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POLÍTICAS DE BABEL

Benditas redes y tecnología

    EN medio de esta tragedia anunciada por expertos y científicos, y para la que los gobiernos han demostrado no estar preparados, parece que sólo una cosa está funcionando, además del compromiso de esos profesionales sobre los que hemos venido dando cuenta, y de la responsabilidad que la sociedad está evidenciando. Me refiero a esas nuevas tecnologías que tanto nos ayudan.

    Efectivamente, la fibra y las redes sí parecen estar aguantando, al menos de momento. Nos salvaguardan porque nos permiten estar informados, continuar con nuestro trabajo desde los hogares y, más importante aún, estar en contacto con nuestros allegados a los que no podemos ver, independientemente de la distancia a la que se encuentren.

    En buena medida, nos permiten ir saliendo adelante. Incluso esas redes sociales que hasta hace poco considerábamos que nos aislaban y separaban de nuestros congéneres, han demostrado ahora su utilidad para mantenernos unidos. Hoy decimos: benditos sean los ordenadores, tabletas y móviles, y sus múltiples posibilidades y aplicaciones.

    Ahora bien, esta confianza en el alcance de la fibra en España, y en su potencia y estabilidad en tiempos de crisis, aún no es, ni mucho menos, generalizada. Algunos estamos preocupados porque no todo el mundo tiene las mismas posibilidades, empezando por nuestros mayores, que no están familiarizados con su uso tecnológico, pese a que en estos momentos serían quienes más lo necesitarían.

    Debemos plantear la urgencia de fabricar dispositivos especialmente diseñados para ellos, como podrían ser, por ejemplo, teléfonos y tabletas adaptados a sus problemas de visión, y con funciones más sencillas y prácticas. Porque sí, ellos también existen; y pese a esas "múltiples patologías" que les achaca el Gobierno, queremos que sigan existiendo y viviendo en las mejores circunstancias, y con la calidad de vida que merecen.

    Después están los hogares más aislados, a los que no llegan bien las conexiones, sobre todo en poblaciones dispersas como el rural gallego. Muchos docentes nos afanamos estos días en mantener el contacto telemático con nuestros estudiantes, pero ya se han publicado datos que confirman lo que nos temíamos y lo que muchos ya nos han ido transmitiendo: que en sus casas fallan las conexiones, que no todos disponen de ellas, o que han de compartir sus equipos con el resto de la familia. Raro es el hogar que tiene un dispositivo para cada uno de sus miembros.

    Incluso en las ciudades, no todas las familias están en disposición no sólo de pagar conexiones a internet, sino incluso de comprar ordenadores, tabletas y móviles que cubran las necesidades laborales de los padres, y las demandas educativas y de ocio de sus hijos. En consecuencia, benditas sean las redes y las nuevas tecnologías. Pero, cuando pase la crisis, que nadie olvide el derecho de todos los miembros de nuestra sociedad a disponer de las mismas.

    www.josemanuelestevezsaa.com

    30 mar 2020 / 00:00
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