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A SON DE MAR

"Aló, presidente" con toda la artillería

    ENTRE LAS DESGRACIAS que el coronavirus va dejando a su paso no es lo peor la comisión de errores, por otra parte esperables en un fenómeno que supera todas las previsiones. Por eso, y aún reconociendo que los de este Gobierno exceden con creces el colmo de la ineptitud, podría admitirse cierta comprensión si se produjera una leve autocrítica que hiciera intuir un mínimo propósito de enmienda.

    Lo que es difícil de digerir para las familias que más directamente se han visto afectadas por el dichoso virus, ya sea por el propio contagio o por la pérdida de algún familiar, es la recalcitrante actitud de un Ejecutivo negando la mayor, en ese continuado insulto a la inteligencia que supone echar las culpas al empedrado y hacerlo con tal fruición que caben dudas de que les quede tiempo para dedicarse a otra cosa que no sea eso tan de moda como es vender el relato.

    El Aló, presidente es marketing político que los bien entrenados regímenes dictatoriales bolivarianos ensayaron en la Venezuela de Chávez hace 20 años, con esa arenga semanal de permanente siembra de odio que supone culpar de todo al adversario.

    Como parece que la cosa da resultado, nuestro presidente Sánchez ha optado por idéntico camino desde que cometiera la imperdonable impericia de anunciar con más de veinticuatro horas de antelación la implantación del estado de alarma, que tan favorable resultó para la expansión del mortífero virus por todos los puntos de la geografía española.

    Si el Aló, Presidente de la pasada semana, ya criticada aquí, se sustanció por dos comparecencias, en sábado y domingo, tan alargadas en el tiempo como faltas de contenido, la de este último fin de semana se acentuó con otra rueda de prensa suya y el aterrizaje de al menos seis de sus ministros entre sábado y domingo por los platós de las televisiones amigas, al margen del permanente botafumeiro de los tres canales gubernamentales.

    Parece que los Carmona, Maestre -¿o es Lacambra?-, Cintora, Maraña, Escobar, Beni, Contreras o Rubio de esa larga nómina de tiraboleiros fijos que el Gobierno reparte en los medios amigos no dan abasto a tapar todas las fugas de agua que la pandemia va provocando a su paso lo que obligó al asesor de turno a llamar, por tercera semana consecutiva, al despliegue por parte del Ejecutivo con toda la artillería posible en la venta del relato.

    Ahora vamos sabiendo que Fernando Simón firmó dos días antes de 8-M la peligrosidad del virus, que se instó a los sanitarios a no usar mascarillas para no alarmar, que algunos ciudadanos tardan hasta seis días en encontrar a un familiar fallecido, que los enfermos en las UCI y los muertos en la morgue se quedan sin el consuelo o presencia de un familiar o una voz amiga, que los 8.000 test defectuosos pero "fiables y homologados" según Sánchez acabaron siendo 650.000 y que el prospecto dejaba claro que no valían para ello, que se decretó el estado de alarma sólo cuando Tezanos avisó de que ya lo aplaudía un 65 % de la ciudadanía, o, en fin, que ni siquiera se supo predicar con la ejemplaridad, con miembros del gobierno saltándose la obligada cuarentena...

    Temas todos ellos que bien merecieran una mínima autocrítica. Y que se convierten en obscenidad si se comparan con esas mismas actuaciones en el caso del ébola.

    ¿De verdad cabe tal grado de desprecio por parte de este Gobierno con el conjunto de la ciudadanía?

    jsalgado@telefonica.net

    30 mar 2020 / 00:00
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