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El Compostela aprende a ganar

PLENO AL 15 del Compos/. 3. El primer triunfo.Se cumplió el dicho, a la tercera fue la vencida y la SD firmó otra página en su particular libro de oro al derrotar al Valladolid // En un partido gris, un gol de Ohen decidió // Y San Lázaro hizo al final la ‘ola’ para festejar una victoria sufrida y justa

Compostela 1
valladolid 0
Compostela: Iru; Galdames, Bellido, Tocornal, Nacho; Abadía, Passi, Fabiano, Lekumberri (Moure, min. 75); Ohen (Toño Castro, min. 58) y Christensen.

Valladolid: González, Ferreras, Belodedici, Ramón, Cidoncha (Macón, min. 67), Gracia, Quevedo (Herrero, min. 46), Pablo, Matosas, Iñaki y Alberto.

Árbitro: Marín López (Colegio Riojano). Amonestó a Tocornal, Passi; Ramón, Alberto y Miguelo (en el banquillo visitante).

Campo: San Lázaro, 8.000 espectadores. Jornada 3 del campeonato de Liga de la temporada 1994-95.​

No había podido ser en las dos primeras jornadas de Liga: un Compos tímido, atemorizado, había caído en el estreno ante la Real Sociedad; y tampoco en Oviedo, aunque estuvo cerca de hacerlo en los minutos finales, había llegado el anhelado primer triunfo del Compostela en la máxima categoría. A la tercera va la vencida, se dice (aunque también que no hay dos sin tres: hay para todo) y en la tercera jornada llegaba a San Lázaro el Valladolid de Víctor Espárrago: un equipo considerado en la línea de salida un rival directo, uno de esos a los que es muy recomendable ganar en casa.

El 18 de septiembre era, por lo tanto, una fecha marcada en rojo. Era el día en el que debía llegar el estreno victorioso del Compos en lPrimera División. Y llegó. En un partido gris, sin más brillo que el que se esforzó en sacarle el Compostela en la primera parte, el primer gol de Primera de Chris Nusa Ohen, ese formidable delantero, decidió. Después, en la segunda parte, la SD defendió con uñas y dientes, y siempre con mucho orden, el botín. No hubo más.

Aunque la clave del partido, y así lo dejó escrito el joven Pais (y si lo dijo él, tendría razón) estuvo como tantas veces en el apartado psicológico. Una semana antes, el Compos no había ganado en Oviedo pero había salido con la moral muy reforzada tras nivelar el 2-0, la soga al cuello con la que se vio a la media hora de partido. Y eso se notó desde el segundo 1 en el choque ante el Valladolid. Ni rastro del equipo timorato, que esperaba acontecimientos, del primer día ante la Real: el Compostela ya se empezaba a sentir bien en su traje de Primera División. Y salió como un tiro a por la victoria: sin dudas.

Eso se dejó ver también en una alineación titular que con el paso de las jornadas se empezó a recitar de memoria. Ante el Valladolid fue el primer partido del curso en el que el Compos jugó con un esquema táctico 4-4-2. Y con esos once de siempre: Iru fijo en la puerta, sólido como los cada vez más firmes Galdames (vaya fichaje), Bellido, Tocornal y Nacho en la defensa; en el centro del campo, Abadía, el eterno joven que siempre sumaba, en ataque y en defensa, Passi, (vaya fichaje, bis), la magia de Fabiano y Lekumberri (vaya fichaje, tres); arriba, Ohen y Christensen: garantía de calidad y de goles.

Con esas armas, el Compos hizo suyo el partido desde el inicio. Y en la primera mitad jugó sus entonces mejores minutos del curso. Apabulló al Valladolid, al que no dejó jugar. Al conjunto de Espárrago le gustaba tocar, sobar el balón, pero no tuvo opción esa tarde. La presión en la medular, con Abadía, Passi y Lekumberri realmente espectaculares en esa labor, le impidió trenzar.

En una primera parte en la que el dominio del equipo blanquiazul fue total, en la que Nacho empujaba y fabricaba jugadas desde el lateral izquierdo, Fabiano ideaba peligro y Ohen y Christensen eran amenaza latente para el rival, el Valladolid tuvo sin embargo la primera opción clara de gol. Alberto, un delantero rápido y fuerte, se escapó y disparó con intención, pero Iru realizó su primera gran parada en el máximo nivel para enviar a córner.

Y si Iru firmó su primera gran aportación, minutos después Ohen dijo que en Primera él también sabía marcar. Se benefició de una jugada que empezó a ser muy beneficiosa para la SD: los pases cruzados de Nacho, que en este caso antes había robado el balón, buscando el desmarque del nigeriano. Ohen, un extraordinario finalizador de jugadas, hizo inútil la estirada de González: 1-0.

Pudo irse el Compos con una mayor ventaja, que mereció, al descanso, pero Christensen, bien toda la tarde, no estuvo fino para resolver una jugada en la que debía haber pasado antes que tirar.

DEFENSA.La segunda parte tuvo una decoración distinta. El Compostela y su entrenador, Fernando Santos, lo vieron claro: había que amarrar el botín, esos dos puntos de oro, como fuera. Y a eso se dedicó el equipo en la segunda parte, que fue un pequeño atentado al fútbol de toque pero que dejó feliz a todos en San Lázaro.

Porque el Valladolid, obligado, se estiró y dominó territorialmente, y no creó peligro pero sí asustó al personal. Santos quitó pronto a Ohen para que entrara Toño Castro, ese joven valor, para amarrar el resultado; pasando Tocornal a la medular. Se sufrió, más que nada por lo incierto del resultado, pero al final San Lázaro hizo una alegre ola, la manifestación festiva llegada de México. La primera olade Primera, un canto de presente y de futuro.

30 mar 2020 / 00:00
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