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La desgracia de ser una reina (II)

El 6 de mayo de 1536 Anne, esposa de Henry VIII, al enterarse que iba a ser juzgada por alta traición, lo que seguramente supondría su condena a muerte, escribió esta carta a su marido, que mantenía una relación amorosa con Jane Seymour, quien iba a ser su sucesora en el lecho y el trono reales, como ella lo había sido de Catalina.

No era nada frecuente que reyes y reinas se escribiesen cartas personales, y menos cartas de amor, pero Henry sí que lo había hecho a lo largo de los años en los que, estando casado con Catalina, había mantenido una relación amorosa más de carácter platónico que sexual con Anne Boleyn, una chica de ascendencia burguesa. Y es que Anne descendía de una familia de fabricantes de sombreros de lujo, que había comenzado su ascensión social con su bisabuelo Geoffrey Boleyn (1420-1463), que primero consiguió ocupar cargos directivos en los gremios de sombrereros y sastres, logrando a la vez enriquecerse y acceder a altos puestos en su municipio, bajo la protección de Sir John Fastolf, un personaje en el que se inspiraría W. Shakespeare para su John Falstaff, que le facilitaría posteriormente su acceso a la corte. En ella se movieron su abuelo William y su padre Thomas, que había sido compañero de juegos y amigo y compañero del rey Henry VIII, quien lo invitó a la ceremonia de coronación de la reina Catalina.

Como era costumbre en esa época, las ricas familias burguesas y los nobles confiaban la educación de sus hijas y su preparación para sus prematuros matrimonios adolescentes, o bien a conventos de monjas destinados a la nobleza, y de los que sus abadesas eran mujeres nobles que compraban o heredaban el cargo, o bien a una corte, en la que recibirían una educación literaria y musical, y aprenderían los usos y maneras que debería dominar una mujer de clase alta en sus formas de vestirse, peinarse, relacionase con otras mujeres y hombres y aprender a moverse en esos mundos envenenados de intrigas que por entonces eran las cortes, las grandes instituciones eclesiásticas, políticas y económicas. Esa fue la razón de que Anne viviese en la corte de Borgoña entre 1513 y 1514, y en la corte real francesa entre 1514 y 1520. Allí no solo aprendió a relacionarse, sino que adquirió un gran dominio del francés, el latín y una formación teológica, que le hizo inclinarse hacia las tesis de Lutero que pedían una urgente reforma de la Iglesia.

Fue allí donde conoció al rey y llegó a imaginar que podría desempeñar un papel social más activo que pasivo. Una creencia que iría en su contra a su vuelta a Inglaterra, cuando se encontró con que su padre quería utilizar ante el rey las bazas de sus dos hijas, Anne y Mary, como posibles sustitutas de la reina Catalina. Y es que en el destino de Anne tan funesta fue la ambición de su padre, ennoblecido con cargos por el rey, como la suya propia. De hecho el rey mantuvo una relación primero con Mary, pero nunca la consideró más que a ninguna de sus posibles amantes, ni como sustituta de Catalina.

Anne consiguió, al parecer, que el rey no mantuviese relaciones sexuales con ella antes del matrimonio, porque no quería ser como las demás y engendrar bastardos. Fue cualquier cosa menos esa “zorra y puta”, como le llamaron. Es cierto que mantuvo una relación en secreto con Henry Percy durante un tiempo que no conocemos bien, pero esa relación fue frustrada por su padre, que pensaba que no era lo suficientemente buena para la ascensión social de su hija. Y es que en la vida de Anne, el matrimonio se utilizaba como un instrumento de promoción social manejado a su antojo por los padres.

Anne, culta, inteligente y ambiciosa, creyó que podía mantener una relación amorosa y sexual de igual a igual con un rey, si se casaba con él. Pero el rey tenía unos planes más amplios. Lo que quería en primer lugar era un vientre que le diese un hijo varón, lo que Anne, como Catalina, no pudo lograr por la muerte prematura de sus hijos, y luego una esposa tan sumisa como la que describe Catalina de rodillas en su juicio. Pero entre Catalina y Anne había una gran diferencia. Catalina era hija de reyes y tía de un rey y emperador, y por eso su asesinato judicial habría supuesto una guerra. Anne no. Unos pocos años antes la habrían encerrado de por vida en un convento, pero en Inglaterra ya no había conventos de monjas, ni ricas ni pobres. Henry VIII y Anne habían decidido expropiarlos y luego destruirlos.

He aquí lo que dice al rey en su carta: “El rechazo de vuestra Majestad y mi encarcelamiento me parecen tan insólitos que me llevan a escribiros y preguntaros por unas razones que ignoro. Habéis enviado a quien Vos sabéis es mi antiguo y declarado enemigo [T. Cromwell] para que confesase la verdad y poder obtener así vuestro favor. Pero en cuanto recibí su mensaje, pronto me di cuenta de su sentido. Si, como decís, confesar la verdad pudiese procurarme la salvación lo haría de buen grado y acataría vuestras órdenes. Pero no me podía imaginar que quisieseis que vuestra pobre esposa confesase unas faltas que ni siquiera hubiese podido concebir.

Nunca príncipe alguno ha tenido esposa más fiel que Vos habéis tenido con Anne Boleyn, y así hubiese seguido siendo por mi parte, si Dios y la gracia de vuestra Majestad lo hubiesen así deseado. Me elevasteis desde una condición inferior y os ruego que no permitáis que la mancha de la deslealtad caiga sobre mí y sobre vuestra hija la Princesa. Si se celebrase un juicio público no tendría nada de qué avergonzarme y podríais comprobar cómo resplandecerían mi inocencia, y si se demostrase mi culpa, entonces podríais castigarme como a una esposa infiel...

Pero si Vos ya habéis decidido que mi muerte y una acusación infame os traerían vuestra deseada felicidad, entonces ruego a Dios que os perdone vuestro gran pecado y el de mis enemigos, que son vuestros instrumentos” (6 de mayo de 1536).

Esta fue la acusación urdida para un juicio, en el que cada delito es descrito con el mismo cliché en el caso de sus supuestos amantes; Lord Rocheford, que era Geo Boleyn, hermano de la reina, y los señores Norreys, Bryeton, Weston y Smeton.

“Mientras la reina Anne había sido la esposa de Henry VIII, a lo largo de más de tres años, con desprecio de su matrimonio y traicionando a su Rey, arrastrada día tras día por su debilidad y su lujuria, logró furtivamente con sus susurros, besos, tocamientos, con sus regalos y otras infames artimañas, que parientes y fieles del Rey fuesen sus concubinos y cómplices de sus adulterios, copulando con ella” (SLP, Henry VIII, vol. 10876).

Una cosa era el adulterio y otra la traición. Pero Anne fue ejecutada como traidora, quizás porque consiguiese que, al ser una mujer de pleno derecho, ese rey erudito, poeta y músico, al que se le atribuye la composición de Greensleeves, comenzase a dudar de su virilidad, por su debilidad de haber sido encantado por las damas de las “mangas verdes”. La noche de la ejecución el rey celebró una fiesta con Jane Seymour, la nueva sucesora en el trono. ¿Cómo podemos explicar tanta crueldad?

En primer lugar porque las reinas son mujeres, y su papel era básicamente el de ser vientres reproductores de las familias de sus maridos, nada más. Por eso si fallaban en el empeño, o si se acercaban a una menopausia que llegaba en torno a la cuarentena podría ser arrinconadas, con honor si habían parido al heredero, o sin él en caso contrario. Y además porque el poder y las intrigas por el poder lo envenenaban todo, como siguió ocurriendo en Inglaterra.

Al morir Henry VIII sin hijos su hija Elizabeth se convertiría en reina. Pero como los católicos ingleses y de otros países no dieron validez al divorcio de Catalina consideraron que no tenía ese derecho por ser bastarda. En Escocia la reina Mary Stewart, nieta de una hermana de Henry VII, consideró por eso que sus hijos podrían heredar el trono inglés. Por sugerencia de Elizabeth se casó con Henry Stewart, Lord Darnley, de confesión anglicana. Pero lo hizo según el rito católico y en secreto, causando la ira de la reina inglesa. Sin embargo posteriormente Darnley volvió de nuevo a su fe anglicana, lo que hizo que Mary, que había dado a luz a un hijo suyo comenzase a odiarlo, tras el asesinato de David Riccio, un consejero de la reina, apuñalado por el rey y sus cómplices en presencia de la reina Mary, que decidió vengarse de su marido, una vez logrado ya un heredero. Así lo hizo el 9 de febrero de 1567, haciendo saltar por los aires el palacio de Holyroodhouse, donde su marido enfermo de sífilis se había refugiado. No murió por la explosión, sino asfixiado por alguien con una almohada.

El 24 de julio de ese mismo año los nobles protestantes y la Iglesia de Escocia destronaron a la “puta papista” de la reina, la encarcelaron en un castillo en la isla de Loch Leven y coronaron rey a un niño de un año. Como Anne, parece ser que también esta reina era puta. Parece que nada cambia en la historia. Las políticas del pasado y el presente a veces son igual de indecentes. Muchos hombres son igual de despreciables y muchas mujeres siguen en la desgracia que les trae compartir su vida, su amor y su sexualidad con ellos.

21 nov 2020 / 23:55
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