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Romay: "En estos premios late lo mejor de la sociedad civil gallega"

El expresidente del Consejo de Estado destaca "el compromiso de EL CORREO con un periodismo serio, riguroso y de calidad" // Alaba la capacidad política de Fraga, Rajoy y Feijóo

José Manuel Romay durante el discurso que pronunció en la gala de los Gallegos del Año - FOTO: ECG
José Manuel Romay durante el discurso que pronunció en la gala de los Gallegos del Año - FOTO: ECG

REDACCIÓN SANTIAGO   | 12.10.2018 
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Aquí latía un solo corazón unánime. El verso de José Ángel Valente sirvió a José Manuel Romay Beccaría, tras agradecer el honor que para él representaba este premio como Gallego del Año 2018, para dibujar el sentido de una gala como la que se celebraba ayer en la que se hacía entrega de los galardones creados por EL CORREO en su edición número 29.

Aquí latía un solo corazón unánime, recordaba el expresidente del Consejo de Estado. "Y en efecto" dijo Romay, esta noche aquí late un solo corazón unánime, el corazón de lo mejor de la sociedad civil gallega, el corazón de la Galicia que habita en la excelencia".

"Y también late aquí hoy esa feroz atracción por nuestra tierra, esa enfermedad incurable del alma que padecemos todos los gallegos: nuestro inmenso amor a Galicia".

El veterano político fue protagonista principal de un solemne acto que r­eunió en el Palacio de Congresos de Santiago a cerca de dos millares de personas (ese corazón unánime del que hablaba Valente), y en el que estaba acompañado por "su discípulo predilecto", el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el titular del Parlamento Gallego, Miguel Santalices; el delegado del Gobierno en Galicia, Javier Losada, entre otras autoridades.

Romay quiso dar las gracias a EL CORREO GALLEGO "por este reconocimiento abrumador e inmerecido", por ser "referente indiscutido del periodismo serio, riguroso y de calidad" y "por vuestro compromiso con Galicia y por vuestra apuesta decidida, desde hace muchos años, por los valores democráticos, la concordia y el encuentro". Se refirió a "los hombres que simbolizan vuestra historia (con un recuerdo especial para Borobó y Beotas) que habéis convertido al diario más antiguo de Galicia, en esa otra Catedral de Santiago de Compostela".

Recordó precisamente aquellos lejanos días en los que "un rapaz de Betanzos, mi Ítaca de verde eternidad, llegó a Compostela a estudiar Derecho en el viejo caserón de la universidad" y resumió, en muy pocas líneas, su larga trayectoria: "Yo solo soy un político betanceiro, que ama los libros, con una larga carrera casi tan vieja como el tiempo. Larga carrera, porque a algunos hombres, como el verso de Holderlin no nos es dado descansar en ninguna parte".

"Sé que hoy no reconocéis al hombre de ideas, ni tampoco al jurista a tiempo parcial que también he sido. Se que reconocéis al político que dividió su carrera entre Galicia y Madrid. Una carrera que permitió el milagro de que un niño de Betanzos viviese en primera fila, casi medio siglo de historia del centro derecha español", añadió Romay al tiempo que compartía ("esta vida, estos recuerdos") este momento con Pilar, mi mujer, con mis cinco hijos, con mis nietos y toda mi familia, y con tantos amigos y colaboradores hoy aquí presentes. Este premio también os pertenece".

SU PADRE Y TRES PERSONAS. José Manuel Romay Beccaría quiso citar durante su intervención a su padre, Emilio Romay, del que dijo que "fue y es el gran referente de mi vida, tanto en el plano humano como profesional. Él también era abogado y político. Un abogado peculiar que se olvidaba de cobrar a sus clientes y un político especial entregado al servicio de sus vecinos, especialmente de los más humildes. De él aprendí que la política es una de las vocaciones más nobles y hermosas que un hombre puede sentir".

Con tono de voz emocionado, el que fuera conselleiro de Agricultura y Sanidade en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, se refirió a "mi maestro, don Manuel Fraga, para recordar su paso por la Xunta y que él fue uno de los que le animó a regresar a Galicia. "Con Fraga, la autonomía gallega, sus instituciones, alcanzaron un fuerte arraigo social, no eran una entelequia ni una ficción creada por la ley. Con don Manuel se creó una atmósfera especial, un espíritu, unha brétema, que incluso coincidió con el hito de que el Deportivo ganase la liga. Galicia vivió su auténtico Rexurdimento; despertó, esperemos que para siempre, de su Longa Noite de Pedra".

El segundo de los referentes políticos a los que aludió Romay fue Mariano Rajoy para manifestar públicamente que "ha sido un inmenso orgullo compartir tantos años de mi vida política con este compostelano honrado y cabal. A Mariano le tocó gobernar España en unos años muy difíciles y supo convertir la tempestad en bonanza y entregar a su sucesor una España mucho mejor que la que recibió. Rajoy ya está en la historia, una historia que le va a tratar con muchísima generosidad: y él asiste a su súbita canonización y elevación en tiempo record a los altares de la política española, con una sonrisa socarrona desde su registro".

Cerró la trilogía el veterano político amante de los libros con una palabras dirigidas a mi discípulo predilecto, a ese otro hijo, al presidente Alberto Núñez Feijóo". Dijo de él que "llegó a donde yo nunca llegué y supo llenar el inmenso vacío que don Manuel dejó en la Xunta y en el corazón de los populares gallegos".

Añadió Romay que "Alberto Núñez ha cumplido muchos de mis sueños políticos, acreditando un compromiso con Galicia y los gallegos absoluto e indestructible. El presente es suyo, y el futuro también le pertenece, un futuro que será tremendamente provechoso para todos los gallegos, tenga su domicilio social en Galicia o no". "Querido Alberto, tienes todo mi reconocimiento y afecto", cerró el expolítico.

CONSTITUCIÓN Y TRANSICIÓN. La última parte de la intervención de José Manuel Romay Beccaría fue para reivindicar y poner en valor, en estos momentos de turbulencias políticas, nuestra Carta Magna y el periodo que condujo a España de la dictadura a la democracia.

"Los años de la Transición", dijo Romay, " y los últimos cuarenta años de la historia de España han sido un inmenso éxito colectivo, un inmenso triunfo de España y los españoles, le pese a quien le pese. La estabilidad institucional que nos proporcionó la Constitución de 1978, permitió un enorme desarrollo económico y propició también que el bienestar de los españoles alcanzase cotas insospechadas. Es la España de la Transición un claro ejemplo de la importancia de las instituciones y la política para el desarrollo económico".

No quiso el exministro de Sanidad cerrar su referencia a estas cuatro décadas sin reivindicar "la figura del rey don Juan Carlos, el arquitecto del gran edificio de la Transición española, una de las obras más deslumbrantes de la arquitectura política del siglo XX, y el padre de la España actual: la mejor España de la historia. Los errores del hombre nunca oscurecerán los aciertos del rey, entre ellos, una noche oscura del alma que los españoles y la historia nunca olvidaremos. Una noche donde Don Juan Carlos convirtió Waterloo en Austerlitz. Entre sus inmensas luces, entre sus inmensos aciertos, su hijo, su sucesor, el rey Felipe VI, que en muy poco tiempo nos ha ganado a los españoles con el arma más débil y poderosa que existe: el ejemplo".

Y, como hombre de libros, se despidió proclamando su fe "a Quevedo, a Fernando Pessoa y a Jorge Luis Borges" tras haber citado también en su discurso a Baudelaire, Octavio Paz o Caballero Bonald.

"La estabilidad institucional que nos proporcionó la Constitución de 1978, permitió un enorme desarrollo económico y propició también que el bienestar de los españoles alcanzase cotas insospechadas".