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Qué comer para vivir cien años

Lo llevamos crudo: ya no es que nuestros mayores comiesen mucha menos carne sino que en su dieta destacaban los productos frescos y naturales: huevos, leche, verduras o vino de casa // Ternera y cabrito eran un lujo y el jamón se reservaba para ocasiones

alguAnuncia Castro, hace unos días en el centro de día de Monforte - FOTO:  Arnáiz
alguAnuncia Castro, hace unos días en el centro de día de Monforte - FOTO: Arnáiz

SILVIA VIQUEIRA SANTIAGO   | 23.11.2015 
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Recuerdo a mis abuelos cenando tortilla francesa con azúcar y sopas de pan con vino y llegaron a octogenarios. Quizás porque en este menú no había carne, aunque no faltaban el cabrito por San Juan y, habitualmente, los chorizos. En contra de la recomendación de la OMS, que ha levantado una polvareda al declarar carcinógenas las carnes rojas y sus procesados. Mientras los expertos discuten qué y en cuánta cantidad podemos darnos el gusto, quizás ayude saber cómo se alimentaron nuestros mayores, no en vano son ellos los que convierten a España en el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida. Una de nuestras expertas es Dorinda Castro Chouza, que con sus 101 años supera con creces los 83 de media que nos acreditan como estado súper longevo. Dorinda trabajó la tierra, atendió a los animales y crió a sus hijos, siete de los que quedan cinco, y es natural y reside en O Ézaro (Dumbría). En su casa frente al mar, disfruta de la caldeirada de pescado con patatas cocidas y come kiwi y sopas de pan todas las mañanas, merienda su yogur Activia y cena su leche Pascual semidesnatada con cereales Special K (para las marcas es muy suya). No faltan en los menús -que su hija le prepara con esmero y buena mano en la cocina- las sopas, los fideos con carne, la tortilla francesa o las croquetas. De postre, queso fresco con membrillo y, en alguna ocasión, pastelitos y tartitas. Y unas cuantas pastillas. Pero no es esta la dieta que ha seguido a lo largo de su vida. Durante su infancia y juventud y, aunque criaban vaca, cerdo y gallinas, apenas comió carne. Con el cerdo, se agasajaba a los allegados coincidiendo con la matanza y eran los hombres quienes hacían la ronda y, por tanto, quienes comían. En casa, poco quedaba: el unto se aprovechaba todo el año y servía para hacer caldo; la grasa (el pingue) se usaba para cocinar y también para hacer jabón. En cuanto a las gallinas, los huevos solían reservarse para los hombres -las mujeres igual disfrutaban de una docena en todo el año, mientras los niños acechaban por la huerta para comerlos a escondidas- y, alguna que otra vez, disfrutaban de galiña vella.

La dieta básica, en ausencia de carne, sí contenía pescado (sardina, jurel, fanecas; el pulpo se vendía); vegetales y legumbres, como coles, nabizas y habas; y, sobre todo cereales, en follado (torta que se hacía en la sartén con agua, harina de maíz y algo de centeno) o papas (maíz cocido en agua con un chorro de leche). Amén de que en O Ézaro son seboleiros por algo y las patatas con cebolla no faltaban, mientras que los garbanzos sólo se compraban para hacer callos en el patrón.

 

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