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Se conservaron los vagones del Alvia tras las críticas por destruir los del 11 M

Cinco años y medio estuvieron aislados y vigilados en las instalaciones de Grúas Estación los restos del siniestro de Angrois // Primero fue la Policía Nacional, después guardas de seguridad y ahora son cámaras

Ver los restos de las trece unidades del Alvia, sobre todo aquellas que sufrieron el mayor impacto, es un espectáculo que sobrecoge. Hierros retorcidos, ejes partidos por la mitad, cristales desgajados.... y los esqueletos de los vagones testigos mudos del sufrimiento de todas las víctimas - FOTO: FERNANDO BLANCO
Ver los restos de las trece unidades del Alvia, sobre todo aquellas que sufrieron el mayor impacto, es un espectáculo que sobrecoge. Hierros retorcidos, ejes partidos por la mitad, cristales desgajados.... y los esqueletos de los vagones testigos mudos del sufrimiento de todas las víctimas - FOTO: FERNANDO BLANCO

ANTONIO P. FIDALGO. SANTIAGO   | 13.01.2019 
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Cinco años y medio han transcurrido desde que Renfe, siguiendo las órdenes del juez Luis Aláez, trasladó las trece unidades que componían el tren Alvia siniestrado la tarde del 24 de julio de 2013, que salió a casi 200 kilómetros por hora de la curva de A Grandeira y descarriló a su paso por el barrio compostelano de Angrois.

Las dos cabezas tractoras, sendos furgones generadores complementarios y los nueve coches (o vagones) intermedios que componía el Alvia pasaban a convertirse en la principal prueba, y el magistrado que se hizo cargo de la investigación tomó una decisión inmediata: todo lo relacionado con ese tren quedaría bajo custodia judicial con vigilancia policial y la prohibición expresa de que nadie se pudiera acercar a los restos sin autorización del titular del juzgado de Instrucción 3 de Santiago.

Una de las primeras decisiones que adoptó Aláez fue ordenar a Renfe que trasladara el convoy completo a un lugar seguro, cerca de Santiago y a disposición de los peritos.

El juez compostelano no quería que se repitiera lo ocurrido tras los atentados del 11-M en Madrid, cuando en una decisión, que siempre se juzgó como precipitada, se autorizó a Renfe a desguazar las unidades afectadas impidiendo de esa forma que se pudieran completar las investigaciones policiales pendientes.

Tras los gravísimos atentados en la capital de España, responsables de los Tedax plantearon la posibilidad de que los trenes en los que se colocaron las mochilas bomba fueran trasladados a las instalaciones de Renfe en Vicálvaro para realizar comprobaciones complementarias. Lo cierto es que la autoridad judicial no lo consideró pertinente y autorizó a Renfe para que se deshiciera de todas las unidades afectadas y solo uno de ellos quedó intacto durante seis meses.

El desguace se hizo en un tiempo récord y fueron numerosas las críticas, incluso en ambientes judiciales, sobre esa decisión, adoptada ante el convencimiento de que nada nuevo sobre las investigaciones podían aportar los trenes.

El juez Luis Aláez, por contra, sí que estaba convencido de que esas trece unidades del Alvia podrían aportar algunas claves. Renfe decidió trasladar todo de forma casi inmediata a las instalaciones de Grúas Estación en A Escravitude-Padrón. Allí, el equipo policial encargado de la investigación completó la toma de muestras e, incluso, se recuperaron pertenencias personales que fueron posteriormente entregadas a los propios afectados o a sus familiares.

La Policía Judicial peinó los restos de forma minuciosa durante varios meses antes de dar paso a técnicos de Renfe y peritos independientes que buscaron indicios y pruebas que pudieran ayudar a descifrar el enigma de por qué descarriló el tren. Se buscaba la posibilidad de que un problema mecánico hubiera sido el causante final del peor siniestro ferroviario en España en mucho tiempo.

VIGILANCIA CONSTANTE. Nadie, sin autorización del juez, podía acercarse a las máquinas, los generadores y los vagones. Durante más de un año, y durante las 24 horas del día, un furgón de la Policía Nacional, con dos o cuatro agentes según las necesidades del servicio, permanecía al lado de los restos del Alvia. Nadie, ni los trabajadores de la empresa del Grupo Estación estaban autorizados para acceder al espacio acotado.

Transcurrido el tiempo, desde la Dirección General de la Policía se pidió al juez que eximiera a los miembros de ese cuerpo del control de los restos, ante la necesidad de cubrir otros servicios: al cabo de las 24 horas rotaban por allí seis agentes como mínimo de una comisaría en la que no sobraban los efectivos.

El juez accedió, pero impuso a Renfe que guardas de seguridad relevaran a los policías. Y así hasta finales de 2017. Una empresa privada empezó a ejercer las labores de vigilancia en el mismo recinto durante las 24 horas los siete días de la semana.

Una vez que el nuevo magistrado que lleva el caso, Andrés Louro, accedió a la petición de Renfe de poder hacerse cargo de las máquinas y los vagones, pasaron todos a ocupar un recinto cerrado y vallado controlando por un circuito cerrado de cámaras de televisión que graba las imágenes todo el día.

Durante todo este tiempo, técnicos de Renfe, ingenieros, peritos y miembros de la Policía Científica estuvieron acudiendo periódicamente para cumplimentar peticiones que se realizaban desde el Juzgado de Santiago.

En el interior de los vagones aún quedan, testigos mudos de la tragedia, algunas piezas de ropa o calzado. Puede verse en las fotos de uno de ellos, de los que sufrieron el impacto mayor, una sandalia de mujer y un pañuelo tirados en el suelo y algunos objetos más que o nadie reclamó o no se consideraron importantes. Lo cierto es que la imagen de estos restos es bastante dantesca.

galicia@elcorreogallego

NADA DECIDIDO

Empresas de chatarra gallegas interesadas

••• Renfe solo tiene una cosa clara: las trece unidades que componían la unidad 12 de la serie 730 siniestrada en Angrois (cuyo coste fue de más de 16 millones de euros) van a ser desguazadas y no se reutilizará ninguno de los vagones que sufrieron daños menores y que, en teoría podrían haber sido reparados (serían los coches 3, 4, 7, 8, 10 y 11 que sufrieron desperfectos), pero el tiempo transcurrido hace que sea ya inviable su recuperación, además de muy costosa. No obstante hay algunos elementos que sí podrían estar en condiciones de servir como piezas de recambio. Por eso, de acuerdo con las fuentes consultadas, técnicos de la empresa ferroviaria vendrán desde Madrid para hacer inventario. Pero no es una decisión firme y lo más probable es que todo acabe desguazado y destinado a chatarra. Al menos tres empresas gallegas ya pasaron por las instalaciones de Grúas Estación para ver los restos del Alvia y valorar si hacen una oferta por ellos.









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