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Tatiana recibió 54 puñaladas y una cámara la grabó antes con Ibrahima

Los forenses revelan en el juicio que el acusado tras la muerte de la joven de Lugo mostró en todo momento una "escasa resonancia afectiva"

Ibrahima, acusado de la muerte de Tatiana, sale de la Audiencia Provincial.  - FOTO: ECG
Ibrahima, acusado de la muerte de Tatiana, sale de la Audiencia Provincial. - FOTO: ECG

MARÍA MARTÍNEZ/AGENCIAS  | 25.05.2018 
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La joven Tatiana Vázquez recibió en total 54 puñaladas en el interior de su vehículo en Lugo, aunque la cuchillada mortal le fue asestada en el brazo y motivó que se desangrase. Así lo confirmaron durante su declaración judicial los forenses, que determinaron que el fallecimiento se produjo entre las 4.50 y las 7.50 horas de aquella madrugada, tiempo después de que una cámara la grabase saliendo de una pensión en compañía del único acusado, el senegalés Ibrahima Ndiaye.

De las 54 heridas, tres fueron en el cuello, 33 en el tronco y abdomen y el resto en las manos y antebrazo (17), estas últimas "heridas de defensa" en un intento por "protegerse".

Los forenses desvelaron en esta declaración que la "longitud mínima" del arma blanca empleada, que nunca fue localizada, era de "once centímetros", con cuchilladas de entre 3,5 y más de cuatro centímetros.

Las heridas mortales, sin embargo, se produjeron en el bazo, algo que provoca "que la persona se desangre por dentro". El forense indicó que la cuchillada mortal fue "la número 23". "La que la mató". De hecho, uno de los médicos reconoció que "si no tuviese esa herida" probablemente Tatiana Vázquez estaría viva. En tanto que las que aparecieron en el cuello probablemente tuvieran un carácter "intimidatorio"

A causa de este ataque la joven se "desangró" tras perder "más de litro y medio de sangre". El mismo, han confirmado, se produjo "entre las 4.50 de la madrugada y las 7.50 horas" de ese 9 de abril de 2016.

A preguntas del Ministerio Público y de la acusación particular también precisaron que Ibrahima no presentaba ninguna alteración psíquica y mostró en todo momento una "escasa resonancia afectiva", porque lo sucedido no le impidió ni comer, ni dormir ni acarreó síntomas aparentes de desasosiego.

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