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El peligroso cóctel químico de nuestra alimentación diaria

Aditivos, desde colorantes a conservantes, y envoltorios, en el punto de mira de la polémica sobre sus efectos nocivos en la salud humana // Expertos aseguran que los controles de seguridad alimentaria garantizan su uso

ÁNGEL ARNÁIZ  | 27.02.2011 
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Angar
Alimentos envasados en la estantería de un supermercado
FOTO: Angar

Semanas atrás, la presencia de dioxinas en pollos, huevos y cerdos en Alemania hizo saltar las alarmas sanitarias en la UE y forzó el cierre de millares de granjas en el país germano y el sacrificio de miles de animales, al descubrirse que se había utilizado en su alimentación pienso contaminado con dioxinas.

Y es que las peligrosas dioxinas están consideradas como uno de los peores tóxicos fabricados por el hombre. Son altamente cancerígenas y afectan de manera grave a nuestro sistema hormonal.

Ante hechos como este cabe preguntarse ¿es segura nuestra comida diaria?, ¿realmente sabemos lo que llega a nuestros platos?, ¿las sustancias químicas añadidas, qué incorporan?

María José Castro, coordinadora de Consumo Responsable de la agrupación ecologista Adega, comenta que "los controles sanitarios en Galicia garantizan la seguridad alimentaria dentro de un rango de margen de error". Añade que en el recuerdo de todos están "casos de intoxicaciones y enfermedades causadas en su origen por las malas prácticas dentro de la ley" y recuerda la no lejana crisis de las vacas locas, debida a piensos contaminados.

Hoy, en teoría, los fabricantes gallegos de piensos aplican el sistema de control llamado gmp.Galis, que obliga a tomar muestras de todas las materias primas que ingresan en Galicia destinadas a la producción de piensos, un sistema que los expertos del sector consideran de alto nivel y por el que se han interesado fuera de las fronteras gallegas.

La representante de Adega recuerda además que "dentro de la ley estaban también las botellas de PVC, que luego se consideraron peligrosas para la salud y se cambió la normativa", explica.

Y es que muchos de los polímeros, sustancias que componen los envases de plástico que solemos utilizar en el hogar, también están en el punto de mira.

El PVC, poliestireno y bisfenol A son los más conflictivos y los que mayor números de efectos peligrosos tienen para nuestra salud, según recientes estudios científicos. El tereftalato de polietileno es el componente de botellas de agua, zumo o leche, entre otros productos. Estudios al respecto de este polímero lo califican de bastante seguro para la salud e indican que solo en altísimas dosis puede provocar problemas respiratorios y cutáneos.

LOS FAMOSOS 'E'. Colorantes, conservantes, antioxidantes, edulcorantes, emulgentes, espesantes y gelificantes, entre otras sustancias, forman parte del cóctel químico que ingerimos a diario en los alimentos. Son los llamados aditivos, que en las etiquetas de los productos aparecen con una E- seguida de un número. Alguno de ellos, como el edulcorante ciclamato E-952, fue prohibido en Estados Unidos por cancerígeno. Otros aditivos conflictivos son los E-102, E-104, E-110, E-122, E-124 y E-129, que según un reciente estudio están asociados al síndrome de hiperactividad en los niños.

Para María José Castro, en la industria alimentaria se observa "un abuso de aditivos, sustancias sintéticas que se ocultan tras los conocidos E-, cuyas funciones podrían conseguirse con productos de origen natural". Agrega, "con estos aditivos sintéticos se trata de abaratar costes y prolongar la vida del producto en la estantería del supermercado".

A juicio de la responsable de Consumo de Adega, las etiquetas de muchos alimentos "no son claras sobre contenido en aditivos o incluso sobre si son de origen transgénico, y las industrias que las usan se amparan en la legalidad del uso de aditivos". Subraya que lo cierto es que muchos de esos productos "no tienen los estudios a suficiente largo plazo para que aseguren que son inocuos para la salud". Además alerta sobre el hecho de que "tampoco se han estudiado los efectos de las sinergias, el efecto nocivo que podría aparecer por la suma de varias de estas sustancias".

El investigador del laboratorio de Higiene y Calidad Alimentaria de Lugo (Lhica) Carlos Franco señala que el procedimiento que debe seguirse para conseguir que el uso de un aditivo se autorice en la Unión Europea está regulado por el Reglamento 1331/2008 y hay numerosa legislación que regula diversos aspectos de aditivos concretos. "Los aditivos se rigen por el principio de listas positivas, es decir, se publican listas con los aditivos que están autorizados para cada función, y todo aquel que no esté incluido en dicha lista positiva está totalmente prohibido", explica. "Así existe un conocimiento y garantía de su empleo", añade. En España dicha lista figura en el Real Decreto 142/2002, por el que se aprueba la lista positiva de aditivos.

ECOLÓGICO. La responsable de Consumo de Adega recomienda a los consumidores, a la hora de comprar alimentos, apostar por "productos ecológicos, artesanos o caseros", libres de aditivos y producidos de forma natural, sin pesticidas químicos. También recomienda aprovechar "los mercados y plazas de abastos para consumir productos frescos y preferentemente locales".

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LOS POSIBLES RIESGOS DE LOS ENVASES

Las bandejas de corcho blanco para alimentos, que vemos en los congeladores del súper, están fabricadas con poliestireno, una sustancia que es absorbida con mayor facilidad por las grasas. Se le atribuyen efectos nocivos en el sistema endocrino y posiblemente cancerígenos.

El polémico bisfenol A se usa en los recubrimientos interiores de algunas conservas y en envases de comidas preparadas para calentar en microondas. Se etiqueta a este material como tóxico para el organismo humano y, de hecho, la UE, aplicando el principio de prudencia, prohibió su uso en biberones y otros útiles de puericultura, pese a que los estudios sobre sus efectos nocivos no son concluyentes.

Los ftalatos son unos compuestos químicos que se usan en la fabricación del plástico film y como elemento añadido al papel de aluminio. Suelen utilizarse como envoltorio plástico para conservar alimentos. Sus detractores les achacan que causan alteraciones renales y según la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos son sustancias cancerígenas.

ANTE LA DESCONFIANZA ES BUENO INFORMARSE

Que exista desconfianza hacia muchas sustancias químicas es normal, según el profesor del Lhica. "Considero positivo que la gente se informe acerca de los potenciales riesgos, si bien hay que tener en cuenta que el carácter complejo de la seguridad alimentaria hace difícil al profano, en muchos casos, el tener una idea clara del peligro sobre el que se informa", señala.

Carlos Franco aboga por mentalizar al consumidor de que para que se autorice una sustancia alimentaria ha de pasar varios controles de seguridad muy estrictos. Conviene aclarar también que en muchas ocasiones se prohíben sustancias por el principio de precaución, no por el hecho de que alguna de ellas suponga un gran riesgo para la salud. Es decir, se hace por la posibilidad de que exista algún riesgo, aunque sea tomando dosis muy elevadas (que no se emplean en la práctica) y si dicha sustancia puede ser sustituida por otras cuya seguridad es más conocida y que tengan el mismo efecto que la que se está prohibiendo. En estos casos la población llega a la conclusión de que estaba consumiendo algo muy tóxico y peligroso, cuando en realidad esto no era así.