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Galicia ambiental

Furtivismo S.A.

La del furtivismo se ha convertido en una actividad, además de delictiva, en todo un negocio organizado y “perfectamente” engrasado

BENITO GARCÍA - SANTIAGO  | 17.05.2008 
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Funciona, sobrevive y crece gracias al “lado oscuro” de la administración: la ausencia de control e inspección. Lo que hemos dado en llamar la “clase política” parece querer medir su capacidad en la generación de leyes que luego, la administración es incapaz de cumplir y hacer cumplir.

Como consecuencia de ello, Galicia padece en la actualidad, entre otros, dos problemas ambientales de gran alcance para la salud: el furtivismo marisquero en zonas contaminadas y el cinegético, especialmente sobre el corzo.

Ambos tienen como destino final el consumo humano en restaurantes y casas de comida poniendo en grave riesgo la salud de quién los consume, al desconocer que ni los primeros pasan la correspondiente depuración, ni los segundos, los análisis que impone la legislación reguladora del comercio de carnes de caza.

El ejemplo más claro del furtivismo marisquero es la ría de O Burgo donde día sí, día también, grupos numerosos y perfectamente pertrechados para la tarea extraen centenares de quilogramos de mariscos, en una ría que presenta altísimas tasas de contaminación por presencia de elementos orgánicos procedentes del vertido de aguas residuales de los tres municipios ribereños: Culleredo, Cambre y Oleiros.

Las denuncias de los mariscadores contra los furtivos y sus movilizaciones han servido para que se acometa un plan de saneamiento anunciado por el Conselleiro de Medio Ambiente y que servirá para que el 31 de diciembre de este año se den por finalizados los vertidos a la ría, aunque sólo el se creyó la afirmación.

De lucha contra el furtivismo, y por tanto de protección de la salud de los ciudadanos, nada se dijo.

Del mar a los montes, especialmente a aquellos que como consecuencia de su abandono han visto como crecía espectacularmente la población de especies de caza mayor (corzo y jabalí, con desproporcionadas poblaciones a pesar de su caza regulada y legal). De todas las comarcas una nos sirve de ejemplo y escarnio de gobernantes: el norte coruñés, desde Ferrol a Ortigueira pasando por Valdoviño o San Sadurniño. Decenas de corzos son sacrificados (por la noche con la ayuda de focos y todo terrenos) cada mes, durante todo el año, por parte de delincuentes, a tiro limpio (aclaración necesaria: estos impresentables no son cazadores, tienen licencia de caza porque la ley obliga a estar en posesión de esta para tener acceso a la correspondiente licencia de armas y a la tenencia de un rifle); son delincuentes que surten a restaurantes que tienen corzo y jabalí durante casi todo el año en sus cartas, cuando el número de reses abatidas daría escasamente para surtir a media docena durante medio año. Los hechos y los nombres de los que los protagonizan son conocidos por las autoridades de Medio Ambiente y SEPRONA, denunciados por las directivas de las sociedades de caza de la zona.

¡Pero la vigilancia del cumplimiento de la ley sigue sin ser el punto fuerte del sistema!