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El sueño de un ebanista humilde

Cándido Hermida, mayor empresario gallego de la madera, recibe el premio al Carpintero del Año// De niño construía zuecos, ahora surte de muebles al imperio de Inditex//Siempre recuerda su pasado como labrador: "El que olvida sus raíces pierde el horizonte de su vida"

PATRICIA HERMIDA   | 05.12.2010 
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Cuando tenía ocho años, Cándido Hermida asombró a sus compañeros en la escuela rural de Ferreira (San Sadurniño). Construyó una culebra articulada y unos zuecos pequeñitos, pulidos con su propia navaja. "No sólo creaba mis propios juguetes sino que además me encantaba lo que hacía", recuerda aquel niño nacido en 1939. Guiado por su tío Marcelino que también era ebanista, aprendió los secretos de la gran pasión de su vida: la madera. Con leños del monte, empezó a fabricar "zuecos para mi madre, para mi abuela, para mí... lo hacía para ahorrar, me guiaba la necesidad pero también mi amor por el trabajo". Aquel chaval emprendedor y tranquilo se ha convertido en el gigante de la madera gallega.

Con enorme humildad, huye de los halagos. Pero la Confederación Española de Empresarios de la Madera ya lo ha convertido en el primer Carpintero del Año del país: "Eso me emociona, agradezco mucho el premio aunque ni lo esperaba ni tampoco lo merezco, valoro que me lo entreguen compañeros de toda España". Al conocer el galardón, Cándido repasó su vida volcado en la madera: "Sentí que había merecido la pena luchar, sobre todo a través de organizaciones para dignificar el sector más bonito del mundo".

El Grupo Cándido Hermida da trabajo a 350 personas a través de las empresas Induca (carpintería y ebanistería), Juca (construcción), Inmega (carpintería metálica), Innaval (sector naval) y Loira (instalaciones comerciales). Opera en 64 países y 1.100 ciudades. Se ha convertido en el gran surtidor de muebles para escaparates y tiendas de Inditex. Él sólo puede afirmar: "¿Quién me lo iba a decir? Me guía la ilusión, la madera se ha convertido en mi obsesión, soy feliz porque trabajo en lo que me gusta pero la suerte hay que aprovecharla".

Pese a crear un gran emporio empresarial, con una nave en Valdoviño y una superficie industrial de 27.000 metros cuadrados en Narón, Cándido se siente ante todo "un ebanista, miembro de una profesión muy digna y noble, toda mi vida gira en torno a esta pasión". Este orfebre de valores familiares cree en "el esfuerzo y la constancia". Hasta los 17 años fue labrador y en días de lluvia se enfrascaba en su pequeño taller casero, con herramientas heredadas de su tío y trabajando en ventanas, mesas, chineros. Antes de cumplir la mayoría de edad, empezó como aprendiz en una empresa de Ferrol. A los 24 años se convirtió en oficial de primera, con el tiempo llegó a encargado pero pronto germinó la idea de montar su propia empresa. En 1983 se quedó en el paro: "En plena psicosis por la crisis de los astilleros, me vi sin trabajo y con seis hijos". No lo dudó ni un momento, a los 15 días se dio de alta como autónomo y creó un pequeño taller con seis ope-rarios: "Conocía clientes por mis 26 años como encargado y empecé a contratar a los que pedían empleo". En 1990 participó en su primera misión comercial a Francia, aunque asistía a ferias internacionales desde 1969. Y en 1991 inició su acuerdo con Inditex: "El motor que me ayudó a crecer, con Amancio Ortega adquirí mentalidad de empresario, es un cliente del que siempre aprendo".

En sus talleres de artesanía, Cándido acaricia las piezas más delicadas: tronos de Semana Santa, patas de garra leonina, mil butacas para un cine gallego, camas imperiales con armario incorporado... Sigue diseñando con sus propias manos, almacenando prototipos para futuras generaciones "para que no muera el oficio de la ebanistería". En el showroom muestra piezas maestras para las visitas, con la filosofía de "máxima calidad y fidelidad al cliente". La inspiración le llega de los países que ha visitado, enganchado a la historia del arte. Su amor por la profesión le llevará pronto a "crear un museo sobre la importancia de la madera en la historia: desde la rueda hasta las carabelas de la conquista de América, antiguamente un buen ebanista en la Corte se convertía en noble". La nobleza e innovación del Grupo Cándido Hermida aparece en bibliotecas, ayuntamientos, camas de hospitales, grandes yates, preciados encargos personales, farmacias, joyerías... Incluso el Buque de Proyección Estratégica de Navantia se revistió con madera de sus talleres. La empresa equilibra artesanía (productos personalizados) con una industria anclada en equipos por todo el mundo. Cándido también apoya a la Cámara de Comercio de Ferrol, de la que es vicepresidente. Sobre todo elogia a su plantilla: "Sumamente implicada y sacrificada". A pesar de sus logros, en su interior sigue vivo aquel crío que tallaba zuecos: "El que olvida sus raíces pierde el horizonte de su vida".

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