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Comandante del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano (JSE)

Santiago de Colsa Trueba: “Ser marino es más que un trabajo, es una forma de vida”

{Compostelano} El JSE es un embajador flotante, pues representa a España “allá adonde vaya, haciendo ver que la mar es un espacio de encuentro entre los diferentes pueblos”, explica su nuevo mando, quien en esta entrevista, hace especial hincapié en valores tan importantes como la lealtad, el honor, la disciplina y el compañerismo.

FOTO:  lavozdecadiz.es
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MARÍA ALMODÓVAR SANTIAGO   | 19.08.2019 
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Comandante, ¿cómo fueron sus inicios? ¿Tenía algún precedente militar en la familia?

Yo no tengo familiares di­rectos que hayan pertenecido a la Armada. Mi padre es ingeniero de Caminos, mis abuelos tampo­co eran marinos, y ni siquiera tengo tíos marinos. Nací en Santiago de una manera circunstancial, porque mi padre estaba haciendo una presa en Portodemouros. Pronto por temas profesionales de mi padre, nos fuimos a vivir primero a San Sebas­tián y luego a Bilbao. Allí fue cuan­do entré en contacto con la mar, aficionándome a la práctica deportiva de la vela ligera. En paralelo, empecé a sentir una clara vocación militar. Y tanto la mar como la milicia se fu­sionan perfectamente en la carrera del oficial de la Armada, por lo que al acabar mi etapa escolar, decidí ingresar en la Escuela Naval Militar de Marín, volviendo a mis orígenes gallegos.

¿Puede explicarme cómo es un crucero de instrucción? ¿Quién via­ja en él y cuál es su finalidad?

El Juan Sebastián de Elcano es el buque-escuela de la Armada y, por lo tanto, tiene como gran objetivo contribuir a la formación integral de sus futuros oficiales. De tal manera que los guardiamarinas que se encuen­tran en su tercer año en la Escuela Naval Militar, embarcan durante seis meses para cursar estudios en materias tan importantes como la navegación astronómica, la manio­bra, la meteorología o el liderazgo. Y lo que es más importante, por primera vez en su vida profesional entran en contacto con lo que es la vida a bordo en un buque de la Armada y, empíri­camente, descubren la gran rele­vancia que tiene la formación en valores. En definitiva, nuestro objetivo es que vuelvan siendo me­jores oficiales y mejores personas. Y además, nuestros cruceros de instrucción tienen un segundo objetivo muy importante, que es repre­sentar a España en los puertos que visitamos.

¿Qué valores se aprenden duran­te ese tiempo de formación?

Uno pronto descubre valores muy propios de nuestra tradición militar y marinera. Estamos ha­blando del honor, la disciplina, la lealtad, el valor, trabajo en equipo y el compañerismo. Cuando se acostumbra a trabajar en un ambiente donde prevalecen estos valores, ya no quiere prescindir de ellos. En definitiva, esta formación se basa en unos compromisos personales totalmente desinteresa­dos, que nos hacen ver que el equi­po es lo primero.

Tras el crucero número 92, que empezará en el mes de noviembre y finaliza­rá en abril, el JSE dará la vuelta al mundo para conmemorar el quin­to centenario de la circunnavega­ción de la nao Victoria. Un viaje que durará un año, de agosto de 2020 a agosto de 2021. ¿Cómo lo afronta?

Lo afronto con mucha ilusión, ya que permitirá poner en su justo valor la mayor epopeya en la historia de la navegación, que fue una empre­sa española, iniciada por el portu­gués Fernando de Magallanes y finalizada con éxi­to por el gran marino español Juan Sebastián Elcano, que tuvo como ­consecuencia la demostración empírica que la Tierra era una esfera y que todos los océanos formaban un solo mar continuo. En definitiva, supuso la primera globaliza­ción del mundo.

La vuelta al mundo que realizaremos, por su larga duración, requerirá un gran esfuerzo por parte de la dotación y sus familias. Y la clave del éxito será afrontarla con mucho entusiasmo y con el afán de aventura que mostraron los participantes en la expedición de Magallanes/Elcano.

¿Cuántas personas forman parte de la dotación, comandante?

Somos 250 hombres y mujeres, incluyendo la promoción de guardia­marinas, que suelen ser unas 60 personas. También, forman parte de la dotación durante los cruceros de instrucción una unidad de música, que rea­liza un trabajo encomiable porque incide directamente en la moral del personal, dos civiles -un peluquero y un carpintero-, un sacerdote castrense y un equipo médico.

Como una gran familia.

Efectivamente. La vida en la mar a bordo de un buque, con el reducido espacio disponible y largas ausencias alejados de la familia, impone el trabajo en equipo como única manera de sobrellevar la dura actividad diaria. Y esto nos sirve de estímulo para reconocer y valorar la necesidad e importancia del trabajo de todos los miembros.

¿Cómo es la sensación de pasar tanto tiempo alejado de los suyos? No me lo imagino.

Sin haberlo vivido es muy difícil imaginarlo porque el alejamiento prolongado de la familia es lo más duro de sobrellevar. La profunda nostalgia de los familiares, cuando se quedan en el muelle en Cádiz al ver par­tir el barco, conmueve. Y eso es, por otro lado, un enorme estímulo para toda la dotación para volver sanos y salvos a casa tras haber cumplido con nuestro cometido.

Si hay una catástrofe en el mar...

... naturalmente, como marinos que somos, cualquier catástrofe en la mar no nos es ajena y actuamos de forma inmediata auxiliando en la medida de nuestras capacidades y posibilidades. Los miembros de la Armada somos muy conscientes que el salvamento y rescate en la mar de aquel que lo necesita es lo primero, y siempre hemos actuado en consonancia con ello.

¿Cuáles son los momentos más duros que ha vivido?

La mar es un ámbito inhóspito para la vida humana, y por lo tanto, a bordo de un buque se requiere la máxima atención porque siempre existe el riesgo de incendios, vías de agua o colisiones. Yo he realizado la mayor parte de mi vida operativa a bordo de los submarinos. Allí, si cabe, son más acusados estos riesgos. Afortunadamente, a lo largo de mi vida profesional, estos riesgos nunca se han materializado fundamentalmente por la adecuada formación de las dotaciones de los buques de la Armada.

¿Volvería, a pesar de todo, a ele­gir esta profesión?

Sin duda. Para mí ser marino es más que un trabajo, es una forma de vida. A lo largo de mi trayectoria profesional, he disfrutado de todos mis destinos, que han sido variados y han supuesto un reto profesional. Lo que más valoro de trabajar en la Armada es que las personas son el centro de gravedad de nuestro trabajo.