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lapidarias

El doble crimen de la calle Oporto se ajustó a un plan

Las forenses aseguran que el acusado, Jacobo Piñeiro, sabía lo que hacía y que los dos asesinatos tenían un fin determinado // Afirman que de las 57 cuchilladas recibidas por las víctimas 55 fueron innecesarias

M.G. • VIGO   | 18.02.2009 
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Jacobo Piñeiro ayer en la segunda jornada del juicio por el doble asesinato de la calle Oporto
FOTO: M.G.

La muerte extremadamente violenta en julio de 2006 de los jóvenes, Isaac Pérez Triviño y Julio Anderson presuntamente a manos de Jacobo Piñeiro Rial, no se debió a los efectos de la ingesta ininterrumpida de alcohol y cocaína desde 48 horas antes del suceso, ni a un acto impulsivo, porque, según explicaron ayer sin titubeos las forenses que realizaron las dos autopsias y evaluaron al acusado, "la secuencia de los hechos responde a una elaboración y ejecución de actos ordenados que llevaban a un fin determinado". Con esta lapidaria afirmación se desmontaba uno de los principales argumentos de la defensa del acusado al alegar su "inimputabilidad" en función de su estado, "fuera de sí", por el efecto de las drogas.

Las dos médicos que evaluaron el estado psíquico del presunto autor del doble crimen insistieron en que la inteligencia límite de Jacobo Piñeiro, "no es una enfermedad mental" y que, además de carecer de rasgos impulsivos en su personalidad, es capaz de distinguir perfectamente entre el bien y el mal. Reseñaron su buena adaptación a la prisión donde, a pesar de estar a tratamiento por depresión, desarrolla muchas actividades.

Tras fijar la hora de la muerte de Isaac Pérez y de Julio A­nderson entre las cuatro y cinco de la madrugada, la misma hora en que dos vecinos del inmueble de la calle Oporto aseguran haber oído golpes y gritos de "¡ay¡¡ay¡¡ay¡", las forenses señalaron que el efecto de la cocaína terminó en Jacobo Piñeiro 90 minutos después de la última ingesta, por lo que en el momento en que se produjo el doble crimen ya no estaría bajo la influencia de la droga.

Al relatar que el joven vigués Isaac Pérez Triviño fue acuchillado en un espacio de entre 5 y 15 minutos con una afilada arma blanca de 2,3 centímetros de ancho por 13 de largo, con la que recibió las 35 cuchilladas, de las que tres eran mortales por sí mismas siendo "innecesarias" todo el resto que fueron causadas en vida, las forenses explicaron que la agresión se produjo en dos momentos y que la víctima intentó defenderse como se constata en las nueve heridas que presentaba en las manos. Relataron al jurado, ante el atento seguimiento del imputado, que una de las tres heridas mortales se registró en la clavícula afectádole la traquea; una segunda le seccionó un bronquio, el esófago y la venta caba, la más importante del cuerpo; y la tercera le perforó el pulmón. De ninguna de estas tres lesiones hubiera salido con vida aunque hubiera sido atendido con rapidez ya que en pocos minutos se desencadenó una hemorragia masiva. Las dos fases de la agresión se constataron en la espalda y en las heridas frontales. Se constató que la incineración del cuerpo de Isaac, estando atado a la pata de la cama, se produjo tras su muerte.

Las forenses indican que les llamó la atención el gran número de heridas en el rostro de Isaac, que indican la intención del agresor de desfigurarle la cara "o por un sentimiento pasional hacia la víctima.

La muerte de Julio, con 22 cuchilladas, se produjo después de haber quedado parcialmente inmobilizado al recibir un navajado que le seccionó el tronco derecho del brazo derecho. A partir de ahí, una cuchillada mortal en la fosa ilíaca izquierda le afectó a la arteria principal muriendo en cinco minutos. Arrastrado desde la entrada hasta el centro de salón donde fue quemado, Julio vomitó antes de morir.

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UTILIZÓ ALCOHOL Y GASOIL COMO ACELERANTES

Un incendio con cinco focos

La policía científica explicó que localizó cinco focos primarios distintos, en el incendio presuntamente provocado por Jacobo Piñeiro, sobre las 7,30 de la mañana, una hora y media antes de abandonar la vivienda donde entre las 4 y 5 de la madrugada habría puesto fin a la vida de los dos jóvenes.

Indicaron que para acelerar la incineración envolvió el cuello de Isaac con una toalla que empapó con alcohol etílico, y que en el caso de Julio roció con gasoil una manta que cubría su cuerpo.

Los bomberos constataron que el incendio fue intencionado, ya que además de los acelerantes hallaron montones de ropa apilada para hacer de hoguera. Afirmaron que la intención del acusado al dejar abierta la espita de gas era "hacer un daño grande a la casa".

LOS DATOS

Sangre En todas las habitaciones de la vivienda de la calle Oporto se constataron numerosas salpicaduras de sangre.

Investigación La grabación de seguridad del local donde trabajaba Isaac Pérez fue determinante para identificar a Jacobo como la última persona que fue vista con la víctima y para localizar su vivienda en Cangas donde su madre les facilitó su teléfono hasta concluir con la detención en Marín el mismo día.

Armas A pesar de que el acusado aseguró haber tirado los dos cuchillos en contenedores del centro de Vigo, las Fuerzas de Seguridad no llegaron a encontrarlos, creyendo que pudo lanzarlos al mar.

Versión Los sucesivos testigos de la cena que se produjo en la vivienda horas antes del suceso han coincidido en que todo apuntaba a que Isaac Pérez y Jacobo Piñeiro mantuvieron relaciones sexuales, a pesar de la negativa del procesado.