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“El dolor no tiene por qué convertirse en un trastorno”

La psicóloga Elsa Gundín cuenta como sobreviven a la crisis sanitaria las personas que continúan trabajando, y por otra parte los que están confinados // La gente debe adaptarse a los cambios cuidándose física y mentalmente

Quienes están en primera línea de contagio son quienes están más expuestos a sufrir las consecuencias del estrés elevado y el desgaste emocional creado por la pandemia.

Los ritmos de trabajo y horarios extenuantes, la incertidumbre, el riesgo de contagio, tener que tomar decisiones de vida o muerte, presenciar escenas de gran sufrimiento, o el prestar apoyo a enfermos y sus familiares son consideradas altas fuentes de ansiedad.

“Pueden tener cambios de humor más frecuentes, una mezcla de tristeza, impotencia, rabia, miedo, apatía o culpa. Mayor irritabilidad y confusión. Dificultad para concentrarse y tomar decisiones. Pesadillas, flashbacks o pensamientos negativos. Puede que también aparezcan las somatizaciones: dolores musculares, a nivel digestivo, etc”, declara la psicóloga Elsa Gundín Agrelo.

Para la profesional es normal que el día a día se vea alterado por la situación. “Son seres humanos, no son héroes, ni tienen súper poderes. Todos tenemos límites que se alcanzan antes porque los recursos materiales y humanos no son suficientes y porque se activa nuestro sistema de amenaza, de supervivencia. Lo cual es útil en niveles bajos porque les permite continuar haciendo su trabajo y seguir adelante”, explica en lo referido a aquellos que deben seguir trabajando.

Muchos van corriendo de un lado a otro “en piloto automático” , pero esto sólo funciona por un tiempo. Además, “el hacer como si nada ocurriese o el no creerse la realidad, estar hiperactivados y desconectados emocionalmente” termina sobrepasando la situación.

La experta considera que es importante parar y “tomar conciencia de nuestras emociones para minimizar las consecuencias de ese estrés mantenido en el tiempo, y a posteriori afrontarlo y cuidar nuestro bienestar emocional y físico”.

Las personas tenemos más recursos para hacer frente a las dificultades y adaptarnos de lo que nos parece. Pero esto no significa que la crisis sanitaria no nos afecte, porque estamos ante “una situación potencialmente traumática”. Aunque por otra parte, “no necesariamente nuestro dolor se tiene por qué convertir en un trastorno o necesitar intervención psicológica generalizada”, explica Elsa.

Para conseguir el equilibrio emocional se debe “prestar atención a lo que se siente, aceptar sus emociones y dejarlas salir, sin negarlas o silenciarlas. Desahogarse con compañeros de trabajo, con amigos y/o familia. Identificar los recursos que ayudaron en el pasado ante situaciones difíciles y ser compasivos consigo mismos y menos críticos”.

Muchos no son conscientes de lo importante que es tomar descansos durante la jornada laboral y también en casa, haciendo cosas que ayuden a desconectar como “respiraciones de calma, música, leer, ejercicio… Lo que sea que resulte útil y durante el tiempo que se pueda”, menciona.

Estamos ante un problema que desconocemos cuando llegará su final. Esto nos conmueve. “No estamos preparados para la incertidumbre. Aumenta la sensación de que no tenemos el control, de que “no hay nada que podamos hacer”. Y por tanto, de nuestro estado de amenaza”, menciona. Además, no podemos hacer como que no pasa nada, porque sí que pasa. “Ser conscientes ayuda a protegerse, a cuidar y a cuidarse. Hablar de ello ayudará a liberar nuestros miedos, a normalizarlos, y por tanto a que nos sintamos mejor”, afirma.

La vida tal y como conocíamos, de pronto, se paraliza. Nos vemos obligados a tener que adaptarnos a muchos cambios, y eso genera en nosotros “una auténtica montaña rusa emocional”, sumado a la incertidumbre de no saber cuánto durará ni qué pasará. Hay personas que son más vulnerables que otras al sufrimiento porque no tienen tantos recursos para hacerle frente a estos cambios y reajustarse emocionalmente. “No lo vivirá igual quien tiene su trabajo en el aire que quien siente garantizada su posición económica, o la persona que esté en un contexto de violencia, quien tiene hijos con alguna necesidad especial, quien haya enfermado… Pero por supuesto también hay muchas personas que viven esta situación como un paréntesis en su vida, del estrés y las rutinas”.

En cualquier caso una persona se debe cuidar física y mentalmente. “Debemos entender y aceptar esta etapa que nos ha tocado vivir dejando salir nuestras emociones y compartirlas con las personas que queremos. A nivel de entretenimiento, lo que cada uno necesite y lo que mejor le siente”, señala.

En un principio, la gente se obsesióno un poco con tener que hacer algo representativo durante la cuarentena. Las redes sociales se llenaron de miles de actividades que hacer, guías, sugerencias e ideas sobre cómo “aprovechar este tiempo para uno mismo”. En definitiva, “se creó una especie de presión social por hacer algo productivo”. Con el paso de las semanas la gente se fue adaptando. “Ahora habrá quien siga realizando mil cosas, quien no sepa qué hacer con el aburrimiento y quien se lo tome con más calma”.

La psicóloga aprecia que “estamos viviendo algo histórico que nos dejará huella, ya sea por el impacto económico, el emocional o social”.

Además de lo comentado anteriormente, “es probable que algunas personas se sientan más ansiosas, tristes, tengan insomnio o incluso estén más pendientes de su salud, así como de que aumente la violencia familiar y o mismo el consumo de sustancias”, destaca.

Ante la incertidumbre, Elsa cree que es importante dejar que pase algo de tiempo “para ver cómo respondemos cada uno de nosotros; sacar nuestros propios recursos”. Mientras tanto, conforme el perfil de cada persona, se debe estar pendientes de su salud mental, y “si es necesario, intervenir”, dice.

De esta manera no se atreve a dar consejos para volver a afrontar, deforma correcta, la vuelta a la normalidad. “Es una situación inédita que no se puede comparar, no sabemos con certeza qué pasará ni cómo iremos afrontando cada uno la vuelta a la normalidad, ni cómo será la normalidad”, insiste.

Elsa insiste en que se está creando la idea de que hay una necesidad generalizada de atención psicológica; “pero la realidad no es esa”. En cualquier caso, hay y habrá profesionales que la necesiten, así como personas que no estén en primera línea de contagio. “Lo importante es no confundir las emociones y procesos “normales” de estos momentos, el malestar o el dolor, con trastornos y necesidad”, ultima.

Formación y experiencia

Elsa Gundín Agrelo es licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela, colegiada G - 4856. Cursó el Máster Sanitario de Práctica Clínica y Salud Mental. Terapia familiar sistémica (avanzada).

Es psicóloga con habilitación sanitaria. Dispone de ocho años de experiencia atendiendo a niños, adolescentes y adultos.

Tras varios años en su anterior proyecto, ‘La Realidad Inventada. Centro de Psicología’ se decidió a dar un paso más co-fundando el proyecto Sinergia: un centro especializado en atención sanitaria, social y educativa. En Sinergia compagina su labor terapéutica con la de docente y divulgadora.

25 abr 2020 / 21:05
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