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EDITORIAL

Dolores Delgado y la semilla de la duda

    LO DEL GOBIERNO con "varias voces" lo daba por descontado hasta el más lego en los laberínticos arcanos de la política española. Lo de que ese mismo Gobierno se hará escuchar con "una sola palabra" no se lo cree ni el que asó la manteca, con perdón. La primera muestra de lo que nos espera la tenemos delante ya, incluso antes del Consejo de Ministros extraordinario que inaugura hoy el experimento, incierto, del Ejecutivo de coalición. Pedro Sánchez abre un melón delicadísimo al proponer que Dolores Delgado, controvertida exministra de Justicia, sea la nueva fiscala general del Estado, un puesto que es la clave de bóveda en el conflicto con Cataluña. Lo que hace el presidente es activar una puerta giratoria que incomoda, cuando menos, a sus socios de Unidas Podemos -Pablo Iglesias exigió que la entonces ministra se alejase de la vida política, en septiembre de 2018, por su amistad con "un tipejo" como el excomisario Villarejo-, que desata un torrente de críticas desde el PP, Vox y Ciudadanos, y que pone en pie de guerra a la conservadora y mayoritaria Asociación de Fiscales. Cabe preguntarse qué necesidad tiene el gobernante socialista de sembrar dudas sobre su respeto a la división de poderes, pilar imprescindible del sistema democrático. Cabe preguntarse por qué recibe a sus socios podemistas en el Consejo de Ministros con la primera en la frente, con este primer trágala. Que pueda hacer el nombramiento de la señora Delgado, que obviamente puede, no significa que sea la mejor decisión, porque quizás apacigüe al secesionismo catalán, pero alimenta otros incendios. Por algo será que solo exista un precedente de un ministro que haya saltado directamente a la Fiscalía General: Javier Moscoso, en 1986, con Felipe González. Es cierto que Dolores Delgado tendrá autonomía de acción y que no le deberá obediencia al Gobierno, aunque una cosa es la teoría y otra, la práctica. Lo es, también, que la autonomía de los fiscales está blindada y que podrán discrepar de su jefa cuando lo consideren oportuno. Pero Sánchez ha sembrado la tóxica semilla de la duda y ha abierto una rendija por la que se colará la oposición, ya veremos si a lomos del griterío o con el sentido institucional que necesitan los retos a los que se enfrenta España. Por de pronto, el mensaje que le llega a la ciudadanía es el de que el presidente construye un puente para politizar la Justicia. Sería un error, un inmenso error.

    14 ene 2020 / 00:00
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