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250 científicos de quince países llevan a cabo alta investigación en el CiMUS

Es uno de los tres centros singulares de la USC // Cuenta con especialistas de talla internacional como Ángel Carracedo, María José Alonso o Mabel Loza

La investigación de vanguardia que se desarrolla en la Universidade de Santiago de Compostela (USC) tiene en el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular e Enfermidades Crónicas (CiMUS) uno de sus referentes. Es hermano del CiQUS y del CiTIUS, pero este focaliza sus trabajos para que los resultados sean fácilmente trasladables al paciente, es decir hacia la salud de las personas.

Dirigido por el catedrático de Fisiología Carlos Diéguez, 250 personas de entre quince y veinte países buscan avanzar en la prevención, comprensión y tratamiento de los males crónicos de la gente a través de más de 30 grupos cuyos jefes fueron seleccionados por un comité externo -nadie de Galicia- en base a su trayectoria científica.

Desde entonces continúan captando nuevos talentos de distintas formas, a través de los programas Parga Pondal o Ramón y Cajal, becarios predoctorales o postdoctorales y otros, que garantizarán el recambio generacional en su momento.

El último objetivo es siempre la búsqueda de calidad que genere nuevos conocimientos y que se pueda transferir a los enfermos o a la industria. Mirar su directorio de profesionales es casi un sueño. Allí figuran sabios mundiales como Ángel Carracedo, María José Alonso o Mabel Loza, que trabajan en genómica, nanovehiculización de fármacos y descubrimiento de otros, respectivamente.

En el edificio, de 12.945 metros cuadrados de superficie y 22 laboratorios, se trabaja fundamentalmente en cuatro grandes áreas: neurociencia -estudian enfermedades neurodegenerativas mayoritariamente-, cardiovascular, endocrinología -obesidad y nutrición- y cáncer. La ventaja es que los estudiosos pueden interaccionar entre ellos, lo que facilita una eficiencia y eficacia mucho mayor, porque además de equipos y recursos comparten conocimientos.

La tan necesaria financiación para sus experimentos tiene en buena parte origen internacional, lo que les permitió mantener el nivel en medio de la crisis económica. Los recursos del exterior llegan desde el European Re- search Council (los famosos ERC), organismo que financia determinados proyectos sólo de muy alto nivel -el CiMUS cuenta con 4-, de la Unión Europea, a través del programa Horizonte 2020 o de distintas fundaciones como la Bill Gates o el Consejo de Investigación Británico.

También se nutren de contratos con grandes compañías que piden un trabajo puntual, como valorar una diana terapeútica -farmacéuticas como Janssen, GSK o Lilly-, o de pequeñas empresas biotecnológicas, propietarias de un potencial nuevo medicamento que necesitan demostrar que es eficaz en modelos preclínicos -las gallegas Nanogap o GalChimia-.

Otras subvenciones se buscan en planes nacionales como el Instituto de Salud Carlos III o a través del Ministerio de Economía, ahora de Ciencia y Universidades, y también de origen autonómico como es el caso de los grupos de referencia competitiva y para jóvenes investigadores.

El CiMUS tiene también una Unidad Mixta con los laboratorios Esteve, la única externa que la compañía financia fuera de Cataluña. Lleva años asociada al grupo de Biopharma, que dirige Mabel Loza.

Su coordinador pone énfasis en la captación de subvenciones porque la USC mantiene el edificio y paga el salario de los que también son profesores -entre 40 y 50-; el resto del personal cobra de ellas o de sus propias becas. Y considera que esta es la mejor forma de hacerlo para una universidad como la de Santiago, la de tener a todos los estudiosos de la biomédica juntos.

El director científico pone un ejemplo práctico para entender el nivel del centro: "La Complutense de Madrid, que es dos o tres veces mayor que la nuestra, cuenta con 8 o 9 ERCs. La USC tiene aquí 4 y en el CiQUS, 5, sólo en estos dos centros hay tantos como la madrileña". Y también insiste en que la organización académica compostelana fue pionera en este tipo de templos del saber. "Hay grandes como el CNIO, el CNIC o el CRG de Barcelona, pero no están ligados a una universidad pública", añade.

¿En qué sentido beneficia a la institución cinco veces centenaria el trabajo del CiMUS? Aparte de la importancia para la organización académica, se traduce en publicaciones de alto nivel, captación de recursos a todos los niveles, atracción de talentos, lo que redunda en mejor posición en los ránquines, mejor financiación... Aún así, el fin es "simplemente hacer investigación de alta calidad, y trasladarla bien a la industria biotecnológica o farmacéutica o bien al paciente".

10 mar 2019 / 00:00
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