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XXX Edición Premios Gallegos del Año

"La distinción de Gallego del Año me anima a ser siempre peregrino"

Monseñor Julián Barrio recibió el máximo galardón de los Premios arropado por 1.500 invitados // "La Iglesia compostelana sale al encuentro de nuestra sociedad, creyentes o no"

Monseñor Julián Barrio, arzobispo de Compostela durante su intervención
Monseñor Julián Barrio, arzobispo de Compostela durante su intervención

REDACCIÓN   | 11.10.2019 
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Emocionado y agradecido, monseñor Julián Barrio recibió anoche el Premio Gallego del Año 2019. Ante un Palacio de Congresos abarrotado por más de 1.500 invitados, el arzobispo de Santiago comenzó su intervención usando la lengua de Galicia y con palabras de gratitud para el Grupo Correo Gallego y la sociedad civil por arroparle en un día tan especial. "A comunicación de ser elixido Galego do Ano causoume non pouca sorpresa comprendendo que a vosa consideración vai máis aló do que razoablemente cabería esperar. Con humildade, na misión que a Igrexa me confiou na Diocese compostelá xa hai vinte e seis anos, tratei de ir labrando o voso respecto sen pretender contar coa vosa admiración, que sempre depende máis da bondade de quen admira que do esforzo de quen quere ser admirado", señaló el prelado.

Máxima autoridad de la Iglesia gallega desde 1996, no quiso dejar de hacer referencia a sus orígenes en la Diócesis de Astorga, donde recibió la comunicación del papa Juan Pablo II para ser obispo auxiliar de la ciudad del Apóstol. Al respecto, recordó a los asistentes que "veño xeograficamente dunha terra onde a luz madura con forza e onde as noites escuras fan visible a vía láctea, que se fai camiño de terra para chegar a Santiago, e na que a paisaxe está configurada pola recia aciñeira e o flexible chopo. Aquí atopei o carballo e o eucalipto, similares no seu reciedumbre e flexibilidade. Reciedumbre serena e mirada esperanzada cara ao alto son as claves que atopei na xente galega que é a miña xente, que son a súa xente".

Así, como buen gallego de adopción, rindió también homenaje a Rosalía recitando ante los cientos de asistentes algunos de sus versos más nostálgicos, al tiempo que declaró su admiración por "esta comunidade galega na súa terra e mar, nas súas aldeas, vilas e cidades, na súa cultura, lingua e tradicións, as súas institucións e xentes, na súa capacidade para mirar sempre adiante con sentidiño e non quedar cegada ante o lóxico e necesario progreso".

En este contexto, añadió que aquí "deime conta de que Santiago non figuraba entre os centros financeiros do continente, nin entre as principais instancias na toma de decisións políticas que pretenden ser fío transversal do goberno político no mundo". Para monseñor Barrio son muchos los valores de Compostela, pero el más importante consiste en ser "meta para o espírito do ser humano, que se rebela contra os intentos de facelo desaparecer baixo a asfixia do materialismo".

En comunión con la Iglesia de Roma, el arzobispo también tuvo palabras de consideración hacia el papa Francisco y rememoró el mensaje de afecto que el santo padre envió la semana pasada a la Archidiócesis compostelana con motivo de la Asamblea Plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, que se celebró en la capital de Galicia.

"A Catedral compostelá é testemuña secular do magnetismo que exerce o Apóstolo Santiago sobre tantas persoas que desexan emprender un novo camiño para o seu espírito", indicó el prelado en su intervención, antes de apuntar que "canto máis rapidamente camiña a humanidade, tanto maior é a necesidade que sente duns cimentos firmes".

Aludió al fenómeno jacobeo, sobre el que dijo que "o rito, o misterio e a tradición cultural da peregrinación a Santiago seguen sendo un instrumento axeitado, susceptible de expresar o sentido profundo da existencia humana e, polo tanto, da vida de fe cristiá na procura do mellor que só se consegue a través da verdade que nos fai libres". En este sentido, sostuvo que "non hai sistemas que anulen por completo a apertura ao ben, á verdade e á beleza, nin a capacidade de reacción que Deus segue alentando desde o profundo dos corazóns humanos".

El galardonado aseguró que en esta cuestión trató siempre de colaborar, teniendo en cuenta que "a Igrexa non é soño de grandeza, senón de disposición de servizo ata dar a vida", y sabiendo que generalmente "gañamos a confianza daqueles en quen poñemos a nosa, pois dá máis forza saberse amado que saberse forte, aínda que ás veces haxa que camiñar á intemperie.

Manifestó el prelado que el símbolo de la Iglesia no es la torre de marfil, sino la tienda de Dios entre los seres humanos. "Non ten por que acudir á apoloxética en calquera obxección crítica nin avogar por cousas, circunstancias ou acontecementos do pasado ou do presente a calquera prezo, co cal non faría máis que perder en credibilidade".

 


CONQUISTAR LOS LEGADOS. Ya en castellano, subrayó ante el auditorio que "en mi caso, la mitra apunta no a mis méritos o esfuerzos sino a la gracia de Dios que pide la misión y da lo que pide". Así, indicó que "día a día hemos de conquistar lo que se nos ha legado. Y esto sólo puede hacerse animando y configurando nuestra cultura y analizando críticamente las manifestaciones degenerativas". Sobre esta cuestión, añadió que "pasado y futuro, tradición y promesa han de ayudarnos a interpretar el presente de la sensibilidad humana, religiosa y cristiana, anunciando una visión del camino humano llena de esperanza en un futuro mejor".

En su discurso, monseñor Barrio quiso poner en valor las palabras del historiador francés Marc Bloch: "La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado; pero no es quizás menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente".

El objetivo de este conocimiento, detalló el titular de la mitra compostelana, se centra en conectar la realidad con la razón, de forma que resulte posible y factible comprender las sociedades humanas en el tiempo. "Un desacorde conjunto de monólogos, en el que todos hablan y pocos escuchan, parece caracterizar nuestro momento actual", aseguró.

Con esto, añadió, se pone en cuestión el diálogo y la concordia, esenciales en la convivencia. "En mis años de estudiante en Salamanca", comentó, "me llamó la atención esta frase del autor latino Cayo Salustio Crispo", que se exhibe como emblema en la fachada plateresca de la universidad: "En paz y armonía las pequeñas cosas crecen, en discordia las grandes decaen".

En esta clave, declaró, la Iglesia compostelana "sale al encuentro de nuestra sociedad y de todos los peregrinos, creyentes y no creyentes", ofreciéndoles "en actitud de diálogo" su acogida, invitándoles a "entrar en el espacio sagrado, para orar, unos al Dios conocido por la fe, otros al Dios desconocido". "No pongamos a Dios en modo avión, corriendo el riesgo de horizontalizar nuestra vida en un futuro próximo", remarcó en la parte final de su discurso, en la cual incidió en que "la búsqueda de la verdad no es fácil. Colaboremos a encontrarla con valentía, pues no hay atajos hacia la felicidad y la belleza de una vida plena".

"La distinción de ser Gallego del Año me anima a ser siempre peregrino, para el que el día no comienza en donde acaba otro día y al que ninguna aurora encuentra en donde lo dejó el atardecer", concluyó el arzobispo, justo antes de un interminable y caluroso aplauso del público.

 

"Son moitos os valores desta cidade, pero o máis importante deles consiste en ser meta para o espírito do ser humano, que se rebela contra os intentos de facelo desaparecer baixo a asfixia do materialismo"