos y hasta que se haga la cubierta definitiva, ponerle al dolmen una carpa grande, amplia, de estas que se emplean en los espectáculos, y que pueda ser visitado por el público. Esa es la mejor idea, sé que están en ello y espero que vaya adelante.

EL PERFIL
“Un día decidí no ir más al teatro”

¿Suele ir al cine?
No, hace mucho que no voy al cine por falta de tiempo. Un amigo me contó que ahora existen sesiones matinales, y tengo que probar algún fin de semana. Sería una gozada poder volver a ver películas en el cine.
¿Con qué frecuencia va al teatro?
Dejé de ir hace muchos años. Fue una actitud voluntaria. A mí el teatro me gustaba mucho; teníamos un grupo de teatro, Aspasia, en el que estaban Gonzalo Uriarte y otros. Una vez terminada la carrera y cumplida la mili, se planteó la cuestión de profesionalizarse, y yo opté por dar clases en Vigo y, posteriormente, por profesionalizarme en arqueología.
¿Pero, por qué dejó de ir al teatro?
Porque cuando iba a ver una obra, me entraba aquella cosa de volver a hacer teatro. Yo no era mal actor. Entonces un día decidí no ir más al teatro. Fue algo así como dejar de fumar: o cortas de una vez o no hay escapatoria.
¿Ha dejado de fumar?
No, eso sí que no.
¿Y piensa cortar con el tabaco?
Sí, cuando vuelva al teatro.
¿Le gusta la pintura?
Me gusta lo que hace Federico Rodríguez Benítez, que ahora firma como Barranco. Es de A Coruña. Hizo la carrera de Historia del Arte en Barcelona y, al terminarla, se fue para Fez. Vivió en Marruecos quince años, pero hubo unos conflictos sociales graves y, al ser extranjero, su vida peligraba, por lo que se volvió para España. Ahora creo que está viviendo en la provincia de Cáceres. Es un pintor fuera de serie, al que conozco mucho.
¿La arquitectura es arte?
Puede serlo y puede no serlo. Depende de la técnica. También la pintura es arte; pero pintar con brocha gorda la caseta del perro a lo mejor no tiene mucho arte. Con la arquitectura puedes hacer edificios horribles o puedes hacer arquitectura funcional que tenga algo de arte o hacer arte. Por ejemplo, la arquitectura de Calatrava en la Ciudad de las Ciencias de Valencia ha creado formas espectaculares, más en el sentido del arte que pensando en la funcionalidad.
¿Cómo lleva lo de la conciliación de la vida familiar con el trabajo?
Tanto yo, como mi mujer y nuestra hija, tenemos ritmos de trabajo muy fuertes. En los últimos años, mi mujer se encarga de las tareas domésticas. Aunque cocinar casi cocinamos cada uno para sí durante la semana, porque todo depende del tiempo.
¿Cuáles son sus platos preferidos?
El lacón con grelos y los callos. Son dos platos universales.
¿Planchó su ropa alguna vez?
Hace muchísimos años, cuando lo de la mili, pero no volvías a planchar.
¿Cose?
Casi nada. Alguna vez tuve que arreglar unos pantalones, y cosas así.
¿Pone la lavadora?
Sí, eso es algo habitual. Esas cosas de máquina, como la lavadora, la secadora, el horno, yo no las considero tareas domésticas. También limpio mi despacho.