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Teniente general y vicepresidente ejecutivo de INSA

Miguel Lens Astray: “Nosotros, los militares, estamos precisamente para evitar las guerras”

“Yo creo profundamente en Dios y en la Virgen de Loreto, pero mi fe en la Iglesia se ha enfriado desde hace muchos años”

El teniente general Miguel Lens Astray en un momento de la entrevista realizada en Madrid - FOTO: Luis Sinde
El teniente general Miguel Lens Astray en un momento de la entrevista realizada en Madrid - FOTO: Luis Sinde

POR ENRIQUE BEOTAS  | 11.07.2009 
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Cuentan en el pabellón de oficiales de la base aérea de Torrejón de Ardoz que el joven Miguel Lens era un alumno de vuelo casi perfecto: fuerte, ligero, rápido en el aire; poseía lo más importante: ¡tenía un devastador deseo de aprender a volar! En el mando Aéreo de Combate se dice de él que pertenece a esa raza especial de los “cazadores”, aunque su vida ha sido la reposición de aquellos antiguos caballeros que hacían la guerra en verano y componían poesías durante el invierno…  como Garcilaso …
 Así que aquí me tienen: recorriendo el Paseo del Pintor Rosales, en Madrid, donde se encuentra su actual cuartel general. Por un momento pienso en Douglas Bader, aquel piloto de la RAF que durante la Segunda Guerra Mundial, pese a carecer de ambas piernas, derribó veintitrés Messerschmitt Bf-109E. Reflexiono sobre Erich Hartmann, tal vez el mejor cazador de aquella contienda, con más de mil quinientas misiones y trescientos cincuenta y dos derribos confirmados… Pero me pregunto si tiene algo de romántico sobrevolar los cielos al mando de un caza, si lo es navegar por el mar de los azules, como Hermes, conduciendo a Pandora hasta los mortales…
El poeta británico William Butler Yeats, en su poema “Un
aviador irlandés presagia su muerte”, dejó escrito:
      “Sé que hallaré mi destino
    en algún lugar entre las nubes.
         No odio a mis enemigos.
       Tampoco quiero a quienes
                  debo defender”
Acabo de llegar al despacho de Miguel Lens Astray, el Teniente General que guarda secretos de subsecretarios, ministros y ministras de Defensa. Esos enigmas que reposan en la memoria de quien ha sido guardián de gabinetes, agendas, confidencias, carpetas, teléfonos, citas y desplazamientos. Me llama la atención una gran fotografía: ¿es el desolador paisaje de Marte…? Bien podría ser tierra firme, de la avistada por los tripulantes de Colón…
El santiagués me recibe en pie, sonrisa franca y mirada complaciente. Sé que sabe de mí por el Teniente General Gómez Arruche, quien ha mediado para este encuentro entre el periodista y el vicepresidente ejecutivo de la empresa de Ingeniería y Servicios Aeroespaciales de mayor importancia para nuestro lugar en el Universo.
“En el momento en que vas a soltar frenos en cualquier avión, has de olvidarte de lo que pasa en el mundo terrenal, centrarte en lo que debes hacer... Al regreso, verás los problemas de abajo de otra manera.”
Pronto, nuestra conversación toma el derrotero de su regreso permanente a Galicia:
“Nací en Santiago, adonde regreso todos los años… no puedo dejar de hacerlo.”
– ¿Morriña?
– Necesidad de olor a mar, a campo, a hogar, a trato de paisanos.
– ¿Y el olor a mar…?
-En Laxe, el pueblo donde nació mi madre. Allí me compré hace cinco años una casita, en plena Costa da Morte. Es el lugar donde siempre fui desde bebé, aunque ni mis abuelos ni mis padres tuvieron propiedad nunca, siempre estuvimos alquilados.
– ¿Y sus hijos…? ¿Son gallegos?
– Así se consideran, aunque uno nació en Madrid, dos en Badajoz y la pequeña en Albacete. La verdad es que ninguno de ellos renuncia a su lugar de nacimiento, pero se sienten gallegos y su mayor ilusión es ir a nuestra casa de Laxe.
– ¿Cómo es Galicia desde el cielo?
– Preciosa, con ese azul profundo de mar, con ese verde insultante de monte.
– Complicado eso de volar…
– Exige dos cualidades fundamentales: disciplina y autocontrol...
– Y fiarse de los aparatos más que de uno mismo...
– Es que hay que creérselos porque, lamentablemente, el noventa por ciento de los accidentes en aviación se deben a las personas. Necesitas estar seguro de que la máquina no te puede, pero también tener absoluta confianza en ella porque nunca engaña.
– ¿Y el miedo?
– Lo he pasado muchísimas veces, pero he llegado a una conclusión: quien lo niegue es un idiota, quien no lo supere un inútil.
– ¿La valentía es un aprendizaje...?
– Lo que más me ha enriquecido en mi vida ha sido el trabajar con compañeros de otras fuerzas aéreas. Aprendemos siempre de los demás porque en esta vida está
casi todo inventado.
– ¿En qué puede creer el hombre que vuela?
– Yo creo profundamente en Dios y en la Virgen del Loreto, pero no por fetichismo. Tengo fe y convicciones religiosas profundas…
– ¿Un ángel de iglesia?
– Mi fe en la Iglesia se ha enfriado desde hace muchos años.
– ¿Resultado inevitable por estar tan cerca del cielo?
– Es algo curioso. En los vuelos de transición, disfrutas de una soledad que es especial. Te da por pensar en la familia, en los amigos, en los que ya no están contigo...
– Eso está más en lo “políticamente correcto”.
– En absoluto. Se trata del sentimiento de paz interior más profundo que experimenta el ser humano.
– ¿Y a la hora del combate?
– Sientes una excitación enorme. El sentido de la vista está al cien por cien, los pulmones no te dan... Sólo piensas en lo que tienes que hacer y en hacerlo bien, en alcanzar el objetivo.
– ¿Y no cuesta apretar el botón cuando llega el momento?
– Lo tienes que hacer, pero intentando ser un auténtico cirujano, evitando los daños colaterales…
Salta a primera vista que Lens es hombre de formas correctas, conversación profunda y mirada melancólica. Si en el 65 prendió a su pecho el Arma de Aviación, ahora contempla satisfecho aquel reto del ejército soñado para la cooperación y la disuasión. Mi propósito es llegar hasta el alma progresista del militar, al espíritu pacifista del cazador, al corazón enxebre del gallego. Estoy advertido de que encierra bajo siete cerrojos ese verdadero Juan Gaviota que todos llevamos dentro…
“Le pondré un ejemplo: en la guerra de Bosnia, una de las tripulaciones tenía que derribar un puente. Cuando lo estaban encarando, comenzaron a recibir fuego enemigo a discreción. Al percatarse el piloto de que en ese momento estaba cruzando un carro con gente, no dispararon, pese a que seguían siendo atacados. Mantuvieron el control de la situación y, hasta que no pasó, no hundieron el puente”.
– ¿El recurso más cobarde para resolver los problemas de la paz es la guerra?
– Nosotros, los militares, estamos precisamente para evitarlas.
– ¿Llegó adonde quería?
– Desde pequeñito siempre quise ser el número uno, pero jamás he puesto la zancadilla a nadie. Cuando he tenido que discutir con alguien nunca he ido por detrás…
– ¿Consiguió el número uno?
– A lo más que he llegado es a ser el dos y le aseguro que no es mala plaza.
– Sin duda, una plaza menos expuesta…
– Yo diría que algo más distante de las miradas de la envidia.
– ¿Y el número dos se siente reconocido?
– A estas alturas me doy con un canto en los dientes.
– ¿Si volviera a nacer?
– Sería lo que soy.
– ¿Y qué es…?
– Alguien a quien su carrera le ha llenado. Un militar que, a pesar de los sacrificios y renuncias familiares, sus alegrías y satisfacciones están a años luz de sus problemas.
– ¿El militar puede ser independiente?
– Los militares pensamos y respiramos como el resto de los mortales. Ni somos extraterrestres ni diferentes al resto de la sociedad. Nuestros valores, profundos, van más allá de lo estrictamente militar. Lo más importante es entender que los militares no somos los guardianes de los valores, sencillamente tenemos que cumplirlos.
– ¿Y lo de trabajar a la orden de un político?
– He trabajado muy a gusto y a pleno rendimiento. Mi primer contacto directo con un político fue a principios de los noventa. Le puedo asegurar, desde la proximidad que confiere estar al frente de un gabinete, que la relación es de mutua lealtad.
– Ha estado hasta con una ministra de Defensa...
– Y antes con Bono y Alonso, no veo la diferencia…
– ¿Qué le pidieron?
– Lealtad.
– ¿Qué es la lealtad?
– Aquel valor que hace que un profesional se sienta siempre orgulloso de su trabajo. Significa saber contrastar la información y transmitirla tal y como es. Dar además tu punto de vista, aun a sabiendas de que en algún caso pueda no gustar.
– ¿Y la discreción...?
– Que tu mano derecha nunca sepa lo que hace la izquierda. Va en el puesto.
– ¿No se acaba en la oscura soledad?
– De ninguna manera. Es imprescindible trabajar en las líneas generales que te marquen. La discreción no es incompatible con el trabajo en equipo.
– ¿Y la disciplina...?
– Soy un firme partidario de la disciplina comprometida y un detractor de la disciplina por vencimiento.
– O sea: complicidad…
– No es el término correcto. En toda relación legal no existen complicidades. Existe la coherencia y la coordinación. Esto es difícil de entender cuando empiezas a formarte, por eso es imprescindible que te exijan más, pero, a medida que te vas desarrollando, llega el compromiso, esa química que debe darse en un equipo.
– ¿Los cimientos para un equipo campeón?
– Sintonía, disciplina, lealtad y confianza.
– Se me viene a la cabeza la Transición...
– Es curioso… Hace muchos años, en el libro de alarmas del Ala Catorce, en Albacete, se escribieron páginas muy interesantes durante las largas guardias. En ellas quedaba perfectamente reflejadas todas las posturas, de unos y otros. No me pude llevar copia de ello, pero todos coincidían en la disciplina… de una manera u otra.
– ¿Hay distintas formas de entender la disciplina?
– En el seno de las fuerzas armadas hay distintas opiniones y una sola interpretación. Es curioso, afortunadamente somos complementarios pero no iguales.
– Llevo preguntándome toda la entrevista cómo preguntarle por la estrategia...
– Esa es una cuestión mucho mas complicada. La estrategia no puede quedarse exclusivamente en los grandes acuerdos políticos o profesionales… Estos son importantes, qué duda cabe, pero no dejan de ser el marco referencial. La estrategia está siempre en ir hacia el corto o medio plazo.
– ¿A modiño...?
– Teniendo un marco es imprescindible actuar de manera conjunta. Los objetivos han de ser concretos, comprensibles para todo el mundo. En la vida de un militar o en el mundo empresarial ha de ser así.
– ¿La gran arma es la disuasión?
– Pero al mismo tiempo hay que evitar que el hipotético adversario te vea siempre con el mazo en la mano. Hay que entrar en diálogo. Sumar siempre fue más importante que restar.
– Veo que es usted un convencido de los ejércitos cooperantes…
– Tienen que reconocerte el propósito de ayudarles en sus verdaderos problemas. A los países emergentes hay que enseñarles a pescar y no darles el pescado. Su problema mayor es la formación, aunque su urgencia sea la supervivencia.
– Entonces… ¿Por qué ejércitos y no las ONG?
– La mayor preocupación no está en una confrontación bélica de países contra países, sino en los ataques cibernéticos a gran escala, en el terrorismo... Todo ello continúa alimentándose del fanatismo...
– ¿El concepto OTAN se ha quedado trasnochado?
– Lo que se está revisando es su estrategia. Esta debe ir volcada hacia una seguridad más colectiva.
– ¿No cree que puede ser una manera de uniformar el mundo?
– Cada vez deben entrar en el juego más países dejando el aspecto teórico e ideológico a un lado.
– ¿Libertad, orden o progreso? Ordénemelo por prioridades.
– Primero la libertad. A muchos esta afirmación les puede chocar en un militar, pero le aseguro que somos la gran mayoría de los militares quienes siempre hemos luchado por ella. En cuanto al progreso y al orden, van de la mano. Si hay progreso, el orden es muy sencillo de alcanzar.
– ¿La peor misión?
– Notificar a la familia la muerte de un compañero. Es la peor de todas, sin duda.
– ¿Llegarán a entender los políticos que a la familia de un militar quien mejor le puede explicar un hecho así es un militar?
– Lo llegaran a entender, creo que sí.
– ¿Por qué llora un Teniente General?
– Lo de llorar no es cosa del empleo sino de la condición.
– ¿Qué le hace llorar a Miguel Lens?
– Cuando me acuerdo de los grandes amigos que ya no están, con los que jugué al billar, pero no al billar físico, sino a ese en el que te juegas la vida. Es algo que me produce una tristeza enorme, profunda, indescriptible...
– ¿La injusticia le puede hacer llorar a un disciplinado militar?
– Ese llanto es por rabia y por impotencia. Odio profundamente la injusticia... Pero las lágrimas nunca son debilidad sino dignidad.
– ¿Cómo se lleva eso de no tener nunca un destino definitivo?
– Es inherente a la profesión, y esta dedicación no se entiende si no es por vocación.
– ¿Y cuando termina un ciclo y viene el nuevo?
– Entonces te viene el recuerdo de todo lo que has tenido que pasar...
– Un recuerdo que nunca se le irá de la memoria…
– Cuando tuve que ir con el ministro Bono a recoger los féretros de las víctimas del Cougar, en Afganistán… Es ahí cuando brota todo...
– ¿Su obsesión con los hijos?
– No cejar en repetirles constantemente que sean honestos, que tengan criterio, que se esfuercen en el estudio y en la formación. Solo así podrán ser en la vida como ellos mismos son.
– ¿Encontró a la mujer de su vida...?
– Y continúo casado con ella…
– ¿El matrimonio del joven combatiente es igual al del reposado estratega?
– Las situaciones varían y la relación de pareja hay que ir realimentándola. Si esto falla, la relación se termina.
– ¿Qué es el amor...?
– Una complicidad única.
– ¿Pensó ya en el lugar para el retiro del veterano?
– En Laxe. Porque necesito el sonido del mar, el viento del nordeste, la conversación con los marineros y con las gentes del campo... Allí, además, me siento muy querido, y a mí me gusta estar donde gusto.
– ¿Y cuando la vieja dama le llame a su lado?
– ¡Qué preguntas hace, Beotas! Pues incineración… lo tengo muy claro.
– ¿Y las cenizas?
– Que las metan en una urnita y las depositen en un nicho.
– Triste destino para un aviador…
– Qué va. Mire, yo tenía una tía muy rara que dejó el mandato a sus herederos de ser enterrada en la única tumba del pueblo en la que da el sol casi ocho horas al día. Posiblemente me pida ese nicho familiar, eso sí, con un cristal para que entre bien la luz y los rayos...
– Siempre cerca del sol...
– Tiene gracia…
– ¿Y eso…?
– Porque a lo largo de toda mi vida, en el pueblo le llamaron a mi padre o Aviador. Yo, sin embargo, fui “o fillo do Aviador”. Sin embargo, el día que dimos sepultura a mi padre, un vecino se me acercó y me dijo: “O Aviador xa eres ti”…
Santiago abrió hace sesenta y cuatro años sus luces al guerrero que llegaba al mundo… Hoy, entre las luces que asoman para el reposo, el combatiente fija su propósito en Laxe, ese pequeño pueblo que mira a la Costa da Morte, la única de nombre negro, la bautizada en orla de esquela… Pero Lens mira más allá. Sus ojos no están para la Costa de la Luz, o del Azahar o del Sol. Su mirada se clava en la reflexión que, desde lo alto, liberado del peso de sus zapatos, podía sentir… Cuando la vista se multiplicaba y los pulmones no llegaban…
“Me gusta ir a pescar… aunque siempre pesque poco. También me gusta jugar con mis paisanos al dominó… Juegan tan bien los condenados…”.
Shelley lo dejó escrito en el aire:
“¡Sé bienvenido, jubiloso
espíritu!
No fuiste nunca un pájaro,
tú, que desde los cielos o cerca de sus lindes,
el corazón derramas
en profusos acentos, con arte no pensado…”.

MUY PERSONAL

La obra.

‘Camino con ciprés bajo cielo estrellado’, de Van Gogh.

La partitura.

Siempre de Beethoven.

La edición.

‘El niño de los montes’, de mi amigo Manuel de Ramón.

La comida.

Caldeirada de carne o pescado.

La botella.

De Rioja, aunque también me encanta el albariño casero...