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Luis Boyano: "“Me infiltro en las convenciones y hago preguntas muy provocadoras”"

“Un mago no es sólo cartas, pañuelo o conejo. Es todo ese bagaje que llevas en la mochila de caminante”, afirma

ENRIQUE BEOTAS  | 21.11.2009 
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Luis Sinde
Luis Boyano, en un momento de la entrevista realizada en el restaurante madrileño El Amparo
FOTO: Luis Sinde

Me preguntaba por los Reyes y por su papel en esta crisis que nos atenaza el bolsillo, nos embarga el corazón y nos compromete la vida:

¿Son los padres de los príncipes…?

¿Son esos caballeros del primitivo flamenco, que rinden pleitesía a un Nenuco y que parecen reconocer al Verbo hecho carne…?

¿O son las almas invisibles que llenan cada enero nuestros zapatos con barcos cargados de sueños…?

Samuel Coleridge, que escribió uno de los más hermosos y turbadores poemas del romanticismo ingles, La balada del viejo marinero, sostenía que la fe poética se sustenta en la voluntaria suspensión de la incredulidad. Se trata de apartar, de vez en cuando, el escepticismo. Les invito, por ello, a desenterrar el tesoro de la infancia, a resucitar la ficción en un poema de Rosalía, en un bosque de Torrente, en un café de Cela, en una estrella de Valle o en cualquier cuento de Ánxel Fole. Es la gran oportunidad para dejarnos seducir por ese encanto con que Sherezade conquistó, durante mil y una noches, al sultán Shahriar. Esa misma atracción que los transeúntes del Camino de las grullas –descrito admirablemente por Cristina Cerezales– sentían al cruzarse con un juglar de talento papirofléxico. Es la voluntad de recuperar nuestro corazón de niño, nuestras ilusiones de joven, nuestra vida del mañana… Aunque sea por un momento, tan sólo por un instante…

"Recuerdo cómo gozaba con aquellos Reyes Magos de "pobreza", que, en realidad, no lo eran tanto… Esa maravillosa seguridad de que ya llegaban..."

Se trata de la actitud indispensable para vivir, la que asiste al mago en su espectáculo, esa misma que en algún momento de nuestra existencia nos ha hecho contemplar la fascinante e impostada inmolación de una "maciza" cortada por la mitad… o de un conejo blanco que antes fue paloma… La verdad es que todo ello acaba apareciendo siempre en el lugar más recóndito e insospechado. Entonces sabemos que no es verdad, que tampoco es mentira, pero decidimos que nos lo vamos a creer… Hablo del milagro de la ilusión, del privilegio de lo inalcanzable, del prodigio del ilusionista. Esos seres únicos, que aparecen y reaparecen a lo largo de nuestra vida, devolviéndonos a la niñez.

Nuestro viaje es de retorno a las tardes que nunca acaban, las que compartíamos con un gato peludo, funámbulo y necio. Ese que nos esperaba en los alambres del patio, a la vuelta del colegio… ¡Pasen y vean! El alma del ilusionista se confiesa:

"Creo en las meigas y en lo que puede haber tras del espíritu de lo oculto"

– ¿Y en los políticos, en los inspectores de Hacienda, en el cobrador de las tasas municipales…?

– Lo tangible, aquello que es tal y como se ve, carece de ilusión.

– ¿Qué es la ilusión?

– No saber lo que hay más allá.

Es Luis Boyano, licenciado en Psicología y maestro por esa escuela de los empujones con que suele graduarnos la vida. Le he visto tanto por las televisiones del mundo... ‘Vip Guay’, ‘El Comisario’, ‘Farmacia de Guardia’, ‘El Pantallazo’, ‘Luar’, ‘Supermartes’, ‘A noite en Branco’, ‘XCanto’, ‘O Rei da Comedia’, ‘Por Arte de Maxia’, ‘Hola chicos’, ‘Por la mañana’, ‘Olla de grillos’, ‘Sábado Noche’, ‘La hora de’, ‘Desde Galicia por el mundo’…

Nos disponemos a almorzar en El Amparo, ese mítico restaurante del Madrid postinero que hoy parece mudo y doliente, hastiado por las trincheras del fiasco olímpico. El callado testigo arrasado por la piqueta endeudada de la "gallardona de corps". Observo en los rostros tristeza y fatiga. Aquí hace falta dispensar ilusión… son tiempos poco amables...

Boyano encontró el amor en Brasil, tras el periplo por los sótanos del espectáculo. Su público de hoy reside en las grandes convenciones, busca resucitarse en su propia empresa. No me sorprende que, tras la elegante corbata de tréboles chumberos que gasta, haya un número que sea la apoteosis… ¡Et voilà!:

"A un simple billete de cinco euros lo puedo convertir en uno de quinientos. Es el que más les deslumbra. Curiosamente, es una ilusión que también gusta mucho a los políticos..."

– Imagino que éstos conocen ya el truco...

– Es un juego que rompe esquemas, permitiéndoles, por el mero hecho de tocar con sus dedos un billete, multiplicar su valor...

– ¿Y el que gusta a los niños?

– Cualquiera que lleve al color. Para ellos, lo más sorprendente es lo que les entra por los ojos, la vida misma.

– ¿Hay humor en tu vida?

– Cuando ando de gira tengo que mostrar con frecuencia el pasaporte. En él figura: "De profesión, payaso" ¿Te imaginas la cara de sorpresa de los funcionarios de fronteras?

– Pero les tranquilizas con tu aspecto a lo David Niven...

– Ya me gustaría tener su elegancia... Prefiero que me llames "ladrón de guante blanco", como aquellos a los que él interpretaba.

– Sé que eres, de profesión, psicólogo…

– Una ciencia que no me la han dado ni Compostela ni la Complutense, donde cursé esos estudios.

– ¿De dónde esa condición?

– De lo vivido cuarenta y ocho años a lo largo y ancho del mundo.

– ¿Vuelves a Galicia...?

– A menudo, que es bastante poco comparado con lo que me gustaría.

– Es que pesan los orígenes, Boyano...

– Por eso hay que tener el arte de saber volver.

– ¿Se aprende?

– Cuestión de memoria, de saber tirar del hilo maestro de la vida.

– ¿Te asusta el regreso?

– Me faltan mis padres y, sobre todo, mi abuela... Ella era tan especial…

– ¿Qué aprendiste?

– De mi padre la honradez.

– ¿Y de tu madre?

– El espíritu de trabajo.

– ¿Entendieron que tu marcha fue la clave del triunfo?

– Mi padre me escribía siempre: "¡Cuéntame!, ¡cuéntame...!". Mi madre estaba más preocupada por el "come, come y no nos vengas delgado".

– Fuiste a modiño por esos mares de Dios…

– Es el arte esencial para la vida, aunque lleva muchos años aprenderlo.

– ¿Conociste el hambre?

– Como dice Sabina: "Tenemos el lujo de no tener hambre, de comer dos veces por día…"

– ¿Y la penuria...?

– Conocí la psicológica.

– ¿Superaste la sensación de extranjero?

– Ni siquiera sé lo que es eso…

– ¿Lo superaron tus padres?

– Creo que no.

– ¿De dónde lo de mago?

– En las páginas del libro de la vida. Un mago no es sólo cartas, pañuelo o conejo. Es todo ese bagaje que llevas en la mochila de caminante.

– Encontré al brujo en Arteixo... ¿Por fin he encontrado al mago...?

– Este mago tiene algo de brujo…

– ¿Dónde?

– En el misterio que oculta.

– ¿Tiene que ver con la ilusión...?

– Lo importante es que el público pueda decir: "Lo que he visto me ha hecho olvidar la bronca, las facturas, los impuestos y las multas..."

– ¿Eres mentireiro?

– Lo agradezco, es una palabra fantástica. Los magos mentimos sin efectos secundarios.

– ¿Por eso cultivas el gesto y la palabra?

– Absolutamente. Hay que saber manejar el lenguaje, jugar con él. Nunca con cinismo, siempre con retranca.

– ¿Humanista o humano?

– Kipling dejó escrito: "Existen los que viven en la calle y quienes la viven desde la ventana…"

– ¿Lo firmarías?

– Para mí, están los actores… y los espectadores.

– ¿Perteneces a los actores…?

– Por egoísmo. El espectador goza del espectáculo, pero jamás sabe lo que se disfruta intuyendo, moldeando y dispensando ese placer.

No ha dejado, a lo largo de nuestra conversación, de jugar con un doblón de oro. Los perfiles de los Reyes Católicos se deslizan por sus nudillos. La reina castellana ya es chata… Le pido un truco sencillo, sin alardes… No mueve un músculo, tan sólo las orejas… Apenas he terminado mi frase, da una palmada al aire… El doblón ha desaparecido…

"Mira en el bolsillo interior de tu americana…"

– No me jodas, Buster Keaton…

– Ese tipo no era gallego: busca en tu bolsillo…

Meto la mano en mi bolsillo y compruebo que la moneda está… Sonríe inocentemente… Frunzo el ceño… Marca su media sonrisa burlona... Mi colega Luis Sinde deja reposar la cámara fotográfica, se abrocha discretamente su americana y levanta sus hombros como si la cosa no fuese con él…

"Mis juegos son de comunicación, en vivo y en directo. No hay nada amañado o pactado... La clave está en saber exactamente qué juego tengo que elegir en cada momento."

– Los telespectadores dudamos de tus juegos…

– Ahí todo es más difícil… Te miran millones de ojos que no ves…

– Pero en el cambio de cámara tienes ventaja…

– Todo lo contrario. El realizador no tiene de frente a un ilusionista, lo tiene simultáneamente por todos los puntos cardinales. No hay un solo ángulo muerto para él…

Cuida cada detalle. Esconde la mirada tras su nariz. No observa: ¡estudia…! Las manos, más que cuidadas, parecen cinceladas. Manicura perfecta. Intuyo que de vez en cuando cae en la tentación de morder las esquinas de sus yemas… Incluso de tirar de algún que otro padrastro sin dejar huella… Viste en azules perfectos. Los cuellos de su camisa están milimétricamente pespunteados, como la tapa que cubre ojales y botones. Los cuellos se los abrocha por dentro para que no se muevan… ¿Quién te viste tan elegante, gallego?

– Mi mujer, siempre recurro a ella.

– ¿Qué hace un mago gallego con una chica de Baia?

– Identificarnos en la saudade desde hace diecinueve años. Hacer familia con dos personajes únicos. Flavio y Luana son parte esencial en la ilusión del ilusionista.

– ¿El secreto para diecinueve años de magia con ella?

– Hacerla sonreír con mis payasadas, sorprenderla permanentemente y hacerla saber que siempre estoy ahí...

– ¿Qué le dices a Flavio y a Luana?

– Que hagan siempre lo que tengan que hacer, sin miedo al trabajo que ello cueste. Así serán los mejores.

– ¿Acuden por enero los Reyes Magos a tu casa?

– Es un momento de alegría absoluta...

– ¿Ya sabéis quienes son los reyes?

– Hace tres días Flavio me preguntó si los Reyes Magos y Papá Noel existían... Me desarmé y me puse a gimotear...

– ¿Cómo reaccionó…?

– Preguntándome si el Ratoncito Pérez era también de mentira...

– ¿Algún problema psicológico…?

– Para nada. Comprendió que de ahora en adelante posee el poder para ser rey mago...

– Qué fastidio lo de crecer…

– ¿Algún problema psicológi+co…?

– Simplemente la constatación de que cada día estamos más cerca de los aposentos de la vieja dama...

– Consuélate. Julio Alejandro, el guionista de Buñuel, decía que siempre se está esperando a la huesuda... ¡Qué bonito llamarle la huesuda...!

– Claro, como lo tuyo es la magia…

– ¿Y eso qué tiene que ver…?

– Pues que en tu oficio todo tiene un final feliz...

– La verdad es que esta dedicación me ha proporcionado la ilusión de poder vivir lo mejor.

– ¿Peleas tu libertad?

– La añoro, como todos.

– ¿La conseguiste?

– La alcancé.

– ¿Cómo…?

– Enfrentándome a todos aquellos que no apostaban por ella.

– Empezaste en El Retiro madrileño, haciendo tus juegos entre todos esos tipos raros del mimo callejero, con los vagabundos y las meretrices, con los policías y los jardineros...

– Y ahí siguen, que la Providencia los guarde muchos años... Pero ahora, tras veinticinco años de distancia, todo eso me queda lejos, muy lejos. Con todo, nunca olvido los orígenes.

– ¿Cuesta llegar?

– Cuesta permanecer.

– ¿Cómo te lo montas?

– Levantándome a las ocho y acostándome a la una.

– ¿Y entre medias?

– Trabajo...

– ¿Cuándo te diviertes…?

– Siempre…

– ¿De cual de todos los lugares transitados te sientes?

– Me tira Galicia, qué duda cabe, es algo muy especial, pero me siento del mundo.

– ¿Lo primero que descubriste al salir?

– Que había días sin lluvia.

– ¿Y lo segundo?

– Que el mundo es muy grande.

– ¿Y los nacionalismos?

– Boadella decía: "El nacionalismo es como un pedo: sólo le gusta a quien se lo ha tirado".

– ¿Qué es un pijo?

– Aquel al que se le ha dado todo hecho...

– ¿Y un "arrastrao"?

– Alguien que ha "mamao" la calle, que lo ha pasado mal.

– ¿Y un psicólogo?

– Un señor que, aun habiendo pasado cinco años por la facultad, no tiene ni idea de nada.

– ¿Cuándo aprendiste a ser psicólogo?

– Empecé después de haber terminado la carrera. La psicología es la vida.

– ¿De qué vives?

– De los contratos y de la ilusión.

– ¿De qué comes?

– De las grandes corporaciones y de las empresas que me contratan.

– ¿El secreto en los tiempos del cólera?

– Haber pasado antes por el Retiro, por muchos centros culturales de barrio, por muchas asociaciones de vecinos...

– Aprender psicología, en fin.

– Te enseña el arte de adecuar el lenguaje a cada uno de esos lugares. Y otra cosa muy importante...

– ¿Cuál?

– A que, cuando te llamen del centro cultural de un barrio, aun estando trabajando para la más grande corporación, aun sintiéndote en la cima, aun teniendo el universo de estrellas michelines acudas, y te quedes con ellos todo el tiempo que requieran.

– ¿Para volar alto?

– Saber exactamente a qué distancia del suelo estás...

– ¿A qué distancia del público te pones?

– Una de las funciones que hago con los grupos de empresas es infiltrarme en la convención. Hago preguntas muy provocadoras, pactadas y estudiadas. Rompo los esquemas a todos los asistentes...

– ¿Y no te empluman?

– Basta con arrancar una sonrisa en el momento adecuado... Ahí brota la magia…

– ¿Y si te equivocas?

– Explicarlo siempre, no tanto cuando te equivocas como cuando hieres…

– ¿Suele ocurrir?

– Con los años cada vez menos...

– Es toda una técnica...

– Mi primer maestro de mimo decía que la técnica hay que aprenderla para saber olvidarla. Por haber empezado demasiado tarde, la técnica me costó mucho y tuve que sustituirla con el "estar delante de...". O lo haces o te estrellas...

– Se me acaban las líneas y todavía no me has dado el truco...

– Muy sencillo: "El show debe continuar". Al público se lo debes todo. Es un chip adquirido. Actúa lo mejor que sepas, nadie sabe lo que tienes detrás…

– ¿Por qué lloras, mago?

– A veces por un show bien hecho, por el aplauso...

– ¿Cuándo?

– Nunca antes de haber terminado la actuación…

– ¿Dónde?

– En el camerino.

– ¿Qué te cabrea?

– El poco respeto.

– Y cuando las manos fallen?

– Que funcionen vista, oído y cerebro. Así podré leer y escuchar música.

– ¿Crees?

– A veces en el ser humano

– ¿Y cuando esto se acabe?

– Dejamos a nuestros hijos.

– ¿Si tu hija te sale meiga...?

– Ya lo es: recuerda que tiene seis años.

– ¿Un último truco…?

– El mejor: Consiste en olvidarse durante una hora de tu mundo.... Oye, nunca falla...

Tiene la sabiduría de quien empezó fatigando la calle "melancolía" en busca de la ilusión. Es de esos hombres que nunca se olvidan de saludar mientras pasan. Uno de esos tipos que, con una sonrisa y un chasquido de dedos, consiguen que olvidemos nuestra condición de cómicos:

Duermen vestidos,

viven desnudos,

beben la vida a tragos.

Son adorados,

son calumniados

como dioses de barro.

 

MUY PERSONAL

 

Un libro mágico.

‘Confieso que he vivido’, de Neruda.

Una película sin truco.

‘La quimera del oro’.

Música para la ilusión.

Bach.

Comida para la eterna sorpresa.

Pulpo y unos huevos fritos con patatas.

¿En el patio de butacas?

La mujer, por su sensibilidad.

Lo que nunca tiene "chispa".

La intolerancia.