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AILOLAILO

Botellón, draculinas y papis 'enrollaos'

    Vivimos en el país de los papis enrollaos y de los políticos tolerantes. Y si estás hasta el tupé de tanto colegui cuarentón y de tanto peace and love con carné de partido, entonces el aparato progre te mete ya directamente en el cajón de los fascistas necesitados de reciclaje. Jesús, qué tormento.

    Fíjense, por ejemplo, en el tema del botellón y de sus daños colaterales. Algunos tenemos la firme convicción de que nadie se atreve a mover un dedo con cierta seriedad en este tema, pese a los gravísimos problemas de suciedad, ruido y alcoholismo que genera todos los fines de semana en un sinfín de ciudades, entre ellas Compostela, precisamente para no entrar en conflicto con los pensadores modernitos, los psicopedadogos planetarios y los políticos que creen encarnar en exclusiva los valores de la democracia. El caso es que toda esa tropa te sale con el rollito de que no hay que criminalizar a la xuventude y hala, te tienes que callar, pese a que ese día te has acordado de todo el santoral tras no haber pegado ojo en toda la noche y haber encontrado tu portal, tu calle y tu parque inundado de porquería, meadas y vomitonas. Y es que ser enrollao y tolerante significa tener que tragar con todo eso.

    Visto lo visto, no es de extrañar que ciertos progres de turno anden ya por ahí mirando con condescendencia y sonrisita perdonavidas a los carcamales que están osando criticar el look tipo murciélago o vampirín transilvánico que lucieron las hijas de Zapatero durante la recepción que Obama brindó a un sinfín de vips en el Metropolitan Museum de Nueva York. La pregunta que plantean los modelnos es: si las chicas del presidente visten así habitualmente y si miles de chavalas y chavales españoles llevan esa pinta por la calle, ¿por qué traumarles con imposiciones propias de la sociedad pija y tradicional? ¿Por qué, en suma, criminalizarlas por su aspecto? La respuesta, queridos, es muy sencilla: porque en ciertos actos y en ciertas circunstancias, especialmente cuando quieras o no representas a un país, a una institución o a una empresa, las formas son importantísimas. Y en este caso a ZP le quedaban dos opciones, o bien obligar a sus hijas a vestir en dicha ocasión según unas normas de etiqueta que están perfectísimamente estudiadas a nivel internacional o bien, si ellas no tragaban con dicha imposición, dejarlas en el hotel viendo alguna peli de jóvenas góticas. Pero nada de eso hizo: él es un papi enrollao.

    25 sep 2009 / 22:39
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