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Directriz y necesidad

    ASÍ como los americanos recuerdan El Álamo, nosotros no tenemos más remedio que recordar la comarcalización cuando alguien viene con una idea para ordenar el territorio. Comarcalización: dícese del intento de racionalizar el puzzle galaico, bajo la autoridad política de Fraga y la sabiduría académica de Andrés Precedo, que sucumbió ante el boicot de unos barones locales y la supina indiferencia de otros.

    Aquella coqueta estructura comarcal jamás se derogó de una manera oficial, sino que fue fulminada por la oposición sorda de quienes se movían a sus anchas en la anarquía territorial. Una amplia conjura fue dejando en papel mojado aquellos mapas maravillosos, en los que Galicia aparecía como algo estructurado. Ni siquiera resultó suficiente el amparo de don Manuel, que quizá llegó a decir ¡viva la comarca! con la misma fuerza que ahora entona el ¡viva España!

    El episodio comarcal es fiel reflejo de esa estructura piramidal del poder galaico que tiene su base asentada en lo local. El vértice puede decir misa, que si no cuenta con la aquiescencia del lobby, el resultado de cualquier directriz será finalmente frustrante. ¿Es esto una forma de augurarle un negro futuro a las normas territoriales de Agustín Hernández? Pues no, porque el conselleiro más activo del equipo Feijóo tiene a su favor un factor que ni Fraga ni Precedo tenían.

    No es que los grupos de presión locales hayan sido domesticados. No es que todos los alcaldes hayan quedado extasiados con ese mapa en el que se ve una Galicia tan ordenada como Baviera. No es que de repente el país abandonara su natural tendencia al ácrata espallamento territorial. Todas esas circunstancias persisten, pero hay una nueva, determinante, tenaz y definitiva.

    Es la crisis. La crisis altera la forma de hacer política en casi todos los sectores, incluyendo lo referente a la ordenación territorial. Acabamos de ver aquí mismo su influencia en materia financiera porque ver juntos a Méndez y Gayoso hubiese sido ilusorio sin la resolución del presidente, y sin una crisis que castiga los minifundios. Sin crisis, en fin, el matrimonio del siglo de las dos cajas no se habría producido, y ambos líderes seguirían siendo cabeza de ratón durante mucho tiempo.

    Pues ocurre otro tanto con las directrices de Agustín Hernández. Presentadas antes de las tormentas financieras que nos acucian, hubieran justificado un comentario digamos que piadoso, en el que se encomiaría el pundonor del conselleiro con palabras propias de un epitafio político. Quedaría como alguien tan sumamente valeroso como incauto.

    Tal como están las cosas, vemos en él al surfista con ola a su favor. Más que una directriz, lo que presenta es una necesidad. No hay otro mapa posible para un territorio pequeño como el nuestro, obligado a administrar recursos escasos. Por eso la historia de la comarca no se repetirá.

    01 jul 2010 / 22:39
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