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RESEÑA MUSICAL

El barítono Borja Quiza y la pianista Isabel Pérez Dobarro, en el Centro Gallego de Madrid

    Concierto en el Centro Gallego de Madrid en el que mañana, el barítono Borja Quiza y la pianista Isabel Pérez Dobarro, ofrecerán un programa de compositores de la tierra entre composiciones para la voz, una instrumental de Marcial del Adalid, y una pieza recuperada de la coruñesa Pilar Castillo Sánchez, se trata de la muiñeira “Maruxiña”, ambos artistas mantienen una actividad incesante en fechas recientes, como la ópera de Conrado del Campo “El pájaro de dos colores”, que ocupó cuatro fechas en la “Fundación Juan March” o el recital que el cantante realizará acompañado por el pianista Rubén Fernández Aguirre, en el ciclo “Notas del ambigú”, en el Teatro de La Zarzuela, que el próximo día 20 dedicarán a la “tradición gallega de ida y vuelta”, que contará con composiciones de Xoan Montes, Bldomir, José Castro “Chané”, Andrés Gaos o del otro lado del Atlántico, selección de piezas de Consuelo Velasques, Gonzalo Roig, Carlos Guastavino o Ernesto Lecuona. Isabel, por su parte, entre sus variadas actividades, colabora en otro proyecto con Carlos Núnez.

    El programa de la fecha, se centrará en canciones de José Castro “Chané”, piezas convertidas en legado de nuestra tradición con firma reconocible: “Unha noite”, “Tangaraños”, “Gaiteiriño pasa”, “Un adeus a Mariquiña”, “Melodía gallega”, “Os teus ollos”, “Violeta” y “Semejanza”. “Chané”, tan presente en recitales de convocatoria frecuente en ciclos y festivales, se convirtió en el miembro destacado de una estirpe de maestros con arraigo asentado en el terruño. Partimos en los comienzos de una rondalla popular nacida en el entorno de una misma familia, en la que destacaron los primos José Castro González y Constante Castro Suárez, que hacia la altura de 1880, mantuvieron en vigencia una academia de música con plaza en Lugo, aprovechando la feliz oportunidad para incorporarse a la serie de habituales conciertos en los típicos cafés de época, de los que los más veteranos recuerdan una memoria imperecedera, los “”Méndez Núñez” y “Español”, siempre con un tufillo a cafeteras y efluvios nicotínicos de habanos a medio consumir.

    Nuestro “Chane”, José Castro, un compostelano de pro, había nacido en el mes de enero de 1856, precisamente un día 16, para abandonar esta vida en la emigración cubana, en La Habana, a comienzos de 1917. Tuvo tiempo de dedicarse a la composición y a la dirección, llegando a ingresar como músico militar del regimiento de artillería, a los 19 años. Una de las posibles vías de antaño, para poder acceder a la profesión de músico y en el que tuvo como maestro al prestigiado Bernardo Noriega. El salto lo dará en 1880 para incorporarse a la docencia en la Escuela de Bellas Artes de A Coruña, comenzando una vida fructífera como director de orfeones, de cuyo resultado saldrá el Primer premio conseguido con “El Eco”, convocado en París, interpretando “A Foliada”, en 1889. La amistad cultivada en La Habana con el poeta Manuel Curros Enríquez, dejará cuatro melodías que se convertirán sin lugar a dudas en patrimonio colectivo.

    Pilar Castillo Sánchez, es autora también de dos canciones emblemáticas, “Durme” y la que se escuchará en la sesión, “Maruxiña”, una muiñeira para voz y piano sobre la poética de Pondal, en la tonalidad de Fa M., y en 6/8, dentro de un tempo animado y vivaz. Tiene la obra una ilustración de época, firmada por E. Castillo. Se acepta que es anterior a 1935, ya que fue interpretada en un acto de la “Agrupación Republicana Femenina de A Coruña”, precisamente en un entusiasta homenaje a Eduardo Pondal, el 23 de febrero de 1935. Hacia 1912, en uno de los conciertos de esta compositora como pianista, la crítica de “Le Monde”, dejará constancia de su interpretación: “Acabamos de escuchar a una moza de talento pianístico extraordinario, el de mademoiselle Pilar Castillo, una española de 17 años. Resulta rara a esa edad tal fuerza, virtuosismo, técnica y musicalidad. Cuando se la escucha, no se tiene la impresión de un prodigio, ya que en su forma de tocar es profunda y razonada”. Entre sus maestros, destacaron en los comienzos, Canuto Berea y Pilar F. de la Mora y a los 16, acompaño al chelista Van Isterdael, además de acompañar a la soprano Jenny Dufau.

    Marcial del Adalid con un pieza para piano a solo, ”Lamentos Op. 9”, años de juventud del coruñés y es que en el período de formación tuvo el beneplácito familiar para estudiar en 1840 con Ignaz Moscheles, quien también tuvo como alumno a su primo Marcial de Torres. Moscheles descubrió el talento del joven, manteniéndole con él hasta 1884, en su etapa de Londres, al tiempo que asistía a lo docencia de otros maestros en su continuados e inquietos viajes. En Marsella, por ejemplo, probará con el compositor Louis Golay, antes de volver a su ciudad natal tras pasar de nuevo por París. Quedan entre los acontecimientos de su biografía, los estudios llevados a cabo con Chopin, aunque la posible confirmación permanece en el limbo. Una de sus primeras obras, fue “Souvenir”, dedicada a Miss Louisa J. Huth.

     

    15 ene 2020 / 00:00
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