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El político, jurista y amante de los libros Romay Beccaría, proclamado Gallego del Año

Se ha dedicado a "la vocación más noble que puede sentir un hombre, siempre que vaya acompañada de honradez y grandeza de espíritu"

Jose Manuel Romay Beccaria cuando recibió, de manos del presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijoo, la medalla de Galicia el 24 de julio de 2017 - FOTO: EFE
Jose Manuel Romay Beccaria cuando recibió, de manos del presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijoo, la medalla de Galicia el 24 de julio de 2017 - FOTO: EFE

MARÍA ALMODÓVAR. SANTIAGO   | 07.10.2018 
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"Prudencia y moderación, combinación de acción y reflexión", dijo Núñez Feijóo de su padrino político, el entonces presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría (Betanzos, 1934), cuando en 2017 le impuso la Medalla de Oro de Galicia, el máximo reconocimiento que se le hace a los que se han comprometido con nuestra tierra, honrándola con lealtad.

Es un servidor público, un hombre de Estado que sigue convencido de la nobleza de la política. "Eso sí, siempre que ­vaya acompañada de honradez y prudencia", como se recoge en El equilibrio ­permanente (Quidici Editores), un libro que comenzó a escribir el ­recordado ­maestro del periodismo Enrique Beotas..., y que su buen ­amigo Romay decidió ­concluir.

Lejos de la imagen distorsionada -últimamente, con razón- que a priori pueda tenerse de un político, el de la pequeña ­pero hidalga ciudad gallega de Betanzos es respetuoso y humilde, como demostró en el discurso de la segunda toma de posesión como ­presidente del Consejo de Estado, en 2012.

"Es verdad que ocupé muchos cargos y fui distinguido con muy honrosos nombramientos, pero es cierto que también cesé muchas veces, para bajar del coche oficial y volver al autobús. Puedo decir que ­aprendí más de los ceses que de los nombramientos, y que esa vuelta al contacto con la ­gente, lejos de los despachos, fue para mí siempre de gran ­utilidad".

Tiene muy claro que las claves del éxito de los gobernantes "hay que buscarlas en los niveles menos pretenciosos, más ­modestos".

De Romay Beccaría ha llegado a decir la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, que "ha hecho del servicio público y de la prudencia sus señas de identidad. Valores que ha plasmado en las más de cinco décadas que lleva dedicado a la vida pública". Porque allí donde ha estado y en todos los cargos que ha desempeñado "siempre ha defendido la fortaleza y las bondades de nuestro sistema ­democrático".

UN RECORRIDO POR SU TRAYECTORIA. Estudió el bachillerato en el Colegio Apóstol Santiago de los Padres Jesuitas, en Vigo. Licenciado en Derecho por la Universidade de Santiago, fue profesor de Derecho Administrativo en la misma institución. Ganó las oposiciones a letrado del Consejo de Estado en 1959. A lo largo de su carrera y en distintas administraciones, ocupó los cargos de secretario general de Sanidad, director del Instituto de Estudios de la Administración Local, ­subsecretario de la ­Presidencia y del Ministerio de la Gobernación, vicepresidente de la Xunta, presidente de la Diputación de A Coruña, conselleiro de Agricultura y de Sanidade con Manuel Fraga y ministro de Sanidad y Consumo con ­José María Aznar.

Fue diputado en el Parlamento gallego y en el ­Congreso, fue también senador por la comunidad autónoma de Galicia y presidente del ­Consejo de Estado en dos ocasiones.

A la citada institución llegó primero como opositor. Para llegar al Consejo de Estado hay que tener "un especial valor y confianza" en uno mismo porque "es muy difícil en ese poco tiempo -desde que se convoca la oposición hasta que se celebra no suelen pasar muchos meses- preparar un programa tan exigente. Ese valor y confianza en sí mismo le será de mucha ayuda en el futuro", asegura Romay.

En el Consejo de Estado coexisten juventud y madurez, los letrados trabajan con libertad y el perfil de sus consejeros se corresponde con el de hombres preparados, ­prudentes y con un alto sentido del Estado.

El Consejo de Estado fue para el gallego "una escuela de saberes y un ejercicio permanente de humildad".

Llegó a ser tesorero del Partido Popular, es presidente de honor del PPdeG y del PP de A Coruña, está en posesión de las Grandes Cruces españolas de Carlos III, Isabel la Católica, Mérito Civil, San Raimundo de Peñafort y Sanidad y la Gran Cruz al Mérito de la Guardia Civil. Está en posesión, asimismo, de la Gran Cruz al Mérito de la República de Austria y ha recibido la Medalla de Oro al Mérito Sanitario de Galicia, el Premio Montero Ríos, el título de Hijo Predilecto de Betanzos y la Medalla de Plata de su ciudad natal.

Polio y 061. Mientras era secretario general de Sanidad, dirigió una campaña de vacunación contra la polio en 1963, "la cual nos permitió vacunar a más de ocho millones de niños y erradicar casi por completo la enfermedad en España gracias a la vacuna Sabin". Además, otro de sus logros siendo conselleiro de Sanidade fue el de extender el servicio del 061 para la atención en el medio rural.

Cuando ingresó en la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación, llegó a definirse como "político, jurista y amante de los libros" de Todorov, Bobbio, ­Dahrendorf, Sartori, Zakaria, Steiner o Popper...

Y así es este betanceiro, que tiene muy claro que ­"nosotros estamos aquí ­para servir al Estado y al ­legítimo Gobierno de España y a través de ellos, a todos los ­españoles".

Del mentor político de Rajoy, dijo el presidente Feijóo que es uno de los "artífices de la transición española y de la transición gallega: en ambas constan sus pinceladas de moderación y templanza".

EL CORREO -al que se refirió como "esa otra catedral de Santiago"- se honra al elegirlo Gallego del Año, título que premia una vida ejemplar, espejo en el que todos deberíamos mirarnos para conseguir una Galicia mejor.

"Viví el empeño de mi padre por ayudar. Quise seguir su ejemplo"

VOCACIÓN. Su padre falleció a los 53 años, cuando acababa de cumplir 16, "pero la semilla de la vocación política ya había dado sus frutos y en la casa había además una madre determinada y generosa, dispuesta a trabajar y a inmolar el pequeño patrimonio familiar para no tener que renunciar a ninguna ambición para sus hijos". Viví el desvelo de mi padre, presidente de la Diputación de A Coruña, por los niños de la Casa Cuna..., se desvivió por el Hospital de Santiago, hizo construir una Escuela de Formación Profesional Agraria... Viví su empeño por ayudar, el cariño con que trataba a todos y la alegría de las gentes sencillas cuando sentían su ayuda. Quise seguir su ejemplo". 

SU FAMILIA. "Sin su comprensión sostenida a lo largo de muchos años, mi vocación política que me ha traído hasta aquí se hubiera visto muy ­obstaculizada".