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medio siglo de cine

'Como un torrente' de Vincente Minnelli

EZEQUIEL MÉNDEZ  | 22.07.2009 
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Vincente Minnelli (Chicago, 1903-Los Angeles, 1986) pertenecía a una familia de artistas: el padre, de origen italiano, un músico reconocido como compositor de marchas circenses; su madre, francesa, actriz; la hermana de su madre, trapecista en el circo Ringling Brothers; su abuelo paterno, palermitano, se había instalado en Delaware, Ohio, para dirigir la sección musical de la Universidad de Wesleyan (Minnelli, Recuerdo muy bien. Autobiografía, Ediciones Libertarias, Madrid, 1991). En 1932, después de abandonar tempranamente sus estudios para dedicarse a su vocación de pintor, diseñador y fotógrafo, es contratado como escenógrafo oficial del Paramount Theatre, pero será en 1940 cuando Arthur Freed, director de producción de la Metro Goldwyn Mayer y uno de los grandes de la época dorada de Hollywood, lo llame para que colabore con él y aprenda el oficio junto a Gene Kelly, Robert Alton, Alan Jay Lerner, Charles Walters o Busby Berkeley. En 1942, la MGM le confiará la dirección de Una cabaña en el cielo, su debut como realizador. Como un torrente* (1958) es su vigésimo cuarto largometraje de un total de treinta y tres, basado en una muy extensa novela de James Jones (autor también adaptado por Fred Zinnemann en De aquí a la eternidad* [1953]), de quien Norman Mailer llegó a decir que era el peor prosista pero capaz de transmitir una inimitable sensación de grandeza.

Después de una ausencia de dieciséis años y una temporada en el ejército, el novelista Dave Hirsh (Frank Sinatra) regresa a su ciudad natal pero es acogido con recelo por su hermano Frank (Arthur Kennedy). Todo se complica por la escandalosa relación que Dave mantiene con Ginny (Shirley MacLaine), una cándida y enamorada prostituta, y con Bama (Dean Martin), un jugador de cartas profesional. Paralelamente, Dave intenta seducir, sin éxito, a Gwen (Martha Hyer), una frígida, provinciana y reprimida profesora de literatura que admira la capacidad de Dave como narrador. Despechado por el rechazo de ésta, decide casarse con Ginny. Un antiguo y celoso amante de la prostituta persigue a Dave para matarlo pero será Ginny quien, al interponerse, reciba el mortal disparo. Como un torrente se inscribe en el contexto histórico del después de Corea del mismo modo que otros filmes norteamericanos posteriores se corresponden con el después de Vietnam. Está también en el corazón de una tradición literaria y cinematográfica estadounidense: el retorno a la vida civil. Y es, asimismo, una reflexión sobre la inexorabilidad del tiempo, sobre lo ilusorio de los sueños y las pasiones, sobre el absurdo de las convenciones sociales, sobre el fulgor del instante y la tentación de la locura. Minnelli nos muestra sabiamente un universo mítico muy cercano al del cine negro: la noche con su cortejo de bares y luces de neón, de juke-box, de mujeres fáciles, de alcohol y de vulgaridad.

Minnelli se ocupa a menudo de artistas porque son personajes ideales, dotados de un espíritu creador, capaces de trasladarnos sus vacilaciones: ¿dónde está la apariencia, dónde encontrar la realidad? Sus historias se nutren de paradojas y de reflejos quiméricos, extraviados. La dualidad entre el mundo real y el soñado, entre el mundo prosaico, tranquilizador, previsible, y el creativo, azaroso y temerario del artista es una constante en su cine, trátese de comedia musical (Un americano en París*[1951] o Brigadoon* [1953]), comedia (Mi desconfiada esposa* [1957] o El noviazgo del padre de Eddie [1963]) o drama (Cautivos del mal* [1952], El loco del pelo rojo* [1956] o Dos semanas en otra ciudad* [1962]). En Como un torrente -melodrama registrado en intensos colores, el rojo minnelliano- utiliza los recursos de la tragedia y obliga a su héroe a descubrir el sentido de la vida, del tiempo y de lo inefable (François Truchaud, Vincente Minnelli, Editions Universitaires, París, 1966).

*Editada en DVD.

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