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la catarsis

El año en que el 'sorpasso' del BNG hundió las expectativas de Caballero

En las elecciones de 1997, Xosé Manuel Beiras superó por primera vez en la historia los resultados del PSOE en Galicia ·· Manuel Fraga ganó por tercera vez consecutiva ·· Los socialistas le vieron las fauces al lobo

    El PSdeG parecía revivir en 1994 los peores años de su vida. Los medios de comunicación no hacían otra cosa que rememorar, una y otra vez, las profundas crisis internas que los socialistas gallegos habían protagonizado en la última década y parecía que un sino malévolo se hubiese instalado en las espaldas de sus dirigentes. Antolín Sánchez Presedo, derrotado estrepitosamente en 1993, había sido elegido secretario general en el IV Congreso, puesto en escena en Ourense, enero de 1985.

    Su candidatura fue la vencedora? con apenas el 30% de los votos de los delegados del PSdeG. Fue una asamblea caracterizada por la división y los enfrentamientos, que por momentos llegaron a las manos. Y la precariedad de sus resultados no hizo otra cosa que aplazar la eterna crisis, que desde entonces rebrotaría esporádicamente por todas partes.

    Veinte años después, en junio de 1997, algunos periódicos gallegos seguían realizando un vasto despliegue informativo sobre los focos de disidencia y tensión interior que caracterizaban al socialismo gallego. Aquel año habría nuevas eleccciones autonómicas y la vida interior del partido era un hervidero de sensaciones: "Controlar una agrupación local puede ser vital, pero en el caso del PSOE gallego puede ser hasta peligroso", explicaba un veterano dirigente del Sur.

    Con A Coruña y Ourense de precedentes, en plazas como Vigo las confrontaciones internas se saldaban en ocasiones en la calle, a golpe de pintadas, cócteles molotov y puñetazos: "A veces, la campaña electoral y la mediación del Código Penal, se encargan de poner orden en la Casa Grande del socialismo galaico". Francisco Vázquez estaba al frente de la secretaría general y, tras la dimisión de Sánchez Presedo en 1994, aquel año, 1997 se presentaba como un desafío especialmente difícil.

    La roca y el imán

    Manuel Fraga estaba como una roca y los nacionalistas seguían adelante en su proceso de emergencia, de la mano de la magnética personalidad de Xosé Manuel Beiras. ¿Cómo le había ido a Vázquez al frente del socialismo galaico? Ocupado full time en la alcaldía de A Coruña, el PSdeG hacía agua por todas partes.

    Lo más difícil, en esa tesitura, era elaborar sus listas electorales y hallar una figura, un candidato, dispuesto a dar la batalla y recuperar las posiciones que desde comienzos de la década había ido perdiendo en beneficio, sobre todo, del Benegá, mientras el PPdeG realizaba una exhibición de fuerza en cada cita ante las urnas. Con una valentía digna de encomio, Abel Caballero, ex ministro de Felipe González, se puso a disposición del partido para encabezar las candidaturas. Nadie más le disputó el puesto.

    Aliado con la Esquerda Unida-Esquerda Galega que lideraba Anxo Guerreiro, Geluco, a su vez asociado a una escueta agrupación de signo ecologista y denominada Os Verdes, Abel Caballero y el PSdeG sufrieron una nueva y aún más humillante ­derrota que la anterior.

    Si en 1993 habían descendido de 28 a 19 diputados, en las elecciones del 19 de octubre de 1997 sólo conseguían 13, teniendo en cuenta que los otros 2 escaños restantes pertenecían a sus socios electorales, tal y como habían establecido ambas formaciones en el acuerdo de coalición suscrito el 22 de mayo de 1997. En uno de sus apartados quedaba claro que "los diputados elegidos por la coalición y que pertenezcan a Esquerda Unida, forman el Grupo Parlamentario de Esquerda Unida. Es decir, se formarán dos grupos parlamentarios independientes y soberanos en el Parlamento de Galicia".

    EL NAUFRAGIO INTERMINABLE

    Pérez Touriño entra en escena

    Manuel Fraga, con 42 escaños, se mantenía imbatible. Y los nacionalistas, con 18 diputados, no sólo habían adelantado por la izquierda al PSdeG-PSOE y le hacían el sorpasso, sino que estaban en condiciones de protagonizar la oposición al veterano león de Vilalba, amenazando con seguir creciendo en el futuro a costa de los socialistas gallegos.

    Aquellos comicios, pues, fueron la fuente de silenciosa catarsis y por una vez los socialistas gallegos vieron que sus discrepancias internas, la ­desunión y la ausencia de un proyecto sólido podían llevarles al fondo del abismo.

    El 22 de octubre se reunió la ejecutiva del PSdeG para hacer balance de la derrota. Muchos recordaron la dureza de las críticas de Francisco Vázquez hacia Antolín Sánchez Presedo, cuatro años atrás pero nadie reclamó que ahora, obrando en consecuencia, el alcalde de A Coruña y primer secretario de los socialistas gallegos hiciese lo mismo. El temor al vacío era tal que sucedió ­exactamente lo contrario: "Paco, no te vayas", le pidieron la mayoría de sus compañeros. No era momento de revanchas intestinas sino de todo lo contrario: sólo la unión, por muy precaria que ésta fuese, podría salvar al ­PSdeG de caer en el abatimiento generalizado.

    Emilio pide reflexión

    Las voces más críticas salieron de los labios del entonces alcalde de O Carballiño, Pachi Vázquez; Francisco Sineiro, ex conselleiro de Agricultura en el Gabinete Laxe (1987-1989); y Emilio Pérez Touriño, quien hasta aquel momento había realizado su carrera política más importante en Madrid y que ahora estrenaba escaño como número tres de la lista del PSdeG por A Coruña. Touriño apostó por un proceso de reflexión, una conferencia que abordase los problemas del socialismo gallego y si había que tomar medidas drásticas, dijo, tal vez lo mejor sería que Abel Caballero, la figura física de la derrota, dejase el terreno libre y abandonase su escaño en la Casona del Hórreo.

    LOS PAPELES DE LAXE

    Y el 'big bang' sobrevino tras la gran derrota

    Paco Vázquez le ganó el pulso a sus críticos y forzó su continuidad al frente del partido, con el apoyo del 62% de los miembros del comité nacional del PSdeG. Tanto él como Abel Caballero lograron frenar el descontento, tras el descalabro del 19 de octubre, pero todos eran conscientes de que la crisis abierta por aquel nuevo fracaso se había cerrado en falso y que, más tarde o más temprano, llegaría el momento de la regeneración a todos los niveles.

    Lo que en realidad sucedió aquellos días es que nadie se atrevió a presentarle cara a Vázquez. A finales de 1997, la ejecutiva del partido aprobó un documento redactado por el ex presidente y senador Fernando González Laxe.

    En aquellos folios, Laxe explicaba cuáles habían sido, en su opinión, las causas del retroceso electoral. En síntesis, el distanciamiento de la sociedad, la división interna y la falta de autonomía respecto a Madrid, de donde llegaba el tortuoso eco de todos los problemas del socialismo español y ninguna de sus ventajas. Por encima, la coalición con Esquerda Unida y Os Verdes, "realizada a última hora y sin conexión entre las bases", le dio la puntilla a la situación.

    Laxe se esforzó en darle un baño de optimismo a su documento, de modo que el futuro se presentaba como algo prometedor y lleno de ansias de renovación. Para ello no dudó en afirmar que el PSdeG sabría resurgir de sus cenizas y protagonizaría "un big bang" semejante al que había realizado el laborismo británico a finales de los años setenta, el socialismo francés catapultado por François Mitterrand o la socialdemocracia alemana en el congreso de Bad Godesberg. Aquellos papeles llevaron a una conferencia política que se celebró el 14 de febrero de 1998, día de San Valentín. Nadie, por aquellos días, imaginaba que Emilio Pérez Touriño comenzaba a acariciar la idea de hacerse con la secretaría general del partido .

    18 jul 2008 / 22:56
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