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LOS REYES DEL MANDO

Comunicar desde el poder

    LA COMUNICACIÓN va a ser fundamental en el nuevo gobierno y por eso Iván Redondo es el hombre fuerte, después, claro, del presidente. Sin embargo, es tan gigantesco el ejecutivo nombrado por Sánchez que la maquinaria comunicativa, incluso en mayor medida que la máquina del poder, tendrá que estar suficientemente engrasada y coordinada, pues no hay nada más preocupante para un líder que el desacuerdo en público, o la contradicción flagrante. No es bueno, sin embargo, el consenso artificial, porque terminan notándose las costuras. Un gobierno, después de todo, es una suma de personas, y las personas tienen ideas, y no siempre coinciden exactamente con los planteamientos programáticos, aunque pueden hacerlo en gran medida, y siempre habrá fricciones y desajustes, porque, de no haberlos, estaríamos ante un ejercicio robótico de la política, tan peligroso como alejado del espíritu humano. Las organizaciones están compuestas por gente, antes que por ninguna otra cosa. Conviene recordarlo.

    Aunque los asesores y los jefes de comunicación abominen de las declaraciones peligrosas y de los mensajes cruzados, la ciudadanía entenderá mucho más la colisión de las ideas que su aceptación forzada. Todo eso se nota, ya digo, porque hoy la política apenas puede abandonar el brillo de las pantallas, y siempre hay un momento en el que la pantalla revela la calidad de los consensos, la credibilidad o no de las declaraciones. Todos somos conscientes de la dificultad de coordinar tantas opiniones, pero, como dijo el presidente, tendrá que haber muchas voces, aunque se persiga una sola palabra. Las voces son importantes, y también la pluralidad de las voces. Domesticar los discursos de manera artificiosa es algo que nunca resulta, y mucho menos, creo, en un gobierno de coalición.

    En casos así, con minorías exiguas y cierta fragilidad parlamentaria, se impone la moderación, la decisión reflexiva. Un gobierno reflexivo siempre es más seguro que el que se deja dominar por el vértigo, por mucho que el vértigo esté de moda. Existe la necesidad de comunicar con rapidez a través de las pantallas, pero caer en lo superficial, en un pragmatismo de oportunidad, por no decir en lo maniqueo, siempre tan dañino, no parece la mejor de las soluciones. Ejemplos tenemos en el mundo de políticas que se llevan a cabo a golpe de tuit, con los resultados conocidos.

    A medida que avance la acción del gobierno, se verá quiénes son más afines al hecho comunicativo. La exposición ante las cámaras es un arma de doble filo, y, hasta el momento, es la parte de Podemos la que parece más proclive a volver a los platós, aunque sea volver de otra manera. El núcleo duro socialista que Pedro ha construido, dicen algunos que como gran castillo defensivo, parece estar más cerca de la contención comunicativa, pero sería malo si eso se traduce en la práctica desaparición de la escena mediática, especialmente cuando se trate de explicar lo que deba ser explicado. En un gobierno múltiple y plural, la diversidad siempre va a existir. Pero la sociedad llega a acuerdos desde lo diverso. El tiempo de los eslóganes y las verdades absolutas debe dejar paso a la conversación.

    17 ene 2020 / 00:00
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