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OnyVÁ, el mercadillo de las buenas vibras

San Vicente. Ana Iglesias // Personalmente, creo que un verano no es verano sin un plan que te lleve a ver el mar, que te deje disfrutar de un aperitivo con buena música y en buena onda, y que te reúna con amigos, la mayoría de las veces, de hecho, con aquellos que lo son solo y exclusivamente en esta parte del calendario. Por eso, inaugurar agosto, el mes de las vacaciones por excelencia, en El Naútico de O Grove, me pareció ayer la mejor forma posible de hacerlo.

Sobre todo teniendo en cuenta que la agenda mensual del emblemático local de la playa de A Barrosa arrancó con una de sus habituales sesiones vermú amenizada con concierto en vivo, y una de sus actividades tradicionales, la octava edición del showroom de OnyVÁ, un divertido mercadillo de artesanía y diseñadores que cada año se reformula y va a más.

Y en esta ocasión, coronavirus mediante, con reinvención más que obligada, como todos los actos que se hacen, pero sin perder su espíritu, dar a conocer marcas de creadores y diseñadores que actualizan la artesanía, y que se convierten en una sucesión de sorpresas para paseantes y compradores, en una jornada que permite combinar playa, tapeo, coctelería, música y shopping. Eso sí, con mascarilla y litros de gel hidroalcohólico y nueva ubicación, en el paseo que bordea el local, donde vecinos de la zona y visitantes aprovecharon para pasear entre los puestos y conocer piezas de joyería contemporánea, láminas, ropa o accesorios, con numerosas sorpresas e historias muy curiosas tras los puestos.

Un nuevo éxito para sumar al showroom OnyVÁ, puesto en marchar por Grace Castro, y que tendrá una segunda jornada el día 23, con la incorporación de algunas firmas nuevas que no han podido estar en este primer día. Un éxito de público ayer, y también una gran acogida de los artesanos a la convocatoria desde el primer minuto en el que Grace lanzó la propuesta.

“Tenía mis dudas cuando empecé a planificarlo”, confiesa, “pero en dos días ya tenía cubierto el aforo de la primera jornada y mitad de la segunda, así que estoy muy contenta”.

Como en ediciones pasadas, hay firmas de artesanía que repiten asistencia, pero también muchas que se incorporan este año por primera vez, lo que hace que “el mercadillo siempre tenga seguidores que ya lo conocen y vengan buscando piezas de sus creadores preferidos, pero también que nunca una edición resulte igual a otra y puedan encontrar novedades, además de que llegue a más publicos”.

Completamente consolidado, el showroom OnyVÁ siempre va a más. Este año con una foodtruck, La Gulería, especializada en crepes, gofres helados y yogures, y una veintena de puestos con una amplia variedad de propuestas, desde la ropa de surf de Wakan, a los collares de Monneck, los vestidos y pareos de El escondite los accesorios de Patt & Pau y María Calas, la bisutería y serigrafía Meu de O Grove, las láminas y camisetas de La Barbuda o la joyería contemporánea de Perdona Bonita, entre otras. También con los retratos a rotulador de Isa, que se dedica a recoger residuos y convertirlos en auténticas obras de arte.

Y con artesanos que repiten, como Las Jerolas, con su “ropa con historia”, dedicada a la creación de bolsos y prendas reutilizando telas, y otros que se incorporan como Fío de Martie, especializada en sorprendentes corbatas y pañuelos de seda.

Pero sobre todo, con creadores con historias muy curiosas como la de Jenny, tercera generación de collareiras de A Toxa, que comenzó yendo a vender collares y pulseras a su puesto en la isla con su abuela y su madre, y terminó creando sus propias piezas con piedras, corales, palos, cristales, cuero y resinas, manteniendo el espíritu de las conchas pero con diseños más actualizados.

Igual de sorprendente que la que tiene OFFC, productos realizados con excedentes de stock en una apuesta por el upcycle, fabricando neceseres, bolsas de playa, turbantes y, cómo no, mascarillas.

Todas de edición limitada. “Nunca sabemos lo qué vamos a hacerCompramos telas y sobre ellas, diseñamos las prendas y accesorios que vamos a hacer”, explica la artífice de la marca, que acompaña cada producto con una etiqueta que narra la historia de la pieza.

Otro de los stands estrella fue ayer el de Nefelibata, tras el que se encuentra Sara, quien después de viajar durante cinco años a la India montó allí su taller para diseñar prendas y enseñar a las mujeres a coser. Su propuesta, prendas realizadas a mano, algunas con ricos bordados artesanales, confeccionadas en antiguos saris de seda, que llamaron la atención por su vistosidad y su espectacular belleza.

Y es que en cada mercadillo de OnyVÁ siempre hay muy buena onda , pero sobre todo, muchas historias curiosas que contar.

02 ago 2020 / 00:23
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