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La paleoantropóloga María Martinón se incorpora al club Gallegos del Año

Apunta la directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana que "la satisfacción es un regalo que se labra, no que brota de un día para otro"// "La familia es mi piedra angular para todo"

Una de las principales expertas en evolución humana del mundo, pertenece al equipo de Atapuerca desde 1998 - FOTO: A. Canet
Una de las principales expertas en evolución humana del mundo, pertenece al equipo de Atapuerca desde 1998 - FOTO: A. Canet

MARÍA ALMODÓVAR SANTIAGO   | 09.06.2019 
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A la investigadora María Martinón Torres (Ourense, 1974) siempre le ha interesado el ser humano. "Me intriga comprender, desde el principio, de qué estamos hechos, cómo funcionamos, de qué somos ­capaces y desde cuándo. Porque con la misma curiosidad con que un niño desmonta un juguete para conocer sus engranajes, quiero comprender cómo hemos llegado aquí y a ser cómo somos", explica con pasión a EL ­CORREO GALLEGO.

Sin embargo, parece que algunos profanos en la materia, por desconocimiento, no le dan mucha importancia a un área como la suya, la paleoantropología, a la que le ponen la etiqueta de aburrida. Y es todo lo contrario. Ante esto, opina que "para bien o para mal, hay poca rutina en nuestro trabajo. Difícilmente un día es igual a otro. No lo es ni en el campo, durante las excavaciones, porque no puedes adivinar qué y cuándo aparecerá algo, aunque tengas razones para albergar esperanzas, ni en el laboratorio, donde el análisis de las evidencias te sorprende y te obligan a reconsiderar tus propias teorías. Eso sí, les diría que si pertenecen al mundo de la inmediatez, donde lo quieren todo, ya, y resumido en 140 caracteres, comprendo que trabajos laboriosos y pacientes como el científico o como la propia excavación no resulten atractivos". Aun así, "la satisfacción es un regalo que se labra, no que brota de un día para otro".

Doctora en Medicina y Cirugía por la USC, Máster en Antropología Forense por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Orígenes Humanos por la Universidad de Bristol, pertenece al equipo de Atapuerca desde el año 1998.

Sus investigaciones se centran en el estudio de la paleobiología de los homínidos, evolución del aparato dental con implicaciones taxonómicas y filogenéticas, escenarios evolutivos y paleopatología. Ha ­participado en varios proyectos de carácter internacional con Francia, China, Sudáfrica, Reino Unido o la República de Georgia.

Relata que el pasado le trasmite que "somos un primate curioso, capaz de lo más práctico y de lo más poético al mismo tiempo. Hemos convertido en útil lo inútil. La literatura, el arte, la música, actividades que son aparentemente poco pragmáticas, son la llave de nuestra gran ­cohesión social, el esqueleto de una especie multitudinaria que sabe conectarse más allá de la distancia. Esa es la ­clave de nuestro éxito. Nuestra especie es fuerte no por la fortaleza del ­individuo, ­sino por su alianza", ­enfatiza Martinón Torres, quien ingresa en el selecto club Gallegos del Año con ­sentimientos de ilusión y gratitud.

"Para mí es una honra, especialmente por compartir esta mención con gallegos de talla universal". Le parece, además, una ­iniciativa "maravillosa. En un mundo en el que parece que los medios de comunicación se centran en ­subrayar lo ­negativo, el esfuerzo de destacar y aunar lo positivo, utilizar la ­ciencia y la cultura como eje vertebrador de los valores de una tierra es y ­hacerlo noticia, es todo un acierto. Lo bueno también hay que ­contarlo".


"EL PEOR ENEMIGO DE LA INTELIGENCIA ES EL ACOMODAMIENTO". De todos modos, "tenemos todavía muy pocos fósiles. Afortunadamente, al puzle le faltan muchas piezas, todavía seremos testigos de sorpresas porque sabemos mucho y a la vez muy poco". Recalca que "es una suerte poder esperarlas. Estar alerta para lo que pueda venir, y comprenderlo, es un ejercicio muy saludable para el intelecto. El peor enemigo de la inteligencia es el ­acomodamiento".

Optimista y afortunada, la médica María Martinón apunta que los miembros de su familia "son mi piedra angular para todo. El lugar al que pertenezco, mi punto de referencia, mi orgullo. Le dan sentido a todo. Son ­parte fundamental de mí, no se me podría comprender sin ellos". Pertenece a una saga familiar admirable y de prestigio, así que no es de extrañar que la paleoantropóloga sea ya una autoridad en su profesión.

Y como buena gallega, se siente orgullosa de serlo. "Además de que mi acento todavía me delata, he tenido la suerte de nacer en una de las tierras más bonitas y fecundas del mundo, en todos los sentidos, una tierra generosa y hospitalaria. Los gallegos han demostrado que la patria es algo más que un territorio físico y aunque estemos fuera de Galicia, la llevamos puesta, la habitamos y la compartimos, estemos donde estemos. Es expansiva, trasciende la ­geografía".

Un día de trabajo como directora en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), en Burgos, o como catedrática honoraria del Departamento de Antropología del University College de Londres es muy variado. "Mi trabajo incluye actividades científicas, docentes, divulgativas y de gestión y administración. Es una suerte poder ­desarrollar tantas facetas. Me hace crecer como persona", señala.


MENCIÓN A CARRACEDO Y BERMÚDEZ DE CASTRO. Como toda persona exitosa, no se olvida de sus dos codirectores, ambos con raíces gallegas: "Ángel Carracedo, quien me abrió las puertas de par en par y me dio el impulso necesario para volar cuando apenas tenía ni alas, y José María Bermúdez de Castro, instructor y compañero de vuelo. Ambos son eminencias científicas pero también espíritus inmensamente generosos".

Por otro lado, le preguntamos sobre lo aprendido en los últimos diez años, y afirma que "somos la única especie humana que habita a día de hoy el planeta, pero en nuestro origen, somos un crisol de humanidades. Los análisis genéticos nos dicen que Homo sapiens hibridó con otros grupos humanos que se han extinguido, como los neandertales y los denisovanos".

Y es que "no debemos olvidar que somos testigo de otras especies que ahora no están y, de alguna forma, el mejor tributo a nuestro pasado es que seamos una especie tolerante con la diversidad. Si lo fuimos hace 100.000 años cuando nos cruzamos con otras especies ¿por qué no ahora?".


"EL SER HUMANO ES TECNÓLOGO desde hace millones de años". Asegura que investigadores del Cenieh "han estudiado y publicado las herramientas más antiguas del mundo, con unos 2.3 millones de años, en un yacimiento de Algeria". Sin embargo, "aquí la pregunta clave no es tanto cuándo comenzamos a ser tecnólogos, sino cuándo empezamos a depender de esas herramientas. Sabemos que australopitecos hace ya tres millones de años y algunos primates son capaces de utilizar herramientas ­sencillas de forma ocasional u ­oportunista".

No obstante, "nuestro estilo de vida no se podría explicar sin el uso de la tecnología. Nuestro trabajo, nuestra economía, nuestra comunicación, nuestra vivienda, nuestro alimento, nuestro ocio se sustenta sobre la tecnología y la cultura material... La mayoría de la gente no sobreviviría en una isla desierta... ¡y sin su móvil!".

¡Cuánta razón!