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Tajante Marcos Vidal en el juicio: "Soy culpable y no quiero piedad"

El asesino de Ponte Caldelas pide que le dejen cumplir su condena tranquilo // "Si yo fuera el padre de ese chico (la víctima) pediría que me fusilasen"

Marcos Vidal no se escondió en ningún momento en presencia de las cámaras - FOTO: S.Sas
Marcos Vidal no se escondió en ningún momento en presencia de las cámaras - FOTO: S.Sas

MARÍA MARTÍNEZ   | 15.10.2019 
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"Me declaro culpable y siempre me declararé culpable". Así de tajante se pronunció Marcos Vidal González ante el tribunal con jurado formado en la Audiencia de Pontevedra para juzgarlo tras matar en noviembre de 2015 a puñaladas en Ponte Caldelas al marido de una mujer con la que había mantenido una relación sentimental. No fue la única confesión que sorprendió a la sala ya que también sostuvo que "yo lo que quiero es cumplir mi condena tranquilo".

En su intervención inicial, Marcos Vidal señaló en referencia al jurado, que "no quiero que esa gente tenga piedad de mí", sosteniendo, a continuación, que "si yo perdiera a un hijo pediría que encarcelaran a esa persona o que la fusilasen".

"Todo lo que se pueda armar para tratar otros términos es tontería", añadió, aunque lamentó que "dicen que si me ensañé o si no quise acudir" cuando, según explicó, "fui yo quien llamé a Sandra (la esposa del fallecido) ese día" para contarle lo sucedido.

La Fiscalía le atribuye un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento y solicita una pena de 20 años de prisión, que la acusación particular que representa a los padres de la víctima eleva a 25, y ocho de libertad vigilada. Además, reclama que Marcos Vidal, que está en prisión provisional desde que se entregó tras cometer el crimen, no pueda acercarse a la viuda durante 25 años y que indemnice con 90.000 euros a la misma y con 40.000 a cada uno de los padres de la víctima.

El abogado defensor, Diego Reboredo, niega que su cliente se hubiese ensañado con la víctima, que haya causado un sufrimiento innecesario y también la alevosía. Solicita, en cambio, que se le aplique al acusado la circunstancia atenuante de confesión que reconoce la Fiscalía, otra de "arrebato, obcecación o estado pasional" y una tercera de dilaciones indebidas por un "retraso injustificado" en la instrucción de un crimen cometido hace cuatro años.

El crimen se produjo cuando el acusado, que un año antes había tenido una breve relación con la mujer de la víctima durante un período de separación de la pareja, acudió a Ponte Caldelas para comprobar si el matrimonio había vuelto a convivir. Marcos Vidal accedió al edificio aprovechando que salía uno de los vecinos y se encontró con la víctima, Manuel Rivas, que, en ese momento, abandonaba su domicilio y le preguntó si vivía de nuevo con su esposa.

El acusado obligó a la víctima a entrar de nuevo en la vivienda y entabló con él un forcejeo y lo tiró al suelo en donde, tras sujetarlo, le asestó hasta quince puñaladas con una navaja.

Aún con Manuel consciente, el acusado hizo una llamada de teléfono a la mujer desde el móvil de la víctima, a la que relató que le había acuchillado y, según el relato del fiscal, le pidió que escuchase cómo agonizaba. A continuación, hizo una fotografía a Manuel Rivas, que yacía en el suelo cubierto de sangre y aún con vida, y se la envió a su esposa y le propinó una última puñalada en la espalda, lo levantó del suelo y lo dejó tendido sobre la cama.

El papel de la mujer

•••A pesar de la confesión de Marcos Vidal, complicada es la situación de Sandra Martínez Araújo, la viuda de Manuel Rivas. Durante un tiempo mantuvo la condición de investigada al ser sospechosa de haber "colaborado" con el que había sido su compañero sentimental durante el tiempo en el que el matrimonio estuvo separado. La familia política de la mujer la considera corresponsable del crimen. Ayer declaró como testigo y el abogado de los padres de Manuel fue muy incisivo, aunque ella se defendió asegurando que hacía tiempo que rompiera relaciones con Marcos ya que "era muy agresivo", justificó el envío de mensajes entre ambos como un remedio "para que no ocurriera algo peor" y reconoció que conocía las amenazas que Marcos había proferido contra su marido. Volvió a insistir en que ella no tuvo nada que ver con el crimen.