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SANTIAGO JAUREGUIZAR, escritor

“La literatura debe buscar el espectáculo para competir con la Play y el deuvedé”

ESTA BOCA ES MÍA POR ROBERTO G. MÉNDEZ
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Ya. Y para competir con la Play y el deuvedé lo que le sobra a la literatura, a lo mejor, son letras. Jaureguizar (Bilbao, 1965) es un tipo listo, de cuando llamar a alguien tipo listo no era insultar, ni nada, sino distinguir, los tiempos se han puesto después retorcidísimos con esto, qué les voy a contar, y escribe libros espectaculares, Jaureguizar, entiendo, para competir con la Play, con el deuvedé o con quien haga falta, pero aún no ha conseguido una novela sin una sola línea, que es lo que yo creo que se acabará demandando desde esos mundos con los que compite. Conozco a diezañeros que pierden partidas por no ponerse a leer las instrucciones en pantalla. Conozco a cinéfagos que han aprendido bielorruso para evitarse los subtítulos. Conozco a abuelas que desconfían de la TDT por intelectual, porque tiene tres letras, una más que TV, sin necesidad ninguna. Quiero decir que si la literatura debe buscar el espectáculo, que puede que deba, que lo busque para ser espectacular, que como objetivo ya está bien, porque para competir con la Play y con el deuvedé y con las televisiones digitales terrestres y extraterrestres mi impresión es que le sobran letras. Es como lo que le dice Jaureguizar a Daniel Salgado en la misma entrevista para El País de la que sale todo lo otro, lo de la competición a muerte por ser el mejor circo de tres pistas, sobre la superioridad, en los tiempos que corren, de una prosa hiperperiodística como la suya frente a la más poética de los que la tienen más poética, valga la falta de imaginación para construir mejor la frase: "Además de estructura y personajes", dice Jaureguizar, "en una novela importa el ritmo, porque, si no, la gente se aburre y se va a ver la televisión". Bueno, pues esto es lo que no. No necesariamente. Pensar que alguien que está leyendo un libro que le aburre va a cerrarlo y encender el televisor es como pensar que alguien que está viendo en el televisor un programa que le aburre va a apagarlo y abrir un libro. Cambiaría de canal. ¿Por qué no confiar en que el otro, también, cambie de libro?Por lo demás, Jaureguizar, que acaba de publicar O globo de Shakespeare en Xerais, jura no temerle al folio en blanco, no comunicarse con el cosmos y no recibir visitas de fantasmas, lo que lo convierte en un escritor feliz que vende bien los tres libros anuales que escribe, y pasó buena parte de su vida en Ribadeo, el único lugar del mundo que mantiene un periódico local en el que se polemizó en su día sobre la existencia o no de los centauros y del que, por tanto, no puede salir un mal fabulador, porque si saliese sería culpa suya. Así que a lo mejor tiene razón y el estilo es una estupidez y hay que escribir libros que se entiendan deprisa, si es que escribir libros que se entiendan deprisa no es también un estilo, y hasta el más juicioso.

Dice Ray Loriga, otro escritor, que en los talleres literarios se encuentra uno con frecuencia a gente que sabe lo que quiere escribir, pero que aún no sabe cómo, lo que es una pésima manera de empezar: el proceso de la escritura es la escritura, y no hay nada en el fondo del alma de nadie que merezca ser contado. Claro que también Borges, una vez, cuando una alumna de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires a la que Shakespeare le aburría le preguntó qué podía hacer para remediarlo, le aconsejó: "No hagas nada; simplemente no lo leas y espera un poco. Lo que pasa es que Shakespeare todavía no escribió para vos. A lo mejor dentro de cinco años lo hace".

Si es que ella, para entonces, no se ha levantado ya a ver la televisión, que diría Jaureguizar.