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La urna de Vidal Cepeda

Desde 1894 sale en procesión un peculiar sepulcro del Cristo yacente // Fue donado por el filántropo de Extramundi y maestro de "los pobres" // De boj y hueso, es de las pocas muestras de la orfrebrería local que se conservan

C. BOTRÁN • PADRÓN   | 25.04.2006 
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Para muchos padroneses y vecinos de la comarca del Sar el nombre de José María Vidal Cepeda sólo responde a una calle (dedicada en 1909). Casi nadie recuerda las obras que este vecino de Extramundi, licenciado en Latinidad y Filosofía donó al pueblo de Padrón a finales del siglo XIX. También el tiempo se encargó de borrar las huellas de su sepultura en Adina, y sólo quedan como testigos mudos de su paso por las antiguas tierras de Iria parte de sus obras: las escaleras de piedra de acceso al Santiaguiño, el malecón de las peñas, la araña de la iglesia del convento del Carmen y algunos de los objetos que estos días forman parte de las procesiones de la Semana Santa de Padrón.

Vidal Cepeda (hijo de Gregorio Vidal, de Extramundi de Abajo, y de Mª Antonia Cepeda y España, vecina de Padrón) era un filántropo piadoso y creyente, un benefactor de los pobres, que hizo fortuna en Cuba y que consideró que la grandeza y el desarrollo de un pueblo va ligado a la cultura y a la formación intelectual de sus gentes. Por ello no dudó en obtener a su regreso de la isla caribeña (1851) el permiso del gobernador civil para instalar una escuela y la gracia de Isabel II para poder examinarse de maestro sin cursar los estudios previos; pruebas que superó con calificaciones sobresalientes.

Por sus manos pasaron decenas de niños de familias humildes de Padrón, que recibieron formación de un modo gratuito. Este filántropo contribuyó así a erradicar la analfabetización del municipio (el pintor Balsa de la Vega fue alumno suyo). Por esta acción recibió las felicitaciones del cardenal Martín Herrera.

Tras quedarse viudo de Arminda Astray en 1871 y perder a sus tres hijos, Vidal Cepeda dedicó el resto de su vida a obras piadosas y de beneficiencia.

Doce pesetas

La urna del Santo Entierro que desde 1894 sale en procesión cada Viernes Santo fue donada por este maestro de los pobres en ese mismo año. Está confeccionada en madera de boj, cedro, caoba y hueso y tallada por un ofebre del municipio. Costó entonces doce pesetas. Si bien, Cepeda había solicitado en 1893 dos presupuestos para hacerla, el que se descartó tenía un importe de 16 pesetas e incluía marfil.

Esta urna sepulcral es hoy uno de los pocos objetos que se conservan de la orfebrería padronesa y una reliquia de gran valor sentimental.

Cepeda también donó el Calvario que permanece en la iglesia de Santiago; las andas de la Virgen de los Dolores, el pendón de ánimas y los trajes de terciopelo de los cuatro evangelistas.

LA CLAVE

Una figura curiosa y un aniversario mudo

Como curiosidades apuntar que el Cristo yacente que reposa en la urna es articulado y que Vidal Cepeda falleció tal día como hoy hace 99 años, cuando los redobles de los tambores anunciaban también figurativamente en Padrón la muerte de Jesús .