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Carlos Franco: “Los mecanismos de seguridad funcionan”

Responsable de Calidad Alimentaria del Lhica

ÁNGEL ARNÁIZ LUGO   | 27.02.2011 
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Carlos Franco, responsable de Calidad Alimentaria del Lhica

"Hoy en día hay unos mecanismos de control muy exhaustivos para la autorización previa a la comercialización de cualquier sustancia como aditivo o ingrediente alimentario". Así de tajante se pronuncia el investigador Carlos Franco, responsable de calidad del laboratorio de Higiene y Calidad Alimetaria (Lhica) de Lugo, a la hora de valorar la seguridad de los aditivos químicos -colorantes, conservantes, antioxidantes...- de los alimentos.

Explica que además "existen sistemas de alarma tanto a nivel nacional como europeo para el caso de que en cualquier lote de alimentos (tanto fabricado dentro de la UE como importado) aparezca una sustancia prohibida, o bien una sustancia permitida pero en cantidades superiores a las legales". Añade que "la información acerca de dicho lote y sus potenciales peligros se distribuyan rápidamente entre las autoridades sanitarias dentro de los sistemas de alerta rápida".

Para Carlos Franco el hecho de que se emitan alertas alimentarias no debería ser una preocupación sino "una demostración de que los sistemas de detección funcionan", subraya. "A mí me resultaría más alarmante el hecho de que no existiera ninguna alerta alimentaria, pues significaría que no se está vigilando la cadena", apunta este experto.

Sobre el cuestionado uso de los estirenos, bisfenol A y ftalatos en envases, latas de conservas y envoltorios de alimentos, Franco indica que estas sustancias "son objeto de debate entre las autoridades sanitarias de los países desarrollados". En el caso del bisfenol A, indica, "no existen pruebas determinantes que confirmen que produce cáncer en humanos, si bien algunos estudios han demostrado cierta relación entre niveles elevados de esta sustancia y diversas patologías en niños". Es por esto que, aplicando un principio de prudencia, "la Unión Europea ha decidido prohibir su presencia en biberones infantiles a pesar de que la autoridad de Seguridad Alimentaria no encontró pruebas concluyentes de esta relación", añade.

En el caso de ciertos ftalatos "sí parecen existir evidencias más firmes en su relación con ciertas patologías y por eso se prohibió la presencia (ya en 2005) de seis tipos de ftalatos en juguetes y artículos de puericultura". Estas sustancias no se usan como aditivos alimentarios, "sino que su presencia en los mismos puede provenir de adhesivos, tintas de imprimir y barnices. Aunque las tintas no estén en contacto directo con los alimentos, pueden migrar a través del material del envase o bien mediante otros medios", concluye.