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Vuelve a acusar a la Guardia Civil la exmujer del parricida de Padrende

Margarita Dopico insiste en que los agentes no hicieron caso de sus denuncias // Un juzgado absuelve de denegación de auxilio al policía que no la atendió

Margarita Dopico, izquierda, ayer en su comparecencia en Pontevedra  - FOTO: ECG
Margarita Dopico, izquierda, ayer en su comparecencia en Pontevedra - FOTO: ECG

ALEJANDRO ESPIÑO   | 24.04.2019 
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A Margarita Dopico le cambió la vida trágicamente hace casi nueve años. Su esposo se llevó a su hijo Pablo, de 14 meses, y prendió fuego al coche con el bebé dentro. Ocurrió en Padrende (A Coruña). "Me llamó y me dijo que ya no me merecía tener al niño y que no lo iba a volver a ver", recuerda la mujer. Y él cumplió su amenaza.

Esa advertencia no se quedó en palabras. Horas después José Luis Deus, condenado a 23 años de cárcel por este crimen, manipuló una bombona de butano y prendió la llama de un mechero. Su intención inicial era matarse junto al niño pero, en el último momento, lo pensó mejor. Salió del coche y dejó que su hijo se quemara vivo.

Antes, en una segunda llamada, entre las amenazas del parricida, Margarita fue capaz de escuchar la voz débil de su bebé, ya intoxicado con el gas. Cuando la Guardia Civil reaccionó a sus advertencias, "se pusieron a buscar pero ya era tarde". Era la tercera vez que, en ese mismo día, acudía al cuartel. Las dos anteriores no le habían hecho caso. "Me sentí totalmente desamparada y tratada como una pordiosera", aseguró ayer en Pontevedra. Tanto que, meses después de la condena al parricida, inició una batalla judicial contra la Guardia Civil, denunciándolos por denegación de auxilio. "Me atendieron en la puerta y no me hicieron caso", recuerda. "Estaban obligados a prestarme ayuda y no lo hicieron".

Ahora, cinco años después de esa denuncia, la Justicia no le ha dado la razón. Un juzgado de A Coruña absolvió al guardiacivil que no quiso escucharla. El juez reconoce probada la existencia de una relación "tensa y atormentada", que la actitud de su expareja era "molesta" con continuos episodios de acoso, "chantaje emocional", insultos y amenazas telefónicas, pero avala que la autoridades no respondieran a sus denuncias porque la mujer "no tenía una seguridad mínima para decir que el riesgo (para su hijo) existía". Además, añade que Margarita no quiso presentar una denuncia por escrito y el magistrado se pregunta "qué madre dudaría en denunciar si creyese que alguien está intentando matar a su hijo". No fue hasta las siete de la tarde, ocho horas después de la primera visita de la mujer a la Guardia Civil, cuando según la sentencia "la mujer sí expuso una situación de riesgo".

En aquel momento hubo mandos de la Guardia Civil que le reconocieron que "con una alarma de este tipo tendrían que haber hecho algo", pero esas declaraciones "fueron obviadas" y para respaldar la actitud del agente el juez recuerda que ella misma llamó a dos amigos que, inicialmente, tampoco le dieron importancia a las amenazas.

"Están comparando la reacción de dos civiles que estaban celebrando un cumpleaños con un guardiacivil que está obligado a prestar auxilio", señala Margarita, que relató como en el cuartel le dijeron "que no podían hacer nada" hasta las siete de la tarde, hora en la que el parricida debía entregarle al niño. "Yo entendía que dar una alarma también es denunciar".

Pero la realidad, según Margarita, es que desde las cuatro de la tarde ya expuso una situación de riesgo que ella entendía como "clara" y que recoge la propia sentencia.

El parricida le dijo que "ya no había marcha atrás, que era irreversible, que era una hija de puta y no merecía tener al niño". Tres horas después, cuando por fin la tomaron en serio y empezaron a buscar al bebé, ya nadie podía ayudarle. José Luis Deus lo había asesinado.

Margarita recurrirá la sentencia y llegará "hasta Europa o hasta donde haga falta" para defender que el sistema falló con ella. Igual que con muchas otras víctimas de la violencia de género. "Algo falla porque no escuchan nuestras voces de alarma", mantiene, por lo que está convencida de que casos como el suyo "siguen pasando y seguirán pasando".