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Compostela, de pazo en pazo

Reconvertidos en museos o sedes institucionales, son muchas las casonas históricas que han llegado hasta hoy sin perder su esencia

A diferencia de los palacetes del rural, las casas señoriales enclavadas en Compostela han corrido mejor suerte y la mayor parte tiene un uso gracias a iniciativas tanto públicas como privadas. De Amarante a San Lourenzo, merece la pena reparar en esos edificios que siglos atrás sirvieron de residencia a poderosas familias que, de un modo u otro, contribuyeron a escribir la historia de la ciudad.

1. Pazo de Bendaña. De estilo barroco, tiene su origen en la mitad del siglo XVIII. Obra de Clemente Fernández Sarela, se construyó a petición de los marqueses de Bendaña. Emplazado en la praza do Toural, llaman especialmente la atención los artísticos balcones con enrejados del barroco compostelano. Pero quizás lo más sobresaliente sea la estatua de un Atlas o Hércules sosteniendo el globo del mundo que corona la fachada sobre el escudo de los marqueses. Peculiares también resultan la robusta chimenea y la espaciosa escalera central. Hoy en día es la sede la Fundación y Museo Eugenio Granell.

2. Pazo de Feixoo. Situado en la plaza del mismo nombre y obra de Domingo de Andrade, fue un encargo del canónigo Juan Antonio Somoza. Erigido en el siglo XVIII, destacan el amplio vestíbulo y la impresionante escalera. De propiedad privada, no se puede visitar.

3. Pazo de Fondevila. Diseñado por Clemente Fernández Sarela, responde a la arquitectura palaciega típica del barroco compostelano. La decoración del inmueble de Casas Reais se centra en la esquina en chaflán del edificio, donde se puede contemplar un ostentoso escudo. Es también destacable el enmarcado de los ventanales y los balcones volados. Años atrás funcionó como biblioteca de la fundación de una entidad financiera, pero hoy en día no tiene uso alguno.

4. Pazo de Vaamonde. El de la rúa do Vilar 59 es uno de esos edificios históricos que ha recobrado uso gracias a una administración pública. Sede del Consorcio de Santiago, la casona del siglo XVIII está conformada por bajo y dos plantas. La estructura sobresale de la alineación de las casas anteriores por medio de soportales. Llaman la atención particularmente el escudo situado en la fachada del primer piso, el balcón que se proyecta sobre la calle en el segundo, el llamador de la puerta -obra del escultor Francisco Asorey- y la vistosa cristalera de la puerta interior. En su extremo derecho se encuentra el callejón de Entrerrúas, el más estrecho de Compostela.

5. Pazo de Ramirás. Erigido entre los siglos XVII y XVIII en la rúa Nova 44, fue el segundo de los colegios que se abrieron en España para dar cobijo a los irlandeses huidos de su país a causa de la persecución política y religiosa de la reina. En 1770 desaparece a causa de la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III. De propiedad privada, no está abierto al público.

6. Pazo de Santa Cruz. También en la rúa Nova, se trata de un edificio decimonónico obra del arquitecto Fernando Domínguez y Romay. La planta baja llama la atención por la austera decoración basada en un ligero almohadillado. Del primer piso sobresalen los balcones de hierro enroscado. Sobre la cornisa lleva un frontón triangular bajo el que se sitúa el escudo del marqués de Santa Cruz. Espacio no visitable, funciona como residencia de estudiantes.

7. Pazo de Amarante. Edificación civil del siglo XVIII, imprime un aire señorial a la rúa Algalia de Abaixo. De estilo barroco, especial mención merece el escudo de los Amarante-Camarasa que cuelga en la fachada. Años atrás acogió los juzgados y actualmente es la sede del Consello Consultivo de Galicia. Cuenta con un jardín de 800 m² y con una zona de acceso de 525 m². Abiertos al público, en invierno se pueden visitar de 09.00 a 18.30 horas y en verano, de 09.00 a 21.00 horas.

8. Pazo de San Lourenzo de Trasouto. Ubicado en la carretera del mismo nombre, a los pies del Campus Vida, fue mandado construir por el obispo de Zamora, Martín Arias, en el siglo XIII. Ocupado por los franciscanos, en el siglo XIX pasó a manos de los condes de Altamira. Lo utilizaban como residencia y, para enriquecer la decoración, trajeron desde el convento de San Francisco de Sevilla el hermoso retablo de mármol de Carrara del siglo XVI. Hoy se explota como establecimiento de restuaración.

9. Casa-pazo de Fonseca. Obra de Rodrigo Gil de Hontañón, el inmueble de Tras Salomé 3 tiene su origen en el siglo XVI. De estilo renacentista, solo se conserva el primer cuerpo formado por las cuatro arcadas de dicho estilo en la planta baja. Destacan sobre las uniones de los arcos los medallones que representan de izquierda a derecha a Pierres, Lucrecia y Paris. En los extremos también se conservan los tritones sosteniendo unos escudos en los que se puede ver el blasón de los Fonseca. De propiedad privada, se trata de un espacio no visitable.

19 feb 2018 / 13:47
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