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¿Ha muerto el movimiento estudiantil?

Los universitarios desconocen el trabajo de sus representantes y perciben que no son escuchados por los órganos de gobierno de la institución // La participación del alumnado es cada vez menor: tan solo el 12,5% votó en las últimas elecciones al rectorado de la USC

Multitudinaria nanifestación estudiantil convocada en los niveles de enseñanza media y universitaria contra la reforma educativa de 1990 en Santiago de Compostela - FOTO: ECG
Multitudinaria nanifestación estudiantil convocada en los niveles de enseñanza media y universitaria contra la reforma educativa de 1990 en Santiago de Compostela - FOTO: ECG

NABOR GONZÁLEZ   | 02.05.2019 
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Mucho ha cambiado el sistema educativo, y el universitario en particular, en las últimas décadas. Siete leyes educativas, desde la LGE hasta la LOMCE pasando por la famosa LOE; el número de estudiantes tampoco es el mismo: atrás quedan los casi 40.000 matriculados de la Universidade de Santiago de Compostela, que ahora apenas alcanza los 20.000. Lo que sí se mantiene constante es la necesidad de organizarse de una parte del alumnado.

La historia de este movimiento consiste en un ir y venir de organizaciones. Desde la extinta Erga, la más influyente entre los años 70 y 80, Anega o Erguer, activas en la actualidad, o los Comités Abertos de Facultade, que aglutinaron gran parte de la representación de los universitarios entre los años ochenta y noventa.

Buen conocedor de éstos es Marcos Maceira, que con 18 años ya representaba a los CAF en el Consello Escolar de Galicia. Este licenciado en Historia, que participó en los años 90 de los Comités, tiene claro que muchas de las demandas que tenían por aquel entonces aún siguen vivas a día de hoy. Reivindica las "pequeñas conquistas", como la ampliación del horario de las bibliotecas, como los principales retos que se marcaban entonces.

A Maceira, que actualmente preside a Mesa pola Normalización Lingüísica. le llama la atención que aquellas paredes, las de su facultad, que antes estaban repletas de pancartas y carteles con mensajes reivindicativos, ahora lucen vacías. Sostiene que esto puede deberse a que los planes de estudio dejan menos tiempo a la organización del alumnado obligándole a "salirse de la línea para poder participar y cambiar las cosas en sus centros".

Y es que si hablamos de la participación de los estudiantes en los distintos comicios en los que tienen derecho a votar, ésta ronda cifras llamativamente pobres. Por poner un ejemplo, en las elecciones celebradas en el mes de abril del año pasado, en las cuales se decidía los representantes en el Claustro y quién obstentaría el rectorado de la USC, sólo votó el 12,5 % del censo de matriculados. Únicamente 3.000 de los más de 20.000 universitarios introdujeron la papeleta en urna.

Se podría entender que al tratarse de la elección de una figura como la del rector, lejana en cierto modo al estudiantado, la participación de éstos resulte escasa. Lo que cuesta explicar es la baja implicación en la elección de los compañeros que los representarían en los diferentes órganos de la universidad.

Las juntas de facultad y el claustro son los principales órganos donde los alumnos tienen voz y voto en la USC. En el segundo, el máximo órgano representativo de la comunidad universitaria, les corresponden 84 puestos, de los cuales 17 quedaron vacantes dada la ausencia de candidatos. En 15 de las 23 facultades ni siquiera se pusieron urnas al presentarse un número igual o menor de aspirantes al de "escaños".

En las últimas elecciones en los campus de Santiago y Lugo solo el 20,7 % del censo electoral de la USC ( 27.347 personas) acudió a votar, aunque por sectores la participación fue muy diferente. Votó el 89,62 % del profesorado doctor con vin culación permanente, el 40,7 % de las restantes categorías de PDI, el 69, 57 % de los PAS y un pobre 12,5 % del estudiantado.

Curiosamente, es en las facultades de ciencias sociales o letras en las que la participación es más elevada, frente a las de ciencias, en las cuales, por norma general, no se llega a votar al no presentarse el mínimo de candidatos.

En cuanto a las listas presentadas al Claustro, fue la Candidatura Unitaria Estudiantil (CUE), bajo la cual se presentan principalmente organizaciones vinculadas al nacionalismo de izquierdas, la que aglutinó el mayor número de apoyos y que cuenta con 25 representantes. De lejos le siguen la Candidatura Unitaria de Educación con 7 asientos, la Asociación de Estudiantes de Medicina con 5, y la de Económicas con 4. Los puestos restantes se completan con otras organizaciones que se circunscriben únicamente en su facultad. Cabe destacar el elevado número de representantes que no concurrieron bajo sigla. Suman un total de 10.

Si se pregunta a los alumnos, son muchos los que, como Alba Comesaña, reconocen como "positiva" la labor de sus 'portavoces' y ve en estas organizaciones la "única vía para que se escuche la voz del estudiantado". Esta alumna de filología, que asegura haber participado en las elecciones claustrales, se queja de que la voz del alumnado esté "silenciada". Reivindica así la acción de las organizaciones estudiantiles en la lucha contra el machismo, en referencia al caso del profesor de economía Luciano Méndez. También recuerda que fue gracias a ellas que la biblioteca ampliase sus horarios.

Otro punto de vista es el de Lucas Rodríguez, estudiante de biología, para el cual los sindicatos universitarios "apenas se hacen notar en la vida estudiantil" y aunque sí reconoce haber asistido a alguna manifestación que cree que fue convocada por alguno de ellos, los identifica como un "mundillo más del ámbito universitario en el que algunos alumnos desarrollan sus ansias de debatir y hacerse notar políticamente".

En lo que sí coinciden la mayoría de los jóvenes preguntados es en la necesidad de una reflexión por parte de la comunidad universitaria, en especial de su gobierno, acerca de si está o no suficientemente involucrado el que es, de lejos, el sector más numeroso de la misma.