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lunes, 10 agosto 2020
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Ramón Cacabelos, Catedrático de Medicina Genómica y director del Centro Internacional de Neurociencias y Medicina Genómica Euroespes

"Contra la demencia aún no existe un fármaco que resucite neuronas"

    {Investigación} Según informa el Servicio de Comunicación de Euroespes, el mal de alzhéimer es la principal causa de demencia, su prevalencia sobrepasa el 35 % en personas mayores de 80 años y conlleva un coste entre 10.000 y 25.000 euros por paciente y año. De ahí que el científico gallego –que acaba de recibir en París el Premio Europeo de Medicina Genómica- haya puesto en marcha el innovador Plan de Prevención de la Enfermedad de Alzheimer.

    Doctor, ¿en qué consiste el Plan de Prevención de la Enfermedad de Alzheimer que están implantando a nivel internacional?

    Es un programa para identificar a aquellas personas con riesgo de padecer una demencia muchos años antes de que manifiesten los síntomas. Y diferenciamos tres modelos, dependiendo de las posibilidades que nos podemos encontrar en la población.

    Un primer modelo es para aquellos que, generación tras generación, en su familia aparece un caso de demencia tipo alzhéimer; es decir, una forma degenerativa de demencia. El segundo modelo es para los que ya padecen o alguien de su familia, en generaciones ­anteriores, algún problema de tipo vascular, ya sea cardio o cerebrovascular, como un ictus o una cardiopatía, como una hipertensión arterial, una fibrilación auricular que hace que el flujo sanguíneo cerebral se altere, mueran las neuronas, se destruya el cerebro y puedan desarrollar una demencia de tipo vascular. Y la tercera ­modalidad es para cualquier persona de la población general que quiera vivir con la ­tranquilidad de que no tiene riesgo de padecer demencia. Y ­entonces desea hacer una evaluación profiláctica, preventiva para vivir con esa seguridad. Por lo ­tanto, se ­ofrece a cualquiera que desee ­entrar en un programa preventivo como este.

    ¿Cuáles son los fundamentos científicos y técnicos que justifican la instauración de este plan pionero en el mundo?

    La justificación es muy simple. Cuando se trata de una enfermedad crónica, no solo la demencia, sino prácticamente todas las enfermedades del adulto, pero especialmente la demencia, que por concepto es la muerte ­prematura de las neuronas.

    Y aunque se manifiesta a partir de los 60, 65 años, realmente el cerebro está destruyéndose desde que deja de madurar, alrededor de los 30 años de edad.

    Por lo tanto, pasan tres décadas desde que empiezan a morir las neuronas hasta que aparecen los primeros síntomas, como el deterioro de la memoria, el trastorno de la conducta o el declive ­funcional en la capacidad de las ­personas.

    Desde ese punto de vista, la única manera de interceptar la enfermedad es actuar muchos años antes de que dé síntomas. Porque si actuamos una vez que aparecen, son tantos los miles de millones de neuronas que han muerto ya, que es muy difícil lograr una eficacia terapéutica. Prueba de ello es que en los últimos quince años no se ha desarrollado ningún medicamento nuevo para el tratamiento eficaz de la enfermedad de Alzheimer, y eso es porque ningún fármaco resucita las neuronas muertas.

    El otro argumento científico es que hoy sabemos que en nuestro genoma existen más de 600 genes relacionados con el proceso de muerte neuronal prematura asociado al alzhéimer. De tal manera que estamos en condiciones técnicas de poder identificar esos genes o a las personas portadoras que las convierten en ­susceptibles o en vulnerables de padecer la enfermedad muchos años después.

    Y el tercer argumento científico es que sea por naturaleza degenerativa o vascular, en estos momentos ya disponemos de determinados instrumentos de tipo profiláctico para poder proteger a estas personas una vez que identifiquemos el riesgo de padecer la enfermedad.

    ¿Cómo es el procedimiento logístico y la forma de proceder de quienes se quieren acoger a este plan?

    Dependiendo de los tres modelos que hemos hablado, cualquier persona con antecedentes familiares de demencia, con antecedentes personales o familiares de patología cardio o cerebrovascular o cualquier persona que lo desee, lo que tiene que hacer es contactar con el Centro Internacional de ­Neurociencias y Medicina ­Genómica, solicitar entrar en el programa y desde el centro médico se le dan instrucciones de cómo tiene que proceder.

    Habrá quien necesite acudir a un centro médico, o que desde sus diferentes puntos de origen -puesto que es un plan internacional- se les diseñe un programa específico en cada país para poder implementar el programa sin necesidad de causar trastornos a las ­personas.

    Una vez identificado el riesgo, ¿qué fórmulas de intervención preventiva contempla el plan?

    El plan contempla distintas fórmulas de intervención preventiva personalizadas sobre la base del perfil de cada persona. De tal ­manera que los pacientes que tengan genes responsables de degeneración cerebral, se analizará la forma de evitar la expresión de esos genes y proteger a las neuronas para que no crezca.

    En aquellos que tengan una patología de riesgo cardio o cerebrovascular, se actuará directamente sobre esos factores de riesgo para interceptarlos y normalizar en la medida de lo posible la función cardiovascular o el flujo sanguíneo cerebral mediante intervenciones que pueden ser farmacológicas o no farmacológicas. Habrá personas que necesitarán un cambio en el estilo de vida, o que necesitarán cambios en el modelo de nutrición y otras que necesitarán una intervención farmacológica.

    En aquellos individuos donde haga falta una intervención farmacológica, recurriremos a la personalización del tratamiento mediante la implantación de un programa específico de ­farmacogenética. De tal manera que, sobre la base del perfil genómico de cada persona, se dará el medicamento adecuado.

    Es obvio que no todos respondemos igual a un mismo medicamento. La aspirina a unas personas les es muy eficaz y a otras les causa mucho daño. A alguien con hipertensión le das una pastilla y le normalizas la tensión arterial y a otra persona con la misma pastilla no logras ningún efecto. Por lo tanto, la respuesta a los medicamentos depende en más de un 80 % del perfil genómico de cada uno.

    Y ahí vamos a diferenciar tres tipos de personas: los metabolizadores normales, es decir, los que cuando toman un medicamento su genoma está intacto y metabolizan el fármaco de manera adecuada; por lo tanto, van a responder como pone el prospecto del medicamento. Vas a tener otro tipo de personas que tienen el genoma mutado, son malos metabolizadores. Por lo tanto, toman el medicamento, no lo eliminan, les queda en el organismo y, por lo tanto, les hace daño y requieren un ajuste de dosis o cambio de medicación. Y hay otra categoría, que es que cuando toman un fármaco, lo destruyen ­rápidamente y no les hace nada.

    Lo que vamos a hacer en estos casos es implementar programas personalizados en cada uno de los que se acojan al programa.

    Adicionalmente, por supuesto, confiamos también en que los avances científicos de los próximos años nos permitan lograr algún tipo de intervención profiláctica, sea con una vacuna, con un medicamento neuroprotector que en aquellas personas en riesgo seamos capaces, con estos nuevos modelos, de interferir, de interceptar el proceso de muerte neuronal.

    ¿Cuál es el objetivo final de un plan tan ambicioso y qué repercusión va a tener sobre las personas y los estados que participen?

    Fundamentalmente, el primer objetivo es el bienestar de las personas que están en riesgo de padecer una demencia. Este primer principio de ­bienestar y protección individual tiene una enorme repercusión a nivel de Estado.

    De tal manera que aunque ­solo fuésemos capaces de retrasar en un año la aparición de la ­demencia en las personas en ­riesgo en un país como el nuestro, estaríamos logrando una re­ducción de la ­prevalencia del 30 % en la ­población.

    La prevalencia de la demencia es del 1 % a los 60 años y de más del 35 % en mayores de 80 años. Otro objetivo importante es lograr una reducción de los costes sociosanitarios y farmacéuticos que ello supone. Hoy un paciente con demencia en Europa nos cuesta entre 10.000 y 20.000 euros al año. Y si eso lo multiplicamos, en un país como el nuestro, por el medio millón que la padecen, vemos que las cifras son astronómicas.

    Y obviamente el último objetivo es -por primera vez en la historia de las neurociencias y por primera vez en la historia de la demencia- poner en práctica un plan profiláctico, un plan preventivo en una enfermedad degenerativa que en estos momentos representa el tercer problema de salud mundial en los países desarrollados.

    10 dic 2019 / 00:00
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