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TELEDIARIA

Abelardo Gabriel, un malo buenísimo

POR XABIER SANMARTÍN C.   | 21.04.2009 
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Un día, en el patio del colegio, el mundo se desgaja. Un juego te obliga a elegir entre policía o ladrón, gato o ratón. Abelardo Pérez Gabriel brincó parte de su infancia en Barcelona, gozando de imitar el cine de indios y vaqueros (otro dilema eterno). Luego, ese niño crece en Galicia como un ourensano más y... se convierte en actor profesional; que si Centro Dramático Galego, que si poesía, que si series cómo Al salir de Clase (fue Manu El Pizzero) pero al nacer Libro de Familia (Televisión de Galicia ,TVG), sin querer, se ve con plaza fija en el imaginario popular.

No hizo falta oposición, tan solo medir bien las hechuras de su espalda. Sobre sus hombros de ficticia chaqueta caciquil recae toda la maldad del mundo, toda la injusticia que asola pastos en Santalla, pueblo/contexto de ese cuento ideado por José María Besteiro, sede de buenas audiencias en la noche dominical de una cadena pública que pagamos todos (repito, todos).

"Lo más complicado de hacer un buen cómic de superhéroes consiste en ser capaz de crear un buen villano". La frase llenó la boca de los guionistas y dibujantes entrevistados en un reportaje emitido el pasado sábado por La Noche Temática (La Dos). Quizá por eso mismo, la memoria colectiva nunca olvida al malo redomado, al rostro ajado cuyo cartel de ¡Se busca! no cae nunca del tablón de anuncios. Nadie ha firmado tantos autógrafos cómo Anthony Hopkins por su Anibal Lecter (El silencio de los corderos) ni Jane Wyman cual Angela Channing en Falcon Crest. Bien lo sabe Imanol Arias, hoy polizón solidario en el faldón de esta página, y partícipe del brillante caso que enfoca a Pepe Sancho recreando al bigote metemiedo de Cuéntame... (La Uno) en diez años de grito y mano en alto cómo don Pablo, canalla vil y oscuro como aquel tiempo que se fue aunque su rumor aún roa camposantos de uno y otro bando (anteayer, La Dos dio Siete días de enero, de Juan Antonio Bardem).

Y en esa tradición de raro privilegio, porque lograr ese nivel de notoriedad televisiva no besa las manos de cualquiera, ahí... también está Abelardo, alter ego de don Ramón, alcalde de Santalla, cabrón mayor de esa trama de éxito a la que él interpreta dando al personaje el aplomo y arrojo preciso para que la dulce nostalgia tenga justa una réplica con sabor a verdad. En la última entrega emitida de ese serial, ese truhán salió de la trama... por ahora. Eso empujó el share hasta cotas de audiencia superiores a lo habitual porque ese malo buenísimo creado por Abelardo es clave en la eficacia del relato. Él sabe que, al actor que hace de malo, se le puede negar un buenos días así le vean de paisano o de oficio, algo que estos actores entienden y perdonan porque su trato de ficción supone un rato de evasión muy real para algunos.