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Cataluña en Cataluña

    QUERIDOS amigos, no os engañéis, el avance, cualquiera que sea, en la federalización del Estado -que ya veremos en qué consiste, que también hay bastante que discutir al respecto- no bastará para apagar la llama secesionista en Cataluña. No, creedme. Porque el problema catalán no es, pese a todo lo que se diga, una cuestión de Cataluña en España, no, sino de Cataluña en Cataluña. Es intrínseco, que se dice, de puertas adentro.

    Cataluña -o los nacionalistas catalanes, que sería mejor decir-, cuando se miran al espejo de los tiempos, no acaban de ver una imagen de sí mismos que les guste. Pero aceptar semejante cosa es frustrante. ¡Señor, mírame, que yo me veo y no me reconozco! Tremendo. ¡Menudo palo! Y entonces, pues eso, mejor embeberse en un arrebatado relato histórico, que busque donde las haya o donde no justificaciones -o disculpas- a ese no ser quien gustaría ser. Y venga mitos y más mitos, para armar una realidad artificiosa, sí, pero consoladora.

    Por eso, para Cataluña, el proceso histórico de formación de los Estados modernos -unidos, claro, y centralizados, porque de eso iba entonces la cosa- fue y sigue siendo traumático. Ni lo entendieron de aquella ni lo entienden hoy, que ya no trata del mismo asunto, sintiéndose, por eso, ajenos al tiempo que les tocaba y les toca vivir. Derrotados antes, desconcertados ahora. Estaban y están fuera de juego.

    Sólo les interesa ser el verso suelto de eso que fue y sigue siendo (sin centralización, sino al contrario) la esencia de la definición política del sistema institucional contemporáneo. Lo que son los nacionalistas catalanes es "antiestatalistas", aunque pidan para sí -pobriños, qué estúpida es la historia- un "estado propio". Esa es la confesión de que hace tres siglos que van a la deriva. No se trata de que se sientan orgullosos de ser lo que son, sino de que no saben lo que es eso. El mundo pasó por su puerta sin que se hayan apercibido de ello.

    No importa cuántos sean los que se cogen de la mano en la cadena reivindicativa. Muchos, pocos, que más da; seguirá costándoles mucho explicar a quien no se baste con sobreentendidos qué es eso de ser catalán.

    Y es que su historia, como la nuestra, tampoco se ha quedado quieta.

    Doctor en Economía

    12 sep 2013 / 00:00
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