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Cuando Galicia pescaba ballenas

Entre 1951 y 1983, con tres factorías activas en Cee, Cangas y Xove, fue la época dorada de la caza de cetáceos en las cercanías de las costas // Fueron arponeados y descuartizados más de 11.000 animales // La moratoria internacional de 1986 supuso el fin a esta actividad

perarios de la fábrica de Caneliñas descuartizando uno de los grandes mamíferos marinos cazados. - FOTO:  Vida Gallega
perarios de la fábrica de Caneliñas descuartizando uno de los grandes mamíferos marinos cazados. - FOTO: Vida Gallega

ÁNGEL ARNÁIZ  | 26.05.2019 
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Las imponentes ballenas nórdicas, por este mes de mayo florido, bajaban resoplando por las aguas de Fisterra en busca de pastos marinos de placton en los que alimentarse. Estos mamíferos acuáticos, allá por la década de los años 20 del siglo pasado, fueron codiciado botín de los pescadores gallegos y, entre 1924-27, la caza de cetáceos tuvo su primera época dorada en Galicia.

La flota ballenera estaba formada por barcos pequeños que se limitaban a cazar a los animales y remolcarlos a la fábrica de Caneliñas, en el concello coruñés de Cee, que funcionó durante el citado cuatrienio. Se estiman entre 2.000 y 3.000 los rorcuales y cachalotes cazados en ese tiempo. En 1927 cesó la actividad por el descenso de las capturas, según apuntan estudiosos del tema.

Fue a partir de 1951 cuando la pesca de cetáceos vuelve a los mares galaicos para un período de bonanza que duró hasta 1985. En ese año reabre la factoría de Caneliñas y posteriormente Balea en Cangas (Pontevedra), activa entre 1955 y 1983, y Cabo Morás en Xove (Lugo), opertiva del año 1965 a 1975.

Según los registros conservados de esta actividad pesquera, en esos años descuartizaron 6.337 cachalotes, 4.686 rorcuales comunes, 291 rorcuales norteños, 17 ballenas azules y 2 yubartas, contribuyendo de forma importante a esquilmar a los grandes mamíferos marinos de aguas del Atlántico Norte.

Para abastecer a estas tres factorías estuvieron en activo, en diferentes épocas, un total de 8 vetustos balleneros entre ellos el Lobeiro o el Carrumeiro (construidos entre 1929 y 1943), el mayor de los cuales no llegaba a los 45 metros de eslora. Eran simples barcos cazadores que debían remolcar, lo antes posible, los animales muertos a alguna de las tres fábricas en tierra, por lo que su radio de acción no sobrepasaba las 150 millas.

Estos buques disparaban los denominados "arpones calientes" dotados de una cabeza explosiva que detonaba a los pocos segundos de clavarse en el animal. Si el arponero acertaba en un órgano vital, la muerte era relativamente rápida, pero no siempre ocurría así y era necesario un segundo disparo.

Con la entrada en vigor la moratoria internacional de la caza de ballenas el 1 de enero de 1986 se puso fin a esta actividad. En 1985, último año de caza, los balleneros gallegos capturaron 48 rorcuales comunes. Supuso el fin de la criticada industria ballenera en Galicia.