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A SON DE MAR

Elecciones con todo el foco para Feijóo

    COMO YA OCURRIERA en las tres ocasiones precedentes, el presidente gallego acaba de fijar el adelanto electoral de las autonómicas para hacerlas coincidir con las que celebrará el País Vasco en concurrencia que no tiene nada de seguidismo, como le achacan, y sí mucho de legítimo oportunismo, respondiendo en ambos casos y como era lógico pensar a las estrictas conveniencias partidistas del PP en Galicia y del PNV en Euskadi. Todo lo demás son milongas. En todo caso, esta es la única analogía que cabe aplicar sobre las razones de ambas convocatorias. A partir de ahí surgen las especificidades de cada territorio, tan contrapuestas.

    Aquí, que es lo que importa, y a efectos de evitar el lógico desgaste que acarrean tres mayorías absolutas, la elección de la fecha se antoja la más propicia por razones de pura praxis partidista, propagandística y hasta personal. No se olvide que ahora mismo la perspectiva electoral se mueve en el baile de un solo escaño capaz de decidir no la victoria electoral, que nadie le discute a Feijóo, pero sí la posibilidad de formar Gobierno.

    Razones de estrategia partidista frente a Vox y a Ciudadanos apenas irrelevantes en Galicia y a los que se pilla con el pie cambiado de no disponer ni de candidato ni mucho menos de una estructura cerrada y bien engrasada. Algo que, la falta de candidato, también es aplicable a las distintas Mareas y mareos de una izquierda que, a caballo entre la radicalidad ideológica y el nacionalismo militante, hace tiempo que abandonó este porque el cargo es el cargo. Ahora van a tener difícil explicar su comportamiento en los fracasados Presupuestos que Sánchez quiso aprobar hace apenas un año y que tan dañinos resultaban para esta comunidad. Con un PSOE absolutamente colgado de la brocha sanchista y un candidato al que persigue su particular karma de un "Feijóo desgastado" y "los aires nuevos", sólo el BNG, como acostumbra, parte con la ventaja de una formación estructurada y bien articulada a lo largo del territorio, con una candidata conocida y respetada y, si acaso, con el no erradicado hándicap de su seguidismo mimético de los independentismos vasco y catalán que tan a la baja cotizan en Galicia.

    Hay, asimismo, en la decisión de Feijóo, otras razones más de índole propagandística que podrían dar al traste con su candidatura. Se trata de las esperables soluciones, por provisionales que sean, que tanto para la AP-9 como para las empresas electro-intensivas no tiene más remedio que contemplar en sus presupuestos el Gobierno central, fruto de una indignación cada vez más colectiva en lo que hace a la autopista, o a la enmienda de errores propios, caso de las intensivas.

    Hay, por fin, razones más de índole personal que mueven al candidato a situar las elecciones gallegas fuera del desconcierto que se producirá en la no tan lejana convocatoria catalana y justo cuando en el País Vasco la presencia de su partido es solo testimonial, lo que deja para sí todo el foco de la derecha. Y esa circunstancia, con un Partido Popular tan falto de cocinarse en el lento fuego de la moderación y la apertura al centro que Feijóo defiende, tiene su relevancia personal. También en esta clave cabría situar la realidad de muchos votantes indecisos que a buen seguro se moverán por la conveniencia del mal menor, que es a donde la peor clase política gallega y española de la historia han llevado a su profesión, pero que suman en las urnas.

    jsalgado@telefonica.net

    15 feb 2020 / 00:00
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