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anticipación

El Eje Atlántico de los romanos

Tras la conquista de Gallaecia por Augusto, los ingenieros de la época diseñaron una malla de calzadas que guardan un estrecho parecido con la actual AP-9, la línea de velocidad alta de Vigo a A Coruña o la Autovía del Noroeste // Las principales unían Braga y Lugo con Astorga

JAVIER AGUADO • SANTIAGO   | 27.01.2008 
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Si alguien se toma la molestia de examinar un mapa de la actual red viaria en Galicia y de las líneas férreas que recorren la comunidad y si, por curiosidad, observa el trazado de las calzadas que los romanos tendieron por el territorio de la vieja Gallaecia, se dará cuenta de la práctica superposición de unas y otras. Las grandes vías de comunicación que trazaron los romanos tras la conquista del noroeste peninsular a manos de Augusto son casi el fundamento de las actuales carreteras o líneas férreas.

Así, cuando tanta polémica despierta la construcción de la línea de alta velocidad ferroviaria que unirá Vigo con A Coruña -o el enlace con la meseta-, podría decirse que los romanos ya tenían en Gallaecia su Eje Atlántico. Tres eran las principales calzadas construidas por los ingenieros romanos en Galicia y con ellas se ponían en comunicación las capitales -Astorga, Braga y Lugo- de los conventos jurídicos (una división territorial-administrativa que jugaba el papel de la actual provincia) con los distintos asentamientos de tipo militar o urbano existentes en la época.

Se sabe de la existencia de estas vías desde la misma Antigüedad. El documento clásico que atestigua su existencia es el llamado Itinerario de Antonino. Fue redactado en la época del emperador Caracalla, allá por los años 197-217. Las calzadas que cruzaban Galicia eran la XVIII, la XIX y la XX. Una cuarta, la XVII, sólo tocaba tangencialmente territorio gallego.

Las vías XIX y XX son la base del actual Eje Atlántico o de la AP-9, con ramificaciones interiores hacia Lugo y anticipo de la Autovía del Noroeste. La calzada XX, también conocida como la vía per loca maritima, o sea, a la vera del mar, arrancaba, al parecer, de Aquis Celenis, la actual Caldas de Reis. Sus mansiones eran Vicus Caporum, que muchos identifican con Vigo; Ad Duos Pontes, Pontevedra; Grandimirum, identificado como Cesures; Trigundo, es decir, Taragoña; Brigantium, o sea, Betanzos; Carónico, la villa de Parga; y Lucus Augusti, o lo que es lo mismo, Lugo.

Esta vía tenía trazados coincidentes con la XIX, que se comenzó en tiempos de Nerón. Daba un rodeo por el Miño portugués y seguía por las provincias de Pontevedra y Lugo. Pasaba por Puente Limia, Tude (Tui), Burbida (Pazos de Borbén), Turoqua (Tourón), Caldas, Iria, Santiago, A Sionlla, Brevis (Aixón), Martiae (Furelos Marzán), Lugo, bajaba a Cacabelos y acababa en Astorga.

La otra calzada, la vía XVIII, se comenzó en el imperio de Tito. Se la conocía como Vía Nova. Entraba en Galicia por Portela do Home, según el estudio ya clásico y referencia obligada de Dulce Estefanía, profesora de la USC. La vía seguía la cuenca del Limia, atravesaba el Arnoia y el Navea y alcanzaba el Sil a la altura de Valdeorras. A través del Bierzo y los montes de León llegaba a Astorga.

Una de sus mansiones más conocidas es Aquis Querquennis, en el paraje donde también se ubica la iglesia visigótica de Santa Comba de Bande, en Ourense.

La vía XVII, que sólo discurría parcialmente por Galicia, es la más antigua. Data de tiempos de Augusto. Arranca de Zaragoza, llega a Astorga y, pasando por las actuales provincias de León y Zamora, desemboca en la provincia lusa de Tras-Os-Montes para terminar en Braga. Se conservan cientos de miliarios, que eran las columnas de piedra que indicaban las millas

INFORMACIÓN Y EJÉRCITO

Servir para varios intereses estratégicos

La finalidad de las calzadas romanas no era exclusivamente facilitar las comunicaciones o hacer fácil el intercambio de mercancías entre distintos puntos del imperio. Había también intereses estratégicos, de tipo militar o informativo. El sistema de postas y correos entre Roma y la periferia estaba concebido para facilitar la rápida difusión de noticias. Un mensajero, por ejemplo, con los mecanismos de comunicación y transporte de aquel momento -caballo en tierra y barco en el Mediterráneo- podía recorrer la distancia que separaba Roma de la península Ibérica en quince días, usando para eso el perfecto entramado de calzadas y relevos. Las noticias se escribían en tablillas de cera y los mensajeros recibían el nombre de tabellarii.

César, que era tan buen estratega en la comunicación como en la guerra, fue capaz de llegar a Sagunto procedente de la Urbe en 17 días, con una media diaria superior a los cien kilómetros. El historiador Suetonio dice, incluso, que Julio César era capaz de hacer etapas de ciento cincuenta kilómetros con sus tropas .

UNA RED EXTENSA

Miliarios y carreteras de tipo secundario

Además de estas vías principales existían otras secundarias, como documenta Dulce Estefanía: por ejemplo, la calzada de Bande a Ourense; la que uniría Chaves con Lugo, a través de Augas Santas, Ourense y Chantada .