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Fernández de Sousa asume todas las responsabilidades

¿Está todo el pescado vendido ya en el juicio a Manuel Fernández de Sousa por su gestión al frente de Pescanova? Es posible que sí. Ante la sección cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional han desfilado ya los principales protagonistas, y lo que se ha escuchado hasta ahora en la sala para macrocausas de San Fernando de Henares no pinta bien para quien gobernó el gran grupo pesquero vigués -llegó a ser el cuarto del mundo- con mano de hierro y poder absoluto.

M. Fernández de Sousa
M. Fernández de Sousa

LOLA SENRA  | 17.02.2020 
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En el ecuador de un juicio que comenzó el pasado 2 de diciembre y que quedará visto para sentencia el 26 de marzo, descubrimos que Pescanova navegó por un océano de mentiras durante años, hasta que la deuda colapsó sus cuentas. La excúpula niega prácticas ilegales para ocultarla y culpa a la banca y al auditor Santiago Sañé, quien a su vez señala con el dedo a Fernández de Sousa. La Fiscalía Anticorrupción solicita penas que suman 120 años de prisión para la veintena de acusados físicos.

Las declaraciones de esta pasada semana ponen en aún más apuros al expresidente de una cotizada -controlada por la CNMV, por tanto- cuyas cuentas pasaron de lucir 36 millones de beneficio y poco más de 1.000 millones de pasivo en 2012 a soportar 800 millones de pérdidas y 3.600 millones de deuda, un balance que la abocó al mayor concurso empresarial no inmobiliario de la historia de España. Estas son las principales claves, hasta ahora.

 

4 DE DICIEMBRE: "RESPONSABLE ÚNICO". Ese lunes se levantó el telón de un caso que estalló hace casi cinco años, con una declaración entre rimbombante y quijotesca de Manuel Fernández de Sousa, que se enfrenta a una petición de 28 años de cárcel por montar un mecanismo piramidal insostenible, simular ventas por 2.500 millones y pelotear con facturas falsas para conseguir créditos bancarios: "Hasta el último día, yo era el único responsable de todo lo que se hiciera en Pescanova, mal o bien".

Pronto comenzó a matizar el expresidente su asunción de responsabilidades: que si los bancos se lucraron a costa de Pescanova, que si el auditor no le advirtió ni una sola vez en diez años de que algo se estuviese haciendo mal. "Creo que hubo errores en el trabajo de auditoría de BDO y yo soy el principal perjudicado. Lo he perdido todo", se defendió.

 

12 DE DICIEMBRE: "TODO POR LA EMPRESA". Fernández de Sousa reivindica su gestión: "Con mis sugerencias, Pescanova estaría en una situación extraordinaria. Todo se hizo con la pretensión de que siguiera funcionando". Entre esas sugerencias citó sacar a Bolsa la división de acuicultura y que los accionistas de referencia aportasen temporalmente 50 millones de euros para dar oxígeno a la tesorería.

Ese día entró en escena Alfonso Paz-Andrade, consejero delegado del grupo durante tres décadas, quien sorprendió a todos al negar que en la reunión de febrero de 2013, en Madrid, el expresidente hubiera pedido los famosos 50 millones extra.

 

19 DE DICIEMBRE: ¿PROBLEMAS, QUÉ PROBLEMAS? Nueva sorpresa en el juicio, con la declaración de Pablo Fernández Andrade, hijo del expresidente, quien torpedeó la hoja de ruta de su padre al asegurar que Pescanova jamás tuvo problemas de tesorería hasta que entró en preconcurso: "Los gerentes de las filiales en las que yo era consejero nunca, jamás, me transmitieron que hubiera problemas de tesorería antes de que Pescanova solicitara el preconcurso. Fue entonces, porque nadie quiere venderte si no pagas antes".

Y de nuevo Paz-Andrade volvió a marcar distancias con Fernández de Sousa en lo referente a la gestión -dijo que su experiencia financiera era limitada, que estaba jubilado desde 2007 y que desde entonces se pasaba por la sede de Pescanova "cada dos o tres meses"-, aunque sí le respaldó en el asunto de las tensiones de tesorería: "En una empresa con cientos de barcos, eran constantes e impredecibles".

 

12 DE FEBRERO: SE ENTERAN POR LA PRENSA. Declaran los responsables de un fondo norteamericano, Cartesian, y otro luxemburgués, Luxempart, que entraron como accionistas de referencia del grupo pesquero en 2011, tras la salida de Novacaixagalicia. Su resumen de lo que comenzó como una "inversión atractiva" fue demoledor: Fernández de Sousa los estafó. Peter Yu y François Tech le dijeron al fiscal Juan Pavía que su inversión, más de 70 millones en conjunto, vale cero euros desde el 27 de febrero de 2013, cuando el consejo de Pescanova solicitó el preconcurso. "Somos inversores y estamos acostumbrados a ayudar a las empresas en tiempos difíciles, a lo que no estamos acostumbrados es al fraude", resumió el presidente de Luxempart, contundente. Ambos aseguraron que jamás fueron informados del estado real de las cuentas del grupo y coincidieron en que se enteraron del problema por la prensa, cuando ya no había manera de tapar el enorme agujero.

También ese día el fiscal Pavía puso contra las cuerdas al auditor Sañé, exprimiendo las contradicciones que rastreó en los veinte mil folios aportados a la macrocausa por BDO. "¿Nunca le llamó la atención la mecánica de Pescanova, las ventas ficticias, las sociedades instrumentales, las fechas que no casan, los pagarés?", le espetó. Sañé se agarró al clavo ardiendo de que su auditoría siempre se ajustó a lo que marca la ley y echó balones fuera: "Ahora vemos que no había base real en esas operaciones, pero entonces no lo sabíamos". Donde la Fiscalía Anticorrupción ve connivencia y falseamiento de información económica y financiera, el auditor ve engaño por parte de Fernández de Sousa. De esa trinchera de defensa no se movió un milímetro.

 

13 DE FEBRERO: A LA MIERDA. Llegó el turno de José Carceller, consejero de la cervecera Damm en Pescanova, y su declaración cumplió al pie de la letra con el guion: fue durísima. Ya en junio de 2014 Demetrio Carceller, presidente de Damm, se había despachado a gusto: "Lo de Pescanova ha sido una puñetera estafa. Nos han metido la mano en la cartera y se han llevado 40 millones de euros". Se refería a la frustrada operación de compra del grupo pesquero gallego.

Líder del grupo crítico, junto con los fondos Cartesian y Luxempart, José Carceller ahondó esta semana en la herida de Manuel Fernández de Sousa, confirmó que el expresidente les pidió la millonaria inyección en la famosa reunión de Madrid, en la que todo saltó por los aires, y resumió su radical postura de dos días después, en la junta del 27 de febrero de 2013 para aprobar las cuentas del 2012: "Aunque la acción se vaya a la mierda, mi obligación era no firmar las cuentas".

Coincidió con Tech y Antonio Basagoiti y Yago Méndez, otros dos consejeros que declararon en calidad de testigos, en que en Pescanova no se movía un folio sin que lo autorizase el expresidente. "Me cuesta mucho ver algo positivo en alguien que ha engañado de esa manera", zanjó Carceller. Sin compasión.

M. Fernández de Sousa

Expresidente de Pescanova

"Hasta el último día, era yo el único responsable en Pescanova, mal o bien"

Santiago Sañé

Auditor de BDO

"Ahora vemos que no había base real en el balance, pero entonces no lo sabíamos"

José Carceller

Consejero de Damm

"Me cuesta mucho ver algo positivo en alguien que ha engañado de esa manera"

Peter Yu

Gerente de Cartesian

"Somos inversores y arrimamos el hombro para ayudar a las empresas cuando pasan por temporadas difíciles, pero a lo que no estamos para nada acostumbrados es al fraude"

Alfonso Paz-Andrade

Exconsejero delegado Pescanova

"Desde que me jubilé en 2007 iba por la empresa solo cada dos o tres meses"