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"La Universidad no se puede romper por las irregularidades de un señor"

El presidente de la Conferencia de Rectores, Roberto Fernández, afirma que la CRUE "está para defender a las universidades, para dialogar con los gobiernos, los empresarios y la sociedad y procurar que la universidad funcione lo mejor posible"

Foto de archivo de Roberto Fernández, presidente de la Conferencia de Rectores - FOTO: EFE
Foto de archivo de Roberto Fernández, presidente de la Conferencia de Rectores - FOTO: EFE

MADRID. OLIVIA ALONSO  | 15.10.2018 
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El presidente de la Conferencia de Rectores (CRUE), Roberto Fernández, ha criticado la irresponsabilidad de los políticos que, para defender a un compañero, dicen que la universidad tiene un problema, y ha asegurado que el prestigio de esta institución no se puede romper "por las irregularidades de un señor".

En un entrevista con Efe cuando cumple un año al frente de la CRUE-Universidades Españolas, Fernández (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1954) ha recordado que no fue elegido para hacer política partidaria por ser catalán, algo que "tampoco ha sido nunca un problema".

PREGUNTA: Fue nombrado el 11 de octubre de 2017 en plena crisis por el "procés". ¿Ha servido para tender puentes?

RESPUESTA: No me sorprendí de que me eligieran por ser catalán. Llevaba seis años como rector en CRUE y ser catalán nunca ha sido un problema.

No me presenté para hacer puente con nadie, si las instituciones alteran su papel, el país tiene un grave problema. La CRUE está para defender a las universidades, para dialogar con los gobiernos, los empresarios y la sociedad y procurar que la universidad funcione lo mejor posible.

La CRUE siempre estará abierta a la palabra, la concordia y la conciliación, pero no fui elegido para hacer política partidaria.

P: ¿Las polémicas por los másteres y tesis de algunos políticos han sido los momentos más difíciles este año?

R: Sin duda alguna los momentos de alteración de la legalidad universitaria han sido los más espectaculares para la opinión pública, pero no los más difíciles. Ha habido negociaciones con el Gobierno sobre profesorado, becas y prácticas que no han salido a la luz pública.

Hubiera preferido no haber tenido esos momentos tan espectaculares por motivos tan desagradables, pero los hemos gestionado lo mejor que hemos podido y espero que mis compañeros se hayan sentido bien representados.

P: ¿Debe haber más mecanismos de control externo para detectar irregularidades en las universidades?

R: El caso no hace la categoría y si eso sucede estamos todos muertos en Occidente. De los 200.000 trabajadores de la universidad no conozco ni un solo caso de imputación en nada en los últimos 20 años. ¿Por un caso de un instituto de una universidad nos vamos a cargar la reputación de una institución?. ¿Qué país quiere pegarse un tiro en el pie?. Ese caso no es la categoría, aunque es grave; implica que hay que actuar con contundencia, hay que ver cómo se ha producido para detectar si hay grietas y evitar que se produzcan otros casos.

¿Y qué más tenemos que decir? Porque yo no tengo más argumentos que el sentido común. No podemos romper el prestigio de la universidad porque un señor presuntamente haya hecho irregularidades en un instituto de una universidad. Si no se hubiera llamado Cifuentes no estaríamos haciendo esa pregunta constantemente.

Cuando un político sale y dice para defender a un compañero de partido que la universidad española tiene un problema, es un irresponsable.

P: ¿Hay demasiada politización de la universidad?

R: La universidad debe politizarse en el sentido de polis griego. Tiene que luchar contra el hambre o los muertos de la guerra. Eso es politizar la ciencia o la sociología para ofrecer conocimientos nuevos y ayudar a que eso no exista.

Otra cosa es la utilización partidaria de la universidad. Y cuando pedimos más autonomía es porque es propiedad de los ciudadanos, no de los universitarios. Nosotros lo gestionamos, pero la universidad no es del Gobierno, es del Estado y en ese sentido creo que los gobiernos intervienen demasiado en el gobierno de las universidades.

El Gobierno tiene que intervenir en la política universitaria porque da dinero y tiene que saber si se utiliza bien y en qué. Pero, a partir de ahí, tiene que dejar que cada universidad se arriesgue en perfilar su propia identidad.

P: ¿Cuentan con el apoyo de todos los partidos políticos para la reforma universitaria que promueve la CRUE?

R: Hemos conseguido una unidad de criterio en torno a tres objetivos: que los políticos se ocupen de la universidad para bien, no como arma arrojadiza entre ellos; que se logre un nuevo marco normativo para los próximos 30 años que ponga a España en la sociedad del conocimiento para no perder el rumbo del futuro; y que se haga por una amplísima mayoría.

Hablé con casi todos los líderes políticos y me mostraron su apoyo. El ministro también apostó por la reforma.

P: ¿Cómo se puede conseguir mayor reputación institucional como se pretende con la reforma?

R: En los últimos 40 años hemos hecho un sistema universitario muy homologable al del resto del mundo occidental. La universidad española es un caso de éxito, y con muchísimos menos recursos que la mayoría de las europeas hemos hecho un sistema equitativo.

Somos el décimo primer país del mundo en investigación pero el vigésimo en transferencia. Ahí sí hay un problema.

Si cuando nuestros egresados y científicos van a Europa son bien recibidos, ¿por qué le cuesta a España vivir ese éxito?

Además, en España un joven tiene un 20 % más de oportunidades de meterse en el 6 % de las universidades con más prestigio del mundo (entre las que están casi todas las públicas) que un chico de USA.

Creo que la sociedad española ha reputado a la universidad.

P: ¿Se llegarán a igualar los precios de grados y másteres como demandan los estudiantes?

R: Los estudiantes tienen toda la razón y la CRUE siempre ha defendido la rebaja de los precios de matrícula, la equiparación de matrículas en todas las universidades y autonomías, y que los precios de los másteres, como mínimo, se sitúen en los mismos precios de los grados.

En cualquier caso, nadie con ganas y talento debe quedar fuera de la universidad por cuestiones económicas.

P:¿Considera que hay muchas universidades?

R: Es muy difícil deshacer los tópicos y los lugares comunes. Todos los estudios comparativos entre población y universidades, nuestros y de la UEA (Unión Europea de Universidades), dicen que España no tiene ni muchas universidades ni muchos universitarios.

Tenemos muchas menos de las que deberíamos tener respecto a Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania.

Tendríamos que mirar un poquito más los grados para que tuvieran una demanda sólida en el tiempo y mejorar la relación que tenemos entre universidades y sociedad por medio del mercado laboral para aumentar la empleabilidad de los egresados.

Pero hay títulos que tienen que estar aunque no hubiera ninguna demanda, como Matemáticas o Filología, porque sirven para la investigación o para cubrir necesidades vitales del propio Estado.