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{ tribuna }

¿Estado plurinacional?

    NUNCA como ahora se había hablado con tanta claridad en España de independencia, derecho a decidir o autodeterminación, y nunca como ahora, han aflorado con tanta fuerza sentimientos de incomprensión o irritación y en definitiva de confrontación.
    La existencia de naciones y nacionalismos en un mismo Estado plantea problemas que de no resolverse a tiempo siempre generan conflictos. Así en España, se necesita solucionar de manera satisfactoria, el encaje de algunos hechos nacionales diferentes, léase Cataluña y País Vasco, ya que Galicia no se encuentra en esa tesitura, en el Estado de las Autonomías.
    Reconocer la existencia de diversas naciones no supone que se tenga que ser nacionalista, pero eso no debe impedir constatar una situación que hunde sus raíces en nuestra historia. Las naciones están ahí y seguirán presentes en el nuevo contexto globalizado. Y aunque es cierto que vivimos en sociedades cada vez más complejas y multiculturales, no es menos cierto que existe en determinados grupos de población, un fuerte sentimiento de pertenecer, identificarse, o reconocerse distintos, por compartir una lengua común, una historia propia y en ocasiones una geografía.
    La crisis que se vive en Cataluña parte en buena medida del proceso constituyente español, donde los prejuicios doctrinales, de izquierda y derecha, llevaron a la generalización de las preautonomías primero, y de las autonomías después, creándose un modelo autonómico uniforme y general de “café para todos”. En consecuencia, el sistema autonómico, útil para muchas cosas, no sirvió para encauzar, plena y definitivamente, los hechos diferenciales. Esta situación se agravó con el abandono por parte del Estado de las competencias en materia de educación e historia, cedidas a las autonomías sin demasiada supervisión.
    Al gobierno actual le corresponde lidiar con errores pasados y gestionar el nuevo y confuso escenario que se presenta ahora en Cataluña, pero que puede extenderse a otros territorios históricos. Los esfuerzos debieran encaminarse a argumentar que el respeto a las reglas de juego constitucionales ha de ser uno de nuestros mejores activos si queremos ser un Estado serio. Es necesario explicar que el mantenimiento de la identidad propia no debe pasar por la vía ilegal y suicida de la secesión. El Estado, asimismo, debe ser más consciente de las sensibilidades que lo integran, defendiendo el reconocimiento simbólico de su diversidad y de sus valores multiculturales y multilingües.
    El mal llamado “debate territorial” es el único de nuestros grandes retos históricos que aún permanece abierto. Debe ser abordado desde la óptica de un nuevo pacto político, que aborde la cuestión con claridad, normalidad y sin buscar atajos. En caso contrario, la desafección aumentará aún más, y las consecuencias serán imprevisibles, ya que algunos querrán pescar en río revuelo y socavar las propias bases del Estado de derecho.
    Unos ven la Constitución de 1978 como estación término y otros como punto de partida. Unos siguen añorando un Estado-nación que ya no existe y otros consideran que se ha detenido la evolución del Estado Autonómico, y lo paradójico es que la mayor parte de los ciudadanos estamos esperando en el andén a que los políticos encuentre soluciones que no nos obliguen a decidir a nosotros.
    joseaconstenla@infoscod.es
    Escritor, Premio Nadal
    e Nacional de Literatura

    03 ago 2017 / 00:00
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